¡¡¡HOLA, PUTAS!!! La reapertura de mi habitación está muy próxima. Espero que las zorritas estéis muy atentas, porque se avecinan cosas muy interesantes en la tercera temporada...
Mostrando entradas con la etiqueta firmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta firmas. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de octubre de 2011

Capítulo 11: Trauma en Grecia

Muy buenas noches a todos, mis queridísimos súbditos. Vuestra princesa, "es más joven que una reina y tiene prácticamente la misma influencia sobre sus analfabetos vasallos", nuevamente ha vuelto a desaparecer de manera repentina; ya sé que la última vez dije que no volvería a ocurrir, pero como aquel entonces, ha sido por una fuerza mucho más que mayor:

Después de tan maravilloso baile todo parecía ir ascendiendo en mi vida; estaba tan entusiasmada sintiéndome como si estuviese completamente rellena de helio, que llamé a Esther para contarle todo lujo de detalles y nos pasamos horas al teléfono chismorreando y evaluando el grado de buen gusto que tenía la gente de la fiesta. Algunos parecían sobras de comida envueltas en papel de seda.

“Por favor, antes de salir de casa mírate al espejo. Si comienzas a sentir un leve mareo que te provoca nauseas… No te preocupes, que no estas embarazada, ni has contraído ninguna enfermedad venérea, ni has comido nada en mal estado. Simplemente la combinación de telas y colores de tu ropa son la causa. Así que QUÍTATE LO QUE LLEVES. Ninguno de los demás miembros de la raza humana tenemos la culpa de que la idea que tengas de un buen atuendo sea comparable a una camiseta de propaganda de helados con unos pantalones hechos con la tela de un saco de patatas y unas sandalias con los calcetines puestos”

(No hay mejor ejemplo que esta foto, que saqué en un recital de una tal Lily, al que fui por puro compromiso con un tipo que resultó ser el hijo mayor de uno de los socios de mi padre; por lo que no pude rehusar la invitación "Esto ocurrió antes de conocer a Lázaro. Todo hay que dejarlo bien claro, para no dar lugar a malentendidos en cuanto a infidelidades. Que sois muy mal pensados para esas cosas". Al ver la celulitis que tenía esta mindundis y el vestido [si es que a eso se le podía llamar vestido porque, por más que lo intentaba, yo solo veía un trozo de tela que hacia un burdo intento de tapar esas carnes dañinas para toda dama con clase; dejando entrever parte de lo que Neruda llamó "oscura mariposa de sombra dormida en el vientre" pero que los proletarios llaman con un nombre menos poético pero mucho más castizo] Como veis el vestido de la sin clase, es tan horrible que yo lo llamo: el modelito ONCE. Ya que es para sordomudos "porque, queridas, si llevais esta atrocidad, todos podrán leeros los labios"; para ciegas, "porque por motivos obvios solo ellas se lo pondrían", y para sordas. "Es un último grito, tan fuertemente desaforado que el perro lazarillo de la última compradora de este diseño todavía está mordiendo el bajo muslo de la dependienta que se lo vendió)



"¿Es o no es para suicidarse tras ver semejante imagen? Ni el porno es tan insultante al lado de esto"

Unos días después del baile, todo parecía ir estupendamente con Lázaro… pero ciertamente había algo de tensión en el ambiente por mi parte, y no me refiero a la sexual (que también) sino más bien a mi falta de experiencia en esto de las relaciones serias. Hay que tener en cuenta que este chico es el primero que parece estar lo suficientemente chalado como para estar con una persona tan desequilibrada como yo. Una de tres: o bien está igual de desequilibrado que yo, o es un pervertido que encuentra morboso salir con alguien así… o… porque… ¿me quiere? “jajajaja nah! Qué estupidez…” El caso es que me dijo de hacer un pequeño viaje juntos que incluyese una travesía en barco, ya que él nunca había hecho ninguna. Me costó un poco darle una respuesta… Pero pensé “¡¿Qué demonios?, yo me apunto a todo lo que sea salir de aquí!” Y planeé hacer una ruta por las diferentes islas de Grecia.

