¡¡¡HOLA, PUTAS!!! La reapertura de mi habitación está muy próxima. Espero que las zorritas estéis muy atentas, porque se avecinan cosas muy interesantes en la tercera temporada...
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viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 15: Conciencia, ¿por qué existes?

Hola de nuevo, mis bomboncitos de chocolate. Espero que no os hayáis derretido por este calor infernal que ha empezado a hacer ahora que empieza la temporada lectivo-laboral, ni que os hayan entrado ataque de ansiedad aguda por la falta de cotilleos sobre mi existencia. Con respecto a eso yo he de decir que no he estado por estos lares en todo este tiempo; me marché a Hawaii de vacaciones estivales. Me hacía falta alejarme del estrés mundano y la polución ambiental que conlleva vivir en la ciudad (aunque yo vivo en el extrarradio, en una fabulosa zona residencial, repleta de verdor, mansiones y chalets. Pero aún así se nota las vibraciones estresantes de la urbanidad)

La verdad es que estuvo muy bien eso del viajecito veraniego: palmeras, aroma a coco, cantos de aves machí, cócteles en abundancia, cuerpos masculinos, bien torneados, bronceados y sudorosos llamándome a gritos "Ains... ese sexo tropical no ha estado nada mal..." En fin, todo lo que se suele hacer en cualquier isla paradisiaca lo hice y más. Pero este no es el tema central de la experiencia que os tengo que contar, solo es un mero justificante de por qué no he escrito desde marzo. Entre exámenes, graduación y vacaciones no he tenido tiempo. Y creedme que me debatí entre daros señales de vida contándoos, experiencia por experiencia, mi estancia allí o disfrutar tumbada en una hamaca al sol... Y claro, finalmente decidí mandaros a freír espárragos a vosotros y disfrutar yo. Que soy la que importo en todo esto.

Realmente tengo mucho que contaros en cuanto a la graduación. Fue un acontecimiento muy jugoso de cotilleos miles... Pero eso será en la siguiente cita que tengais conmigo, mis adorables pacientes, ya que es algo tan maravillosamente criticable que prefiero reservar todo un capítulo solo para ese hecho.

Ahora bien, vamos al meollo de lo que nos interesa realmente para la sesión de hoy. Hay que retroceder pues hasta el viernes 26 de abril para que nos podamos situar y comprender mejor en la situación:


Esther, como siempre, tenía unos contactos que le habían facilitado unas entradas VIP para una fiesta de temática cincuentera, en las que se iban a servir canapés y bebidas varias "Esta muchacha tiene más contactos que una relaciones publicas en su máximo apogeo. Claro, es guapa, lista y se sabe abrir de piernas en los momentos oportunos, para que el cohete que se introduce en la vagina no sea más que un medio para trepar lo más rápido posible en el tortuoso y pedregoso monte social" Dijo que las había conseguido a través de unos amigos que trabajaban allí, en el local. Si claro... Mientras, yo estaba más agobiada con los exámenes, que una fumadora a la que solo le queda un cigarrillo en su último paquete, es domingo y la expendedora más cercana esta averiada y no dispone de coche para desplazarse. Así que imaginaos como tiene que ser para que yo esté más estresada que esa pobre hipotética mujerzuela. Así que decidí aparcar por unas horas los más que pedantes libracos y dedicarme algo de tiempo a mi flamante persona, que falta me hacía.

Nos pusimos de acuerdo y fuimos a diferentes boutiques especializadas en atuendo por épocas. Y como a ambas nos encanta llamar la atención nos dimos una serie de paseitos con diferentes modelos, a lo pretty woman, marcando poses estilosas entre insultos y risas. Haciendo que las dependientas nos miraran como si llevásemos encima tres o cuatro anfetaminas.

Finalmente, después de tanta parafernalia cinematográfica, por fin nos decidimos: Esther adquirió un vestido medio corto, con escote corazón, negro con detalles en rojo y motivos lunarescos en blanco. Coronándolo con un peinado pin-up, incluyendo su tupé a rizos correspondiente.
 Mientras, yo por mi parte, elegí un vestido blanco perla a capas drapeadas, de seda y organdí, delicados bordados en el escote, también corazón, y un bajo de nubes, del cual se sacó un tocado que brillaba por sí mismo, y unos zapatos de tacón de aguja, acabados en punta y forrados en raso de plata rota. Todo un diseño muy delicado.







Eran las 8:45 p.m. y ya estábamos dispuestas a aventurarnos puertas afuera, para comernos la ciudad nocturna. Tomamos un taxi, pero antes de ir a la fiesta, se nos ocurrió la idea de cenar algo, pues yo no estaba dispuesta a que me andara resonando el estomago toda la noche. Menuda falta de glamur y clase sería "Hola, soy Heather... Grrrgrugrugru...(sonido de tripas)" ¡Ay, no!. Qué vergüenza...

Finalmente decidimos parar en un chino. Pensamos que la comida era buena, rápida y estaba a dos pasos del establecimiento al que teníamos planeado ir después de la cena. Nos sentamos en una mesa lejos de la marabunta "¡Agh!... odio la muchedumbre. Le agobian a una sin necesidad, para cenar sin que las calorías te hagan parecer gorda se necesita paz y tranquilidad mientras se ingieren los alimentos."


Comimos tranquilas, entre comentarios con respecto a la gente que nos rodeaba. Al acabar, y mientras esperábamos la cuenta, como casualmente estábamos en una mesa desde la que se podía ver el interior de la cocina cada vez que se abría la puerta para dejar paso a los múltiples camareros que atendían el restaurante, en ese instante, al mirar a puntos perdidos, sin saber exactamente el qué, mi mirada fue a dar al interior de la cocina. Solo fue un segundo, pero fue suficiente para percatarme de que allí dentro se hallaban dos o tres jaulas con lo que parecían gatos. Mi mente no lo quiso creer al principio. Necesitaba verlo una segunda vez para que mi cerebro refutara lo que mis pupilas habían reflejado en él.

-¡Pst!- Llamé la atención de mi compañera de mesa, ocultándome tras la carta de postres- Fija la mirada en la puerta de la cocina y espera que se abra. Cuando lo haga, observa y dime si lo que hay apilado dentro es lo que yo creo- Susurré con energía.

 A Esther le costó un par de segundos asimilar mi extraño comportamiento, pero luego acató mis instrucciones y se limitó a obedecerlas.

-¡¿Son gatos?!- Preguntó violentamente sorprendida, a la vez que se echaba hacia atrás y se llevaba la mano derecha a la boca- No puede ser...- Negó horrorizada.

- Sabía que lo eran- Confirmé con una mezcla de asco y satisfacción por haber tenido la razón. Aunque, sinceramente... en esta ocasión me habría gustado equivocarme. No sé por qué, pero me habría gustado- ¡Y es que, además hay una pequeña cría. Esto es inadmisible!- concluí sumida en la más espesa indignación.
"Vete tú a saber si nos han colado uno en la comida... no lo quiero ni imaginar. Que repugnante. ¿Yo?... ¿Comer ese tipo de animales? Eso es de indígena salvajiento, muerto de hambre"

Para estar completamente segura de que lo eran, disimuladamente cogí mi bolso y me levanté rumbo al baño, como quien no sabe nada. Ya que el baño estaba justo al lado de la cocina y las paredes son como compresas extrafinas; se oye todo. Esther se negó a acompañarme, pues pensaba que resultaría muy descarado ir juntas al baño y dejar la mesa sola. Podrían pensar que nos íbamos a marchar sin pagar el importe de la comida "Por favor... Ni que tuviésemos la necesidad de ser vulgares rateras, hurtando víveres por doquier. Además... la comida de este sitio no es en absoluto saludable; sobre todo si se demuestra la utilización felina en los resultados finales del emplatado. No estaría mal ayudar a los pobres negros del tercer mundo con la comida que estos chinorris producen, después de todo... a ellos les da igual ocho que ochenta. Lo importante es que tengan algo para llevarse a la boca. Pero, ¿nosotros? Por favor... no hay derecho que haya esta clase de restaurantes en una ciudad plenamente desarrollada. En la que damas como yo nos veamos rebajadas hasta tal punto que tengamos que sopesar la idea de que, quizá, nos hayan introducido carne gatuna en el plato. El libro de reclamaciones reventará con mis quejas al salir de aquí, lo tengo claro."

Al llegar al baño, me lavé las manos para que una señoritinga que estaba allí, haciendo yo qué sé que, no sospechase mis verdaderas intenciones. A la vez que me miraba al espejo, concentrándome en el ruido que provenía de detrás del fino muro, decorado con lozas baratas de un blanco sucio, con adornos en azul celeste en forma romboidal. 

Efectivamente, tras el ruido de gente correteando, chino mandarín a gritos y golpeteo de cacharros de cocina, pude advertir un acallado, pero desesperado conjunto de maullidos. En su gran mayoría maullidos de gatos adultos. Mas, entre ellos se podía escuchar también a un cachorro que luchaba por ser detectado por algún rescatador entre tanto barullo.

Ya no quedaba duda alguna de que lo que ambas chicas habíamos visto momentos antes era algo verídico. Quedé horrorizada con dicha confirmación. Tanto que mi mente quedó bloqueada, sin saber qué hacer. Así que actué por inercia y salí del baño con un ictus inexpresivo. Parecía que estaba recién rellena de botox y no podía reflejar en mi rostro ningún tipo de emoción. Me había quedado pétrea, aferrada a mi bolso como si mi vida dependiese de ello.

Según asomé mi cuerpo por el umbral de la puerta del aseo, me acerqué lo más velozmente a la chica que mantenía la expectación, mientras conservaba una postura lo más finamente cómoda posible en la silla.

- ¿Qué pasó? ¿Eran o no?- Preguntó impaciente.

- ¡Tssss. Baja la voz que te van a escuchar!- Le advertí haciendo una sutil señal a las personas que estaban comiendo a nuestro alrededor, para finalmente acabar señalando la puerta de la cocina- Venga, tía. Vámonos de aquí ya; pero ya ¿eh?- Le espeté, con más nervios dentro de mi cuerpo del que podía disimular. Tenía que salir de allí o se me notaría sin remedio.

Tras pagar la cuenta, nos fuimos como alma que lleva el demonio de ese antro sin escrúpulos. Tanto que se me olvidó quejarme en el libro de reclamaciones, y no dijimos una sola palabra durante el corto camino que tuvimos que recorrer para llegar al lugar inicialmente planeado. No nos quisimos meter en rollos legales, así que decidimos no llamar a la policía y mucho menos denunciarles. Después de todo, ojos que no ven, corazón que no siente. Pensamos que lo mejor era irnos y olvidarnos de aquello. "Lo había visto en documentales... Pero nunca pensé que todo esto fuese verdaderamente real, sino una especie de reality show televisivo para entretener y conmover a las masas de forma fácil y barata, como sucede con Gran Hermano. Me siento asqueada. ¿Y si uno de esos animaluchos estaba enfermo y fue a parar a mi plato? No, no, no. No me voy a emparanoiar con ese asunto, que bastante tengo encima con la universidad y demás. Si lo hago me volveré loca y los locos no tienen sentido del saber estar, la cordialidad, los modales, ni nada por el estilo. No quiero acabar convertida en una zombie mantenida por el estado. Eso acabaría con mi vida. Es un suicidio emocional y social..."

Una vez llegamos perfectamente ataviadas y maquilladas a la fiesta en cuestión, sobre las 10 p.m., bailamos un par de canciones de los cincuenta, hasta que se nos acercó un ser humanoide de sexo opuesto que tenía pinta de ser todo un pesado. Se veía a leguas sus impuras intenciones con nosotras.

- Hola, me llamo Fede- Sonrió dentro de lo que él creía elegancia, mientras se arreglaba el pelo engominadamente grasiento- ¿Y vosotras?- Sus ojos brillaban en mitad de las luces de discoteca como las de un macho en celo en busca de un agujero en el que poder introducir su miembro viril.

- Hola...- Le respondió Esther con súbito interés. adoptando un tono de voz picantón de chica fácil- ¿Cómo estas, guapo?- preguntó mientras acortaba la distancia que existía entre ellos, cada vez menor.

- ¿Te apetece bailar?- Le ofreció el fracasado, con un tono triunfante, seguro de su patético logro.

- Sí... ¿Por qué no?- sonrió.

Esther se dispuso a ir tras él, pero antes de que pudiera dar un paso más, la agarré fuertemente de la muñeca.

- Pero, ¿qué haces?...- Le susurré, exigiéndole una explicación para un hecho tan insólito como el que allí estaba ocurriendo en aquel momento- Creía que tenías el gusto más refinado, pero ya veo que aunque te pulan y te bañen de oro, de nada que te raspen un poco se te ve el cobre del que estás hecha. Pensé que una temporada viviendo con tu tío te había vuelto una señorita... Pero sigues actuando como la chica de clase media de la granja de la que saliste.