Me puse en marcha nada más sugerir la idea sin tener en consideración la respuesta de Lázaro. Más que nada porque no le di tiempo suficiente para que elaborase una respuesta. Fue algo como… “¡GRECIA! Es un sitio genial ¿Verdad? ¿A que sí? Pues perfecto entonces.” Al dar la hora ya estaba en la agencia de viajes pidiendo folletos y demás para informarme de las diferentes rutas turísticas, gastronomía propia del país… Pero no había caído que para recorrernos todas las islas que pertenecen al país cuya gente estaba lo suficientemente muerta de asco como para delirar hasta el punto de crear una mitología la mar de preocupante. Creo que el rango de edad en el que una se suele rodear de ingentes cantidades de amiguitos invisibles, dando la impresión de padecer un fuerte caso de esquizofrenia, se prolonga toda la vida si eres griego, tendríamos que dedicarle más de la semana que teníamos prevista; así que finalmente decidí que nos centraríamos en las islas cicladas.



A los dos días de que él sugiriese el viaje ya lo tenia todo listo para poder cumplirlo. Se quedó perplejo ante la gran agilidad y rapidez con la que arreglé todo lo necesario para partir. “Como yo siempre digo: el interés es lo que mueve al ser humano. Y en especial a mí”

El viaje en si ha sido fantástico, él y yo a solas: fotos, recuerdos, comida, mar… en fin, todo lo que una va buscando cuando va a esos sitios isleños. Pero ese no es el caso. He nombrado mi escapada a Grecia por un hecho en concreto que ocurrió durante mi estancia allí y que ha sido la causa de este parón tremendo en cuanto a mis experiencias vitales en el blog.

Resulta que, yendo por una calle adoquinada flanqueada por casuchas adinteladas de planta cuadrada, revestidas con cal, dándoles una pigmentación blanquecina muy característica de un pueblecito perdido de una de las islas, cogida de la mano de Lázaro, mientras buscaba algo que me recordase, aunque sólo fuese lejanamente, al mundo tecnológicamente desarrollado del que provenía, mientras me dejaba embriagar por el aroma marino y por el molesto hedor del pescado que traían los pescadores para servirlo fresco en los pequeños restaurantes de la zona, cuando de pronto, ayudando a uno de esos trabajadores de baja categoría, se encontraba una mujer de avanzada edad y con más volumen corporal del que sus piernas podían soportar. De ahí que se tambaleara ligeramente mientras cargaba una pesada caja de cabezas de pescado; “Supongo que serían para desechar. Que asco, por favor. Ese olor no se le irá nunca.”

El hecho de que nombre a esa señora obesa no tiene nada de casual, pues me parece fantástico que aún haya gente con esos arranques altruistas, aunque yo los considere improductivos y una completa perdida de tiempo. El problema vino cuando, por una razón que no logro aún comprender, me paré a observarla más detenidamente. Para mi sorpresa vestía un modelo de Dior, de hace tres años, eso sí, ¡PERO DIOR! Un vestido tan maravilloso como ese no merecía ser el delantal de una pueblerina desaliñada, ayudante de pescadores. Mi cuerpo se detuvo en seco, y os juro que mientras la miraba no pude evitar llorar.



- ¿Pero qué es lo que pasa?- Preguntó Lázaro al notar como apretaba con fuerza su mano, y al verme completamente paralizada y la cara desencajada bañada por un descontrolado torrente de lagrimas. “Y eso que trataba de contenerme”

- ¡Mira! Eso es una ofensa a lo delicado de mi naturaleza- Dije señalando a la desconsiderada zorrona que se atrevía a maltratar a un clásico de la moda, mientras mi dedo se movía sin control debido al temblor que me producía semejante visión indeseable para alguien nacido en alta cuna y envuelta en el precioso mundo de la moda y las apariencias- ¡Esto es inadmisible!- Dije muy alterada. “Os juro que si él no me estuviese agarrando la mano en ese momento, me habría abalanzado sobre esa bola de carnes fofas. Pero ante todo soy una dama; y las damas jamás debemos rebajarnos a niveles tan bajunos”

- Pero, Heather, ¿tú te estás oyendo?- Decía con un asombro reflejado en la cara mayor del que él podía esperar.