- ¡Calla!- Gritó secamente, girando la cabeza hacia la dirección en la que se encontraba el adefesio para sonreírle y saludarle disimuladamente mientras hablaba conmigo- ¿No ves la ropa que lleva puesta, es nueva de Armani, al igual que los zapatos. Y si te fijas bien en su chaqueta... tiene un bulto muy sospechoso- sonrió- Apuesto a que su cartera esta repletita de billetes relucientes. Si soy capaz de jugar bien mis cartas, quizás saque algo bueno de todo esto. Como yo siempre digo: No importa si es feo, el dinero embellece al primate más salvaje.

Tras esto, se giró dedicándome un "Ciao", un beso volado y una sonrisa. Perdiéndose entre la muchedumbre discotequera.


Y allí estaba yo, en un antro subterráneo, semioscuro, escandaloso y apestando a humanidad "Si lo llego a saber no vengo". Es cierto que la soledad se siente más cuanto más rodeada de gente estés; una se siente invisible para todos... y esa sensación no se hizo para mí. En tal caso no me podía mover por miedo a ser acosada por otro nerd como el que se llevó la cascos ligeros.

De pronto, mientras me dejaba envolver por aquella estridente música de DJ barato, me sorprendí a mí misma recordando a aquel cachorro de felino indefenso dentro de la jaula "¿Esto es lo que la gente llama remordimiento de conciencia? Pues vaya... Es un sentimiento la mar de molesto. Quisiera no ser blanco fácil de este tipo de sensaciones. Son muy extrañas"

El pensamiento, la gente y el lugar en sí acabaron por abrumarme de tal modo, que no tuve otra opción que salir de allí a tomar algo de aire fresco. Cualquier cosa estaría mejor que el insoportable agobio de sentirme encerrada allí abajo. Era eso o beberme un par de copas. Y, la verdad, la comida del chino no me había dejado el estomago muy receptivo a las bebidas espirituosas.

Al salir de allí, fue como si el viento me diese una suave caricia en la cara. Un alentador y reconfortante empujón para seguir adelante con lo que empezaba a parecer una noche inacabable. Pero, a pesar de todo, mi mente seguía reflejando imágenes de aquel diminuto ser, maullando de desesperación. Y por muchos esfuerzos que trataba de llevar acabó para acallar la voz tan irritante que resonaba dentro de mí, ésta cada vez gritaba más y más fuerte.

Confusa, miré el reloj. Eran las 10:45 p.m. Y, antes de que mi cerebro quisiera darse cuenta, mi cuerpo ya estaba caminando sobre sus pasos, en dirección al restaurante donde habíamos cenado. Si esa era la única forma de acallar esa maldita voz y dejar de sentir esa sensación tan horrible, yo misma rescataría a esa bola de pelo chillona. Pensé en qué pasaría con Esther, pero luego, al pensar en que ella no dudó un solo segundo en dejarme en mitad de aquel lugar completamente sola, yo tampoco dudé en marcharme. Después de todo ya es una mujer con la vagina depilada a la brasileña..., así que se las arreglaría muy bien para llegar a casa.

Por suerte, aún estaba abierto el palacio oriental de la comida medianamente rápida. Me colé en el interior y me dirigí velozmente al baño, esquivando a las miradas indiscretas de los pocos comensales que aún yacían allí, devorando las ultimas migajas de sus platos y de los camareros, que ya empezaban a pasar paños por las mesas vacías y a recoger las mesas que habían sido ocupadas anteriormente.

Mi estancia en el baño tan solo duró unos segundos, pues salí de ahí como si fuese un cliente más. De hecho salude al infinito, con la mirada perdida, a alguien inexistente, para que los camareros que me miraban intermitentemente no sospechasen nada. Aprovechando para irme arrastrando, poquito a poco, cual culebra acercándose a su presa, hacia la puerta de la cocina. Hasta que llegué y me escurrí por esa zona restringida a todo aquel que no fuese personal del establecimiento.


Utilicé una torre de cajas de latas de refresco para refugiarme de la detección de cocineros y camareros que encontré una vez pasado el umbral. Allí estaban, podía divisar las jaulas amontonadas desde la posición en la que me encontraba. Al principio dudé si abalanzarme o no sobre ellas, pero simplemente cerré los ojos y me precipite como loca a recorrer la distancia que había entre ambos puntos. Y antes de que nadie pudiese decir nada ya había liberado a los cinco gatos adultos y cogido al pequeño entre mis brazos. Aquello se convirtió en un momento digno de formar parte de un programa de humor: Los camareros fueron perfectamente conscientes de mi presencia allí, pero, o me detenían a mí o trataban de recuperar todos los gatos, que trataban de buscar una salida por la que escabullirse de tan cruel destino.

Aprovechándome de la confusión, me entró la fiebre heroica y salí corriendo hacia la puerta de la cocina y le pegué una fuerte patada con mis preciosos zapatos de tacón, facilitándoles a los desquiciantes y desesperados vichejos su huida, a la vez que complicaba su captura a los camareros y cocineros que corrían tras ellos como coches sin frenos. La poca gente que aún estaba en las mesas se levantó de golpe y los camareros que recogían las mesas dejaron de hacerlo y trataron de cortarme el paso, antes de que lograse llegar a la salida.

-别逃走! 跟随她啊! (¡Que no escape. Vamos tras ella!) 她称呼警察以前我们必需抓获她! (Tenemos que atraparla antes de que llame a la policía)- Parecía decir un chinorris obeso que creo que era el que manejaba el cotarro allí dentro.

Yo, prácticamente no sé lo que pasó tras de mí, ya que en ningún momento me detuve a mirar. Simplemente corrí hacia la salida lo más rápido que los tacones me dejaban, con el cachorro bien sujeto. Y no paré de correr una vez me encontré fuera del establecimiento, sino todo lo contrario. Me extralimite. Hasta tal punto en el que los tacones ya me estorbaban en lugar de ayudar. Los pies me dolían a horrores y me los notaba hinchados... así que, prescindiendo de toda etiqueta me los quité como pude, pues estaban algo apretados por la hinchazón, miré los afilados tacones y, en medio de la confusión y la desesperación, los quise usar como arma blanca con mis tan persistentes acosadores orientales. Así que se los arrojé "Dios, qué lástima... Un par que ha costado una fortuna, totalmente desaprovechados. Si al menos le hubiera dado a alguien..."

Cuando ya me encontraba bastante alejada del mugroso restaurante, entre jadeos y murmullos emitidos por mí, pude oír a uno de ellos gritar:

- 你停! 操你妈! 给我们那只猫啊! (¡detente, puta, no hagas la situación más difícil y entrega al jodido gato!)- Lo expulsaba de su boca con todas sus fuerzas; de una forma que provocaba, de cuando en cuando, que la voz se fuese.
(Si os estáis preguntando como coño es que sé chino, ahora tan de repente, la respuesta es bien sencilla: Al llegar a casa, tenía una imperiosa curiosidad sobre que frases tan elocuentemente delicadas, véase el sarcasmo que intento transmitir, que me dedicaron esos locos. Así que me conecté a skype y esperé que un amigo que tienen mi querido Dimas y Hideki, hiciese acto de presencia. Se trataba de Joaquín, un chico de clase media alta, con dejes de riquillo frustrado... Pero, a pesar de eso y de ser amigo del joputa de Hideki, me cae bien, por eso sigo en contacto con él. En este momento lleva ya dos tediosos años trabajando para la universidad de Changchun, un lugar en China, cerca de Corea del Norte, en el que ejerce como profesor de español "Pobre desgraciado... Dando clase a chinorris pasotas que no levantan un palmo... Pero claro, con todos los chanchullos que hay dentro de esa universidad... todos pasan exitosamente de curso. Ay de lo que se entera una... Ya os contaré, en alguna entrada exclusiva del tema en cuestión. Pero, vamos, que todo sabéis que la palabra "soborno" en China...no es que suene mal, precisamente. Ahí lo dejo" El caso es que se conectó y yo le pronuncie las frases como mejor pude. Así que llegó a la conclusión de que a lo que más se parecían mis balbuceos occidentales eran a esas frases que os he puesto entre paréntesis. Desde aquí, muchas gracias Joaquín. Ya hablaré de ti y Changchun en alguna entrada futura. Mis lectores merecen saber en la mierda de país que estas metido. ¡Besitos!)

Imaginaos a vuestra pobre abeja reina... corriendo descalza por el rasposo asfalto, ocultándose entre los coches para no ser hallada. Pues, después de tan elocuente frase, el gordo mandamás desperdigó otros clones chinorris, como si se tratara de extensiones de sí mismo, para que intentaran atraparme. Y, entre que los pies me dolían, la responsabilidad de proteger al cachorro y que mi precioso vestido, blanco perla, empezaba a no ser tan blanco, mi histeria iba en aumento. Cuando me di cuenta ni siquiera tenía le tocado y empezó a llover. Nada podía ir peor... Mi rímel de Max Factor, chorreaba mejilla abajo, mientras culpaba al gato de todo lo que estaba sucediendo.




De pronto, dos de los secuaces de aquella bola de grasa estuvieron a punto de cazarnos. Pero, reuní las pocas fuerzas que me quedaban y corrí. Pasando, casualmente, ante una comisaría. Y, al oír el barullo que causábamos, los agentes salieron de allí para ver que sucedía. Ahí fue donde acabó todo. Pues capturaron a esos dos y yo desembuché todo lo que había vivido y visto en ese antro de mala muerte.

Finalmente, el restaurante fue cerrado y los que lo regían encarcelados. Porque resultó que era un establecimiento que blanqueaba dinero. A mí y a esa cosa peluda nos llevaron a casa, me di un baño caliente y me senté a ver la tele sin saber absolutamente nada de Esther. Al día siguiente regresó despeinada y con el sujetador en la mano. Juzgad vosotros mismos. "Si es que cuando digo que es una chica fácil... no lo digo de manera ambigua"

En cuanto al señorito, aquí sigue conmigo, meses después. Nos hemos hecho muy buenos amigos él y yo. Creo que de ahora en adelante tengo un nuevo compañero de aventuras vitales y eso me anima. Después de todo, la fatídica noche mereció la pena vivirla. Ya tiene puestas las primeras vacunas  se a adueñado de la casa... Sorprendentemente es como yo. Por cierto, como es blanco y rubio, me recordó a un caramelo de nata... así que pensé en llamarlo Caramelo, pero me pareció muy vulgar... necesitaba un nombre fino,  con clase. Así, que después de mucho pensarlo, le he puesto Liquirizia, que significa Regaliz en italiano. Como es tan largo le llamo simplemente Liq. Es un nombre original, al que se le añade la clase de ser italiano. Una lengua romance muy especial.


Antes                                                                                 Ahora
                                          

Así que ya veis chicos. Vuestra princesita tiene un nuevo compy. Naturalmente tengo muchísimo más que contaros, referente a estos meses: graduación, estancia de Joaquín en China y otras anécdotas que Liq ha ido haciendo a lo largo de todo este tiempo. Pero ya estoy cansada y quiero hacer algo de pilates hoy. Os dejo, mis dulces. Pronto nos veremos nuevamente. Se os quiere por interés. Besitos a todos.

La moraleja de hoy es: "La conciencia no es más que una carga absurda. Si puedes, intenta ahogar la voz a base de cócteles"

sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 13: ¿Erasmus u orgasmus?


Tranquilos, tranquilos chicos. Como os había prometido el día nueve de este mismo mes, aquí me tenéis de vuelta. Ni siquiera yo soy tan cruel como para lanzar un bulo sobre mi regreso y luego dejaros plantados cual ultima patata del saco de un granjero hambriento. Eso sería como dejaros lamer un poco de la dulce cubierta de caramelo de un chupa-chups y luego apartároslo diciéndoos que en breve os dejaré comeros el chicle que lo rellena. No, yo no soy así. Soy una soberana inflexible pero amable con quienes sabéis ganaros mi afecto.

Pues bien, sé que os debo muchas explicaciones, ya que desaparecer un año y cuatro meses no es normal... Sobre todo si tenemos en cuenta que vuestras vidas necesitan de mi esencia para seguir adelante. Sin mí no sois más que una cascara vacía, un ser que ha perdido su propósito en este mundo. Lo mínimo que puedo hacer por todos y cada uno de vosotros es contaros mi experiencia y entenderéis el por qué de mi tan repentina evaporación. Lo mejor es empezar unos meses antes de todo el embrollo de la situación principal, es decir, la que realmente interesa:

Si os remontáis a los últimos días que di señales de vida, recordareis que Esther me llevó a aquella casa cochambrosa estilo campestre. Sí, donde casi me parto la cabeza por aquel cerdo que salió corriendo como si tuviese un cohete incrustado en el culo, conmigo encima. Pues bien, la experiencia en aquel reino en el que mi cetro, corona y manto pasaban a ser propiedad de la fauna y la flora del lugar, no fue la estancia en el infierno que esperaba vivir al llegar allí. Lo pase bastante mal, no os creáis que fueron unas vacaciones en Disneyland, pero dentro de lo que cabe no fue tan desagradable. Mis amigos saben cómo hacerme olvidar.