- ¡Quiero irme de aquí!- Ya estaba completamente fuera de mí, hasta el punto de ser absolutamente incapaz de ver nada de lo que me rodeaba. Un mareo implacable se apoderó de mí, por lo que tuve que echar todo mi peso sobre Lázaro y dejarme guiar por él, mientras comenzaba a hiperventilar.

A medida que nos alejábamos del escenario en el que había sido representado uno de mis peores momentos en la vida, que superaba incluso a una pesadilla que tuve en la que Manolo Blahnick me atendía en la carnicería, mientras él llevaba puestos un de zapatos de tacón de su propia creación, hechos con piel de leopardo, que estaban siendo estropeados por el goteo del liquido que soltaba el cadáver vacuno. “Ese sueño me marcó para los restos, aunque parezca una tontería. Una chica como yo no esta preparada para soportar esas cosas tan desagradables". Es por eso que me puse así con la señora gorda y el vestido. Vosotros pensad que para mí, ver eso, es como si un coulrofóbico ve un payaso. Produciendome exactamente lo mismo. Yo lo llamaría…agreshionfobia: agresión + fashion + fobia (miedo a la agresión hacia la moda: agreshionfobia) Ains… Pero que ingeniosa que soy, coño.”

Bueno, pero bromas aparte; he ahí la razón por la cual he estado ausente durante cinco meses: gracias a Miss Grasa Grecia 2011, contenida dentro de un pobre y desfasado Dior… He acabado en tratamiento psiquiátrico, con medicación incluida, para poder superar este tremendo bache emocional-psicológico. Y después de casi cinco insufribles meses, os puedo asegurar que no he salido de esta espiral traumática indeseable para cualquier persona. Con lo cual quedan excluidos: los pobres, hippies, pluriempleados y todos aquellos cuyos pensamientos tiendan al molesto altruismo. Aún sigo soñando con regimientos de obesas mórbidas que son acróbatas y bailarinas con vestidos de noche de diferentes diseñadores de renombre, de tallas muchísimo más pequeñas de las que son capaces de llevar. Por lo que reventaban las costuras sin parar, resonando por todas partes las rasgaduras. Aún tengo el sonido desagradabilísimo metido en la cabeza, y no me lo puedo sacar “RAAAAGSH!!!, RAAAAGSH!!!, RAAAAGSH!!! ¡NOOOOO. HACED QUE PARE, HACED QUE PAAREEEE! ¡AAAAAH!



Recuerdo también que cuando ya estábamos unos metros alejados de donde había ocurrido la desgracia, me volví como pude hacia atrás. Y alzando la mano con el puño cerrado, grité como una posesa con la poca energía que me quedaba, pues el mareo la mermaba cada vez más:

¡Túúúú, vieja apencá de un culo más grande que tu propio país. No cometas ese tipo de crímenes contra la moda. Primero preocúpate por adelgazar antes de pensar si quiera en introducirte en uno de esos vestidos. Que pareces una morcilla embutida. Luego hazte un recogido de piel; que si ahora tienes las tetas que parecen orejas de cocker con pezones, no te quiero ni contar como las tendrás una vez adelgaces. Podrán ser utilizadas para hacer la cola de dos trajes de novia¡

Si no llega a ser porque Lázaro me estaba agarrando, ya habría estado estrangulándola. Se que una dama no debe perder los estribos de esa manera, pero es que me invadió una cólera inmensa que sacó a la Heather gentuza que trato de ocultar al resto de la sociedad.