Unos días después, de vuelta al insoportable mundo académico, me encontraba en un estado la mar de soporífero. Moviéndome por inercia, más que por otro cualquier motivo que se os pueda ocurrir. Pero la mañana del cuarto día de mi presencia en la universidad, había quedado con Esther para desayunar, ya que disponía de una hora antes de que empezase su clase de derecho penal. "Por favor... Si yo me aburro a morir en historia universal, que la elegí yo, no me quiero ni imaginar cómo sería verme obligada a estudiar la carrera de derecho. Me pegaría un tiro en la sien antes de cumplir la segunda semana lectiva".

- Bueno... digamos que no estás del todo recuperada, pero mejor que antes, desde luego- Me dijo Esther, mientras tomaba un sorbo de café con leche, de una taza de porcelana barata de bareto de facultad.




- ¿Tú crees? Tanto que dice la gente de que el oxigeno del campo y la playa le hacen sentir a una mejor y más rejuvenecida- dije con un deje dudoso- Eso es una mentira más gorda que decir los bebés provienen de París. Mírame: unos días en el campo y parece que he envejecido de golpe unos veinte años...- le reproché mientras observaba la evidente aparición de arrugas en el entrecejo a través de mi circunferente espejo de plata de ley para bolsillo.

- Eso no es de vejez, mujer- Dijo Esther, empujando las palabras como pudo, a través de una carcajada nerviosa- Eso es de estrés. Deberías tomarte las cosas menos en serio. Creo que tu relación con Lázaro no hizo más que perjudicarte- concluyó, dando un gran bocado a una tartaleta de nata y frambuesa.
- Puede... que tengas razón. No estoy segura al cien por cien de todo este asunto- suspiré al llevarme a la boca una magdalena.

Sí. Mi relación con aquel chico ha finalizado. La situación fue bastante tortuosa. Me costó un poco asimilarla, pero aún no ha nacido el hombre que pueda tomarme por tonta; me he dado cuenta de que quizás hayan más personas bipolares en este mundo de las que parecen haber. Y la verdad es que hoy día estoy de maravilla soltera; no me hace falta un hombre para sustentarme. Soy lo suficientemente fuerte como para mantenerme emocional y económicamente por mí misma. Eso de Una mujer necesita de un hombre para sentirse completa es una auténtica estafa. Una gran mujer no tiene la necesidad de escudarse tras un hombre, y ahora mismo pienso disfrutar de la vida como a mí me salga de los ovarios. Una vez cerrada la puerta y habiendo tirado los restos de aquella antigua relación a la basura, me siento una chica libre, feliz y con ganas de comerme el puto mundo. Señoras y señores, Heather vuelve al mercado del ligoteo, que tiemble cada macho que pretende adquirir algo en él; por el momento, para cumplir las necesidades hormonales que una chica tiene de cuando en cuando, acudiré al primer cajón de mi mesilla de noche y echaré mano de mi querido amigo: el vibrador rosa transparente con cinco marchas que se pueden ir alternando con un pequeño estimulador de clítoris que viene incorporado "Es todo un monstruo del placer".

Cierto es que en el momento en el que me hallaba en aquella mesa hablando con Esther aún me cuestionaba ciertas cosas y me sentía como una estúpida por seguir sintiendo algo por ese patán, pero... volvamos nuevamente a ese punto de la conversación y dejemos que el tiempo siga avanzando hasta hoy día con fluidez. De ese modo entenderéis cómo fue posible el que una chica inocentona y enamoradiza que aún suspiraba por un tío con su mejor amiga, pasa a ser la chica independiente, a la que le importa una mierda todo cuanto un chico pueda pensar de ella, ¿os parece?

- Que sí muchacha. Si no te doy una bofetada. Verás tú que pronto se te quita la gilipollez de encima- Dijo Esther firme pero con su característica carcajada.

- ¡No tiene ninguna gracia!- la miré queriendo fulminarla.

"Dios, no. Una bofetada deformándome mi cara de muñequita de porcelana... Una cara que en un futuro podría proporcionarme infinidad de cosas. Sería una verdadera catástrofe si le sucediese algo"- Temblé ligeramente a causa de esa posibilidad tan indeseada.

En ese mismo instante baje un poco la mirada, mientras aquella chica simpático-agresiva seguía produciendo ese sonido, proveniente de su cavidad bucal. Me percaté de que de su Louis Vuitton sobresalía un papel sospechoso.
- Oye... ¿Qué es eso?- pregunte impaciente; señalando con los ojos en dirección al bolso.

- ¡mmmh!- intentó expresarse a mitad de otro sorbo de su café con leche. Tras depositar la taza, prosiguió hablando mientras me alargaba el papel- Es el aviso de que por fin se abren las plazas para la obtención de una beca Erasmus de la universidad. Yo tengo pensado marcharme a Toulouse- Al decir el nombre de la localidad francesa se le iluminó el rostro con una sonrisa que le daba la vuelta al cráneo.


- Ah, ¿sí? suena interesante- afirmé asombrada al ver cuántos destinos, organizados por facultades, figuraban en la lista- ¡Vaya, esta universidad dispone de muchísimos convenios con universidades europeas¡- vociferé.

- Pues claro. Es una universidad de lujo; no todo el mundo puede acceder a la universidad privada con una de las cuotas y nivel de exigencia más altas del mundo. Digamos... que solo la aristocracia más selecta puede acceder- bromeó- ¿Sabes? No estaría nada mal que te plantearas optar a una plaza e irte una temporada. Así aireas un poco ese cerebrito perfumado que tienes y dejas de pensar de una vez en tu relación fallida- La última palabra la dijo con especial entonación.

Odiaba que la chica soltara ese tipo de cosas cual lanzador de cuchillos borracho hacia mí. Pero... la verdad es que en ese momento la idea no me pareció tan descabellada. De hecho veía un nuevo sendero surgiendo bajo mis afligidos y cansados pies.

- Pues ¿Sabes qué te digo? A parte de que, para ser la universidad de lujo que dices que es, esta cafetería deja mucho que desear- dije pasando el dedo por el borde de mi taza de menta poleo a medio terminar. Tenía muchas ganas de dejar constancia de mi opinión del local- Que pienso irme también- Mis palabras desbordaban decisión.

- ¡Así me gusta chica. Apoyo la moción!- Dijo eufórica- Ahora mismo vamos las dos a prepararlo todo.

- Vaya... Pero la facultad de geografía e historia no oferta Toulouse como destino en Francia. El único que ofertan de ese país es Lyon y solamente dos plazas- dije con una entonación que dejaba bien claro que ya comenzaba a flaquear mi gran decisión.

- ¡Eh, eh, eh!... No te permito que tus emociones empiecen a perder gas- dijo dando un golpe seco en la mesa, haciendo de tazas, platos y cubiertos vibrasen.

- ¿Cómo quieres que siga manteniendo la ilusión si entre los dos destinos hay alrededor de 600km?- aclaré con asombro- Eso son 5 horas en coche. Estás loca si piensas que me voy a pegar un viaje de 5 horas en coche cada cierto tiempo. Se maltratarían los vestidos que llevase a causa del cinturón de seguridad y mi pelo, ya que siempre los malditos conductores se dejan las ventanillas abiertas. Cuando llegase al destino parecería una pordiosera despeinada- concluí.


- Jajajaja- Por favor Heathy- dejó escapar con incredulidad "Odio que me llame así..."- ¿De verdad esperas que me crea que una señorita de tu nivel tiene la necesidad de utilizar un coche para salvar la distancia? Tienes dinero suficiente como para permitirte billetes de avión en primera clase siempre que lo desees.

Un silencio se apoderó por completo de la situación. "A veces me sorprende la agudeza mental de esta chica. Lo tenía todo planeado desde antes de que yo descubriese el papel en su bolso" Poco después sería roto por una expresión apurada de Esther:

- ¡Oh, mira la hora que es! El Sr. Báez me la armará gorda si oso llegar tarde de nuevo- Dijo agobiada, tomando el último sorbo de su taza y estrellándola contra el platillo debido a las prisas- Hablamos luego cari, pero este ya es un asunto zanjado. Tú y yo nos vamos juntas a Francia.

Y con eso, al mismo tiempo que se acomodaba el bolso en el hombro, dio por finalizada nuestra conversación, sin que me diese tiempo a rebatir la decisión. "No sé cómo lo hace, pero siempre ha de tener ella la última palabra...¡Agh, qué rabia!"- Ese último pensamiento simulaba un estado de furia falso, ya que en el fondo me gustó la idea de marcharme, por un tiempo, de aquel vertedero social que era mi país. Y, con una sonrisa radiante, me levante da la mesa y comencé a caminar hacia mi facultad. Aún tenía media hora antes del comienzo de mi primera clase.

Sorprendentemente esta chica mueve muy bien los hilos exactos para que la burocracia avance rapidísimo a través del tiempo: papeles, seguros, pruebas de idioma... Todo pasó como si se tratase del vuelo de un colibrí. Y cuando quise darme cuenta, allí estaba: en la residencia estudiantil de Lyon.

Pero antes de llegar, en el avión, hubo una situación un tanto incómoda: resulta que me encontraba sentada por el lado del pasillo y en el de la ventanilla había una señora algo mayor, pero no demasiado. El caso es que notaba que me miraba relativamente de forma seguida cuando llevábamos ya un tiempo de vuelo. Yo hice caso omiso y me dispuse a pedir algo de comer. Bajé la mesilla y pedí a la azafata una cocacola light (que me vino ya con el vaso), además de la lata, un bocadillo de jamón y queso, un mars y una bolsa mediana de frutos secos. Lo coloque todo de manera bien accesible en la mesilla y abrí la bolsa de frutos para esparcirlos en el plato junto al bocadillo. A todo esto la señora continuaba observándome. Os podéis creer que la jodida señora esperó a que lo tuviese todo colocado para decirme:

- Perdona... Pero, quiero ir al baño...

Vamos. Yo la miré de una forma... que reflejaba la muerte inminente que pretendía darle.

- ¡¿Pero usted es tonta?! ¡¡¡¿¿¿Ve que estoy colocando lo que pretendo comer y espera hasta el último momento para decirme que desea miccionar???!!!- Estaba totalmente fuera de mi. Yo creo que si el canibalismo no fuese delito penado la habría devorado cual bestia indomable allí mismo, bajo la sorprendida mirada del resto de pasajeros y azafatas, que quedaron de piedra oyéndome gritar como una posesa.

Naturalmente la dejé salir, pero no sin antes dedicarle un pensamiento: "Ojalá seas succionada por el vater del avión..."

Eso sí, durante el resto del viaje la señora no apartó, ni un solo instante, la mirada de la ventanilla. Eso estuvo más que bien. Disfruté de un vuelo sin más sobresaltos.

Llegué muy cansada, pero la habitación de lujo que apareció ante mí, una vez abrí la puerta, logró sacarme la sonrisa más brillante que había tenido en siglos. Dejé las maletas sobre la cama y me dirigí hacia la ventana de altura considerable, ya que llegaba desde el suelo hasta casi dos centímetros del techo, con doble hoja, y la abrí dejando entrar el dulce aire vespertino. Alucinando por el paisaje que se extendía desde el pequeño balconcito de hierro forjado en el que me encontraba hasta donde alcanzaba a vista. En ese instante supe que aquel iba a ser el perfecto inicio de un periodo inolvidable para mí.


El aire estaba siempre permanentemente impregnado de un aroma dulzón. Como una mezcla entre dulces, croissants y pan recién hecho. No sé por qué, pero la combinación de esos aromas, siendo percibidos, sin ser capaz de evitarlo, por mis delicadas fosas nasales conformaron en mi mente una imagen lésbica romántica... En la que me encontraba portando una boinita parisina, conduciendo una bicicleta por una calle adoquinada llevando a una chica con su melena al viento agarrada a mi cintura y riendo y un par de crujientes baguettes en la cesta de la bici. Creo que ese tipo de paisajes incitan a ese tipo de pensamientos, aunque yo no me considere lesbiana. Luego se lo conté a Esther y aún hoy día sigue riéndose del asunto.

A partir de ahí el tiempo voló sin remedio, llenísimo de experiencias: Las clases de medieval en francés con aquel vejestorio amargado que, según él, para facilitarme el estudio de la materia, me daría un libro de 700 páginas que tendría que leerme entero y que de ahí saldrían mis preguntas para el examen "Joder... Si tengo que estudiar más que un alumno de la universidad; y además en una lengua que no es la mía. Facilitarme el estudio dice... ¿Dónde está el arsénico? Quiero morir" Las interminables borracheras en las discos con mis compañeros de residencia y facultad, los múltiples tíos buenorros que pasaron por mi cama, ya que esa la convertí en mi etapa putiférica, las quedadas con Esther en París... En fin que fue una gran experiencia. Y realmente necesitaba evadirme durante un tiempo. Gracias a todo eso he logrado convertirme en la chica que os dije que ahora soy y que, por supuesto, estoy orgullosísima de ser.