Pero ya estoy más recuperada. Ahora solo debo seguir unos días más el tratamiento con pastillas y acabar el mes de sesiones que aún me quedan por recibir. Seguiré yendo los martes y los jueves, y en noviembre volveré a ser libre, y tendré nuevamente la cordura suficiente como para decir que soy perfectamente poseedora de mis facultades para volver a ir por la vida criticando al mundo como a mí me apetezca. Eso sí, siempre con fundamento.

La moraleja de hoy es: “El gusto de una persona se mide por el grado de mareo que te de al mirarte al espejo”

sábado, 9 de octubre de 2010

Capítulo 5: Un encuentro inesperado

He descubierto que he llegado al límite en cuanto a víveres en casa. La nevera estaba completamente vacía y la despensa solo contenía un paquete de pan de molde mohoso y un triste bote de leche condensada cortada. “Vaya… la vagueza me ha hecho no darme cuenta de que la comida se agotaba. Tendré que ir al súper a hacer la compra. Que diversión…”

Salí desganada de casa, rumbo a la parada de bus; sé que soy tonta por no ir en la limusina. A veces pienso que se malgasta el dinero, con el mantenimiento tanto del chofer como del coche. Puesto que mi padre se pasa media vida fuera del país y yo casi ni la uso. Pero… es que, a pesar de ser como soy, me gusta tomarme mi tiempo a solas; ya sea paseando o en bus como pretendía hoy. Ya se sabe que en medio de una multitud es donde más sola se siente una. Así puedo pensar. Y eso, a su vez, me ayuda a no sentirme tan vacía.

Arrastraba los pies por la calzada, mientras cada vez me encontraba más retraída en mis propios pensamientos; la ciudad cada vez me parece más frívola. “¿Sería yo un prototipo más de esta comuna conformada por una sucesión de clones adinerados?”. Con esta pregunta dándome vueltas a la cabeza incesantemente, como perro intenta morder su cola, giré lentamente la esquina. Dándome la sensación de que mi sombra era una mancha de petróleo que se movía con retraso, con respecto al cuerpo que la proyectaba.

Mis ojos divisaban, por fin, la parada de autobús. “Por favor, tendré que ir en un vehículo tan viejo y usado, con una aglomeración de gentuza a mi alrededor hediendo a sudor fuertemente y sin poder evitar olerlo. Pues la masa compacta de personas me empujaría hasta que mi nariz y boca quedasen completamente adheridas a la axila de la persona contigua a mí; o gente tosiendo, catapultando millones y millones de sus diminutos gérmenes por el interior de la mole en forma de gusano metálico, viciando el aire de tan reducido espacio, con las ventanas cerradas, mientras el llanto de los niños me taladra el cráneo hasta llegar a mi cerebro, produciéndome una matanza excesiva de mis tan delicadas neuronas. Teniéndome, además, que sentar en uno de esos asientos de plástico, sin saber que clase de culos han reposado anteriormente en ellos. Quizás hasta con incontinencia gaseosa. O en el caso de tener que ir de pie, tendré que agarrar uno de los ganchitos estos que ayudan a no desequilibrarte con el movimiento. A saber donde han estado a priori esas manos que antes lo han tomado. Me imagino a un hombre que tenga el desagradable acto de rascarse los testículos continuamente o, peor aún, masturbarse sin que le siga la saludable acción de lavarse la o las manos a posteriori”.



La avalancha de atrocidades que me vino a la cabeza con relación a donde en breves momentos me subiría, me paralizó paulatinamente, aminorando el paso. E, inconscientemente, me llevé la mano a la boca como un rápido acto-reflejo. Pues un repentino ataque de nauseas me sobrevino de repente.