De hecho, recuerdo una experiencia muy vergonzosa, pero a la par muy graciosa, que sucedió una de las muchas veces que Esther vino a verme a Lyon. Y es que fuimos a una disco llamada "l'abeille sexy", que en francés quiere decir "la abeja sexy" y siempre lo recordare porque ahí fue donde, por vez  primera, descubrí la absenta. Me dirigí a la barra y vi los ciento dieciséis tipos de absenta existentes. Me aventuré a hablar con el barman para informarme (toda la conversación fue en francés, pero os la traduciré):

- Hola- grité en medio del gentío.

El chico se acercó a mi e hizo alguna señal para que me percatase de que me había escuchado. así que proseguí:

- Verás... Estoy interesada en probar la absenta desde hace mucho. Lo he visto en pelis y me da mucha curiosidad ver su efecto en mí misma.

- ¿Cual deseas?- me preguntó.

- No sé... Estoy de Erasmus. ¡Qué demonios!, déjame la más fuerte que tengas- sonreí altivamente.
No tardó ni un minuto en enseñarme una botella.

- Esta es la absenta negra. Es la más fuerte de todas. Contiene un 98% de alcohol ¿Estás segura que quieres tomarte esto?- me miró como si no creyese que podría.

- Claro que sí- le desafié.

Agarré con fuerza el vaso de absenta, ya flambeada (para que se redujesen los grados), y, para presumir, me lo bebí de un trago. De pronto un ardor insoportable me bajó por la garganta. Tenía la sensación de que me había tomado una copa de la colonia nenuco con colorante. Un ataque de tos agresiva me sorprendió.

- ¿E...Estás... bien?- preguntó el barman con preocupación.

- Que sí- dije entrecortadamente, depositando el vaso nuevamente sobre la barra con un golpe seco- Ponme otra, porque esto no sube en absoluto.

- ¿Qué dices? Estás loca. Eso es una bomba de relojería para alguien como tú- dijo retirando la botella.
Antes de que se diese la vuelta agarré la botella con fuerza y dije:

- He dicho que me pongas otra- Mi tono era extremadamente desafiante. Creo que ya me empezaba a hacer algo de efecto.

El chico se resignó y me la sirvió. Pretendió quemarla como la anterior pero le arrebaté el vaso antes de que le diese tiempo a realizar la acción.

Dejé nuevamente el vaso en la barra. Y esta vez me di la vuelta como buenamente pude y me encamine, tambaleándome, al barullo, hasta que me perdí entre la multitud.

Esther estaba intentando ligar con un alemán que chapurreaba francés, hasta que me agarre del hombro de ella y descargue todo mi peso.

- Hola, guapa... Te quiero... jajaja- Dije ebria total.

- ¡Uy! Nuestra señorita creo que tiene problemas- rió- A ver... Siéntate- decidió Esther, realizando inhumanos esfuerzos para llevarme hasta un butacón cercano- ¿Qué tal estás, cariño?- quiso cerciorarse de mi estado.

- No...me encuentro muy bien- Las luces y el sonido de la discoteca se mezclaban para formar una vorágine extrañísima que se movía por sí sola- Estoy muy mareada... Tengo ganas de hacer pisssss- reí como si la vida me fuese en ello.

Y de ahí ya no me acuerdo del trayecto entre el butacón y el baño. Solo sé que mi mente conserva un recuerdo muy patético en el que yo me encontraba en uno de los cubículos del baño de chicas de ese antro, sentada en el vater, con la tapa bajada y sin bajarme las bragas. Intentaba orinar tal cual. Hasta que Esther se dio cuenta y entró para subir la tapa y bajarme a mí las bragas mientras yo trataba de abrazarla riéndome y medio muerta, esparramada, con las piernas abiertas en aquel hueco sin apenas ventilación, mientras otras chicas miraban al interior del cubículo a ver qué sucedía.

- ¡Vamos Heathy, colabora un poco!- decía intentando mantenerme el cuerpo derecho, una vez logró bajarme las bragas, para que pudiese orinar.

Después de eso, recuerdo que estábamos subiendo las escaleras que llevaban a la calle, ya que se trataba de un subterráneo, mientras dos chicos me sostenían de los brazos para asegurarse de que daba los pasos rectos, pero con aquellos taconazos era imposible... así que la imagen era como si estuviese pisando huevos. Y Esther se mantenía mi espalda, por si me daba por tirarme hacia atrás.

Cuando llegamos arriba y note la fresca brisa nocturna, perdí el conocimiento. Esther dice que su rollo alemán me llevó en brazos. Y así debió ser, porque a la mañana siguiente me desperté en mi cama con un dolor de cabeza y estomago... de mil pares de narices.

Y ese ha sido un resumen de cómo es que no he escrito en tanto tiempo ¿Entendéis ahora?. La Erasmus ha sido una de las experiencias más gratificantes de toda mi vida. Quitando, claro está, algunas cosas como lo de la borrachera a base de absenta que no le deseo a nadie.

Y aquí me tenéis de vuelta, para seguir compartiendo vivencias con vosotros. Os recomiendo, chicos, que, si tenéis oportunidad os vayáis de Erasmus. Es algo increíble.

La moraleja de hoy es "Una Erasmus siempre será un paréntesis en tu vida para hacer lo que te salga de los ovarios o huevos, dependiendo del sexo que seas. Porque nunca se volverá a repetir"

sábado, 9 de marzo de 2013

¡Comienzo de la 2ª temporada!

Hola de nuevo, mis queridos plebeyos:

Por fin estoy de vuelta en este tortuoso mundo cibernético, repleto de redes sociales, compras frenéticas y frivolidades necesariamente frías y calculadoras.

Os habréis preguntado en más de una ocasión donde estaría la princesita que da luz a vuestra existencia con sus experiencias dramáticamente cómicas... Pues bien, para averiguar donde he estado metida este año y cuatro meses deberéis reengancharos al blog; ya que hoy, 9 de marzo del 2013, me complace informaros de que he vuelto al mercado. Y no precisamente al cutre mercado de comida provinciana al que estáis acostumbrados. Sí, Heather ha vuelto con nuevas experiencias que contar y pretende comerse el mundo y encandilar nuevamente a sus súbditos. Y, a quien no le guste, ya se puede ir en busca de joyas falsas al chino de la esquina, que a mi eso no me va a quitar el sueño, ya que gracias a la magia del valium... ni una bomba atómica como despertador lograía despertarme.

Pues eso, todo está casi listo para reabrir las puertas de mi habitación para vosotros. Próximamente más puntos de vista sobre el mundo a través de estos ojos tan preciosos que tuve la suerte de tener.