Finalmente mis pies quedaron totalmente inmóviles, a pocos metros de la parada. Y me retiré dos pasos hacia atrás. Con la mano aún en la boca y la frente perlada de sudor frío; mientras mi mente era atacada continuamente por desagradabilísimos flashes de lo que yo pensaba que podía encontrarme allí dentro. “¡Oh…¿Por qué tendré que ser tan a lo “yo”? No podía coger la cómoda, reluciente, aromatizada a pino montés y libre de gérmenes limusina…Heather, tenías que aferrarte a la idea de coger el bus con todo este rebaño de plebeyos, por la necesidad de estar un rato a solas con tus absurdos pensamientos. La gente bien como tú no necesita pensar. Lo tiene todo. Incluso podrías pagar a alguien para que pensase por ti”. Pensando esto, aquella pregunta que me había formulado antes de llegar a la parada, quedo completamente respondida “Me es indiferente ser un prototipo clonado más de la sociedad de las altas esferas. Yo no me subo a esa cosa. Soy demasiado bonita y ya me están empezando a salir granos por estar cerca de gente tan fea…”

Cuando regresé al mundo físico, fuera de mi mente, me di cuenta de que había bastante gente con rostros que reflejaban un desconcierto absoluto, con sus respectivas miradas clavadas en mi excelente persona.

- Pobre chica… ¿Qué le pasará? Que mala cara tiene…- murmuraban.

Cuando me había girado, dispuesta a regresar a casa, en busca del confort que ofrecía mi bien pagada limusina, una moto se abalanzó rápidamente, viniendo en sentido contrario al que yo me dirigía. Asustada grité y me tiré al suelo, desviándome de la trayectoria que la bestia metálica seguía. La masa de transeúntes, asombrada en todo su conjunto, acudió en mi auxilio.

- ¿Está bien, señorita?- me preguntaba con tono preocupado un señor bastante mayor.

La gente rodeándome me producía una sensación de agobio algo pesada. Pero he de reconocer que me encantó ser el centro de atención de tantos.

- Sí…gracias…creo que sí- dije mientras me levantaba con un impulso de mis piernas. Los tacones de los Manolos no me ayudaban demasiado precisamente…- mi bolso… ¿Dónde está?- Aún estaba algo aturdida.

El bolso de Chanel nuevecito, se hallaba sucio y mojado en un pequeño charco, contiguo a la acera donde me encontraba yo, que parecía salir de una alcantarilla que había justo debajo. Además todo su contenido estaba desperdigado por doquier.



- ¡Oh, no… mi Chanel. Lo había conseguido a mitad de precio, sobornando a la dependienta con un surtido de la nueva lencería de la colección de otoño de papá…- me lamentaba mientras lo cogía goteante de tan húmedo asfalto y recogía mis pertenencias con ayuda de los desconocidos transeúntes que se ofrecían a reunirlas. Supongo que la desesperación de una chica guapa al bordillo de la acera es irresistible. Y sí. Ya sé que sobornar no es jugar limpio. Pero tampoco lo es que me hayan reducido el limite de las tarjetas de crédito… es más bien un caso de necesidad. Más que una mala acción.

El motorista homicida, que casi casa mi muerte de manera prematura, con lo necesaria que resulto yo al mundo, no se había marchado furtivamente para evitar las consecuencias. Había tenido el descaro de permanecer en el lugar del “casi crimen” sin el menor reparo.



Tras recoger mis cosas y dar hipócritamente las gracias a esos desconocidos pobretones, me acerqué decidida a ese maniaco. Que aun se hallaba sobre la moto. Ahí estaba: la figura esbelta, impasible, corpulenta, de espalda ancha. Vistiendo un par de conberse all star, vaqueros negros de Tommy Hilfiger, blusa de Lacoste y una cazadora de cuero, también negra. “Para ser un salvaje, he de reconocer que gusto sí que tiene, el mandril este”.

- ¡TU!, ¡¿ESTAS LOCO?!, ¡¿CÓMO SE TE OCURRE TRATAR ASÍ A UNA DAMA?!

La figura no dijo nada durante unos segundos; luego resonó una voz retenida por la envoltura que ofrecía el casco.

- ¿Una dama?, ¿dónde?- miró a todos lados y de nuevo posó su mirada en mí. A pesar de tener el casco aun puesto, que lo mantenía en el anonimato- no la veo por ninguna parte. ¿Y tú?- rió.

- ¡Pero, como te atreves! Primate superdotado…- mascullé de mal humor. Ya había tenido suficiente con que hubiese intentado atropellarme, como para que luego, encima, se las diese de machito insolente.- hay que tener una mínima pizca de educación cuando se habla con una persona. Uno debe descubrirse y darse a conocer, ¿sabes?

- Perdone miss elegancia…- dijo con un deje irónico.

- Y otra cosa- le interrumpí ya furiosa- no tienes la suficiente confianza como para darte esas libertades conmigo. Así que…

- Eh, eh, eh…- imitó mi anterior acto y poniendo su dedo índice, enguantado, sobre mis labios prosiguió- tengo la confianza que me otorga el hecho de haber vivido un lamentable episodio de mi vida con una chica histérica, que no sabe disimular y que tira porros a cabezas ajenas, convirtiéndolas en fogatas andantes- dijo quitándose al fin la cobertura de la cabeza- ¿no te parece?- sonrió.



No me lo podía creer. Me dejo boquiabierta el descubrir de quien se trataba en realidad. Era el chico porreta; con el que días atrás había forcejeado para quitarle un perjudicial porro.

- …¡¿Tú?!...pero…

- Te vi desde lejos y decidí saludarte.

- Querrás decir matarme- le espeté con enfado.

- Solo quería darte un sustillo y animar esa viducha aburrida que llevas- hizo una mueca burlesca.

- Mi vida está muy bien, gracias. O sea, primero me haces pasar un mal rato en clase con más tensión de la que puedo soportar, luego me quemas con el puto porro, le quemo el pelo a un pobre chico y ahora… ¡¿has intentado matarme solo para saludarme?!- Mi voz aumentaba de manera gradual. Pero como la gente que observaba la escena, también había sido testigo del atropello fallido, supongo que veían normal mi estado alterado.

El chico, ya en tierra firme, hizo unos ruiditos con la boca, mientras movía el dedo índice de lado a lado, frente a mí.

- Recuerda que aún estamos buscando a la damita que, dices, hay por aquí…- rió fluidamente.

- Pero serás… ¿qué damita, ni que leches?...

Me abalancé sobre él. El bolso estaba mojado; por lo tanto ya era inservible. Así que aprovechando que el asa aun se podía utilizar, se la pase rápidamente por el cuello y apreté con fuerzas. Sí, lo sé. Este tampoco es digno comportamiento de una chica de sangre azulada. Pero es que la arrogancia es algo que me puede. Aquí solo puedo serlo yo.

- Mira niñato… soy una dama. Pero tampoco voy a dejar que se rían de mí. Sigue por este camino y mandare a alguien para que te cortare tu minúsculo órgano reproductor antes de que sepas utilizarlo diestramente… ¿comprendido?- susurre. Mientras le apretaba más con el asa de cuero cien por cien.

- Para, para…Vale- reía entrecortadamente; medio asfixiado- Vaya… la gatita ha sacado sus garras tirando del dinero de papi. ¿No es así?- decía frotándose el cuello, aun con tenue carcajada.

Le mostré nuevamente el asa del bolso con cara desafiante. Y el hizo una señal conforme con la mano que le quedaba libre.

- Está bien; perdona mi descortesía. Por cierto mi nombre es Lázaro. Mucho gusto; y ¿tú, gatita? Eres…

- Lo de gatita sobra. Encantada. Soy Heather.

El chico fue a dame dos besos, pero preferí mantener cierto distanciamiento. Después de todo no le conocía… así que le extendí la mano indicándole que deseaba darle un apretón en lugar del beso. El chico sonrió, me estrecho la mano y dijo:

- Vaya… una “dama” como tú, con dosis de lesbianismo

- …ains…- suspiré

Ya le iba conociendo y sabia que por muy furiosa o mosqueada que me pusiera. Seguiría con sus bromas. Así que opté por resignarme.

- Y ¿a dónde ibas antes de tan fortuito encuentro?

- Pues… tengo que ir a hacer la compra. Y pensaba en coger el bus, pero…

- Ya. No me imagino a alguien como tu cogiendo el transporte público. No lo digo por nada… solo que, estando acostumbrada a las comodidades que tienes… el bus no es precisamente un paraíso. Pero tranquila. No preguntare la razón de la elección. Si quieres te llevo- dijo sacando otro casco del compartimento de debajo del asiento de la moto y ofreciéndomelo estirando el brazo.

No pude evitar sonreírle. A fin de cuentas resultó ser un buen chico. Me pareció que me comprendía, por alguna extraña razón sin conocerme de nada. No me entusiasmaba ir en moto, sobre todo por el pelo. Tanto por el viento como la presión del casco. Pero, bien mirado, era una idea mucho más sugerente que el bus. Así que acepté. Y poniéndome el casco, recogiéndome mi Vintage, y pasando mis brazos tímidamente por la cintura comenzamos a recorrer el camino hacia el súper mercado más cercano.
Al llegar, saqué del Chanel echado a perder una lista de la compra, con la tinta corrida. Y haciéndome con un carrito comencé a llenarlo con las cosas necesarias, mientras Lázaro me seguía con otro. Ya que estaba allí me aproveché y quise que me ayudase.

Cuando ya casi tenía todo lo que necesitaba Lázaro me propuso algo que me retrajo a lo más profundo de mi algodonosa infancia:

- Súbete, venga- sonrió haciéndome señales para que me montase en el carrito.

- ¿Estás loco?-reí- eso es una infantilidad. Además nos arriesgamos a que nos llamen la atención.

- La Heather victoriana se cree demasiado adulta como para disfrutar. ¿No es así?. Eres demasiado conservadora para ser tan joven.

- No es eso…

El chico me sonrió una vez más y yo se la devolví.

- Está bieeeen- y diciendo esto me subí.



Me empujo velozmente, mientras me reía y extendía las manos al aire. Realmente no sé como lo ha hecho pero me he sentido como renaciendo. Sin peso, ni problemas. Solo el ahora. Ligera, como si me hubiese comido un camión repleto de maltesers. Pero cuando más feliz y distraída me sentía, él soltó el carrito y me precipité, gritando, sin poder detener el carrito contra una pirámide construida a base de paquetes de pañales.



Salimos corriendo de la zona, cogiendo los carritos y yendo a la caja. Yo me enfadé con él, como era de esperar. Cuando iba a pagarlo todo, el me agarró la muñeca, como señal de que no lo hiciera. Y de su cazadora saco lo suficiente en efectivo.

- Cóbrese de aquí lo de la señorita- sonrió.

- Pero… yo…

- Tsss... tómatelo como una galante disculpa por lo del carrito.

Y guiñándome un ojo, comenzó a meter los productos en las bolsas.

De vuelta a casa, me dejó junto a la verja de la entrada. Y me dio las bolsas que habíamos adquirido. Le sonreí

- Gracias por…

Pero antes de que acabase, él se me había adelantado y me dio un delicado beso en la mejilla. Marchándose a lomos de su moto, seguido por el zumbido que esta produce. Y antes de que se difuminase por completo en el horizonte de la calle dijo:

- Hasta pronto gatita. Nos veremos en clase. Y no te afiles tanto las zarpas.

Esto me cabreó muchísimo. Pero a la par me sentía bien… no sabría explicar por qué. Pero creo que a partir de ahora trataré de conocerle más.

Y entrando en el jardín, oí su característica carcajada perderse en la lejanía.



La moraleja de mi día de hoy podría ser…. “A veces… las personas que peor te caen pueden ser los que mejor te comprendan”.