Un beso desde lejos a mi pueblo, que me adora.

jueves, 20 de octubre de 2011

Capítulo 12: Una temporada en estado salvaje

Hola de nuevo, queridos. Como ya sabéis he pasado por una temporada bastante complicada, y por eso me encuentro asistiendo a sesiones psiquiátricas que, según el que lleva un control de mi problemilla, dice que me hacen muy bien para madurar como persona “Sinceramente lo que yo pienso es que es toda una elaborada pantomima para sacarme los cuartos. Ya sé que me sobra el dinero… pero, ¿quién desea perderlo, independientemente de la cantidad que posea? Soy multimillonaria, no tonta”

Esther no me ha dejado ni un segundo durante estos duros días. Viene regularmente a casa con la intención de distraerme, aunque a veces logra todo lo contrario. Durante una de nuestras profundas charlas sobre nuestro modo de ver el mundo, encerradas en mi habitación, me dijo:

- Ay Heather, la verdad es que necesitas hacer algo para despejarte de todo esto.

- Y que tengas que decírmelo tú…- Me llevé una mano a la cabeza para recolocar el flequillo rebelde que osaba destruir la perfección de mi peinado, mientras ponía mala cara al pensar por lo que estaba atravesando.

- ¿Y si…- vaciló durante un corto periodo de tiempo; como si estuviese insegura de la idea que pretendía exponerme- nos vamos unos días a mi casa del campo? Creo que te hará bien el aire de las montañas. Te será más sencillo olvidar el mal trago que has vivido en Grecia.

- Jajajaja- Una carcajada mía, proveniente de lo más profundo de mi ser, invadió toda la habitación- ¿Yo? ¿En un medio ruralizado? Que va… Yo no estoy hecha para desenvolverme en un medio tan incivilizado. A parte, no tenía ni la menor idea de que tuvieras una casa en las montañas.

- Bueno… sí. No es una casa, casa.

- ¿Eh?- La miré con una cara que reflejó perfectamente mi desconcierto, debido a la manera que tenía esta chica de explicarse.

- Es… una granja- Sonrió tenuemente con más vergüenza en su rostro del que la mayoría de personas pueden albergar, pues sabía lo que yo opinaba de esos lugares alejados de la mano de cualquier diseñador o fabricante de cosméticos.

- ¡Ah, no! Por ahí sí que no paso- Dije levantándome bruscamente de la suave y mullida colcha de mi cama apartándome de Esther que seguía recostada en ella- ¿Encima de que estoy pasando por todo esto me quieres llevar unos días a convivir con animalejos malolientes?- pregunté con la vista enfocada hacia la ventana, de espaldas a Esther.

- Pensé que el estar en contacto directo con la madre naturaleza te vendría de fábula.

- ¡Que le den a la madre naturaleza! Yo no puedo ir a un lugar en el que la palabra wi-fi sea confundida con ese perro disminuido psíquico de la compañía Disney. O peor aún, me juzgan directamente de borracha al sonarles a la palabra WISKY dicha por alguien que lleva encima unas cuantas copas de más.

Esther no pudo contenerse y estalló en estridentes carcajadas.

- Por favor, chica… Nunca cambiarás esa forma tan extremista de ver el mundo ¿eh?- Se levantó de la cama y, situándose a mi lado, me dio un par de palmaditas en el hombro.

Giré la cabeza muy lentamente hacia la derecha, lado en el que se encontraba tan obstinada muchacha.

- ¡Pues no!- dije bruscamente.

Quería poner el tono de bordería más extremo, pero al ver la cara de Esther aguantándose la risa no pude evitar contagiarme y al final acabamos las dos riéndonos, aún no se de qué; pero acabamos dejándonos caer nuevamente sobre el colchón.

Finalmente acabó por convencerme sin que yo me diera cuenta, para ir directa hacia el infierno animalístico que era para mí su estúpida granja. “Eta chica tiene una habilidad especial para manipular que es pasmosa. Yo creo que sería capaz de crear la situación perfecta para que se produzca una guerra mundial o, por el contrario, conseguir la paz y el buen reparto de las riquezas. Pero… conociéndola como la conozco, pues me conozco perfectamente a mí misma y es igualita a mí, creo que de paz nada, estallaría una guerra con tanta fuerza que reventaría el planeta, cual globo”

Sobre las nueve de la mañana la niña esta ya estaba abajo tocándome el timbre como si la vida le fuera en ello “¿Es que la gente no duerme?”

- Ya estoy lista- Dije con mala gana, mientras trataba de mantener el equilibrio que perdía a causa de tantas maletas.

- Anda, alegra esa cara… Ni que fueras al matadero- Bromeó Esther. Y, ¿para qué quieres tanto equipaje? Solo son dos días- rió

- Casi… Yo me siento arrastrada hacia un universo humillante, que me hace pensar que el infierno al lado de esto es una barbacoa con los amigos. ¿Por qué no nos quedamos en casa? Hay tantas comodidades…

- No. Te hace falta airearte; no seas exagerada y no dramatices.

- Sí, lo que voy a conseguir, precisamente, en ese lugar será airearme. Airearme con ráfagas hediondas- Bufé.

Tras esta última queja, cerré la puerta escandalosamente para demostrar mi disconformidad con respecto a la maravillosa idea que el cerebrito de Esther había fabricado.

Dos horas de incansable viaje en coche “con Esther al volante. Que si no supiera que aprobó el examen a ciencia cierta limpiamente, pensaría que le hizo un par de favorcillos a su profesor. Ya me entendéis” y un CD con un surtido de las torturadoras canciones de ídolos adolescentes (entre los que recuerdo: RBD, Spice Girls, Backstreet Boys y Fran Perea “pobres desgraciados… fueron famosos un tiempo y ahora no se acuerda de ellos ni la negra más solitaria de la selva más profunda”) llegamos a un desvío sin asfaltar.

- ¿De verdad que sabes por dónde estamos yendo? Porque… esto no parece llevar a ningún sitio medianamente habitable- Dije dudosa de sus facultades orientativas.

- ¡¿Te quieres callar?, que me estas poniendo nerviosa!

Al fin llegamos, tras quince minutos adentrándonos en aquel sendero extraño, pues yo no lo llamaría carretera. No podía dar crédito a lo que estaba viendo; era una caserucha destartalada. Parecía que aquello no había sido usado desde la I Gerra Mundial. Era grande, eso sí, pero… demasiado deteriorada para lo que yo consideraba una buena casa. “Menos mal que me traje todo mi maquillaje y demás… sobrevivir aquí será toda una odisea. Es estar al lado del mar y envejezco cuarenta años de golpe, por el salitre; me imagino lo que será estar dos días aquí metida. Tendrán que sacarme en ataúd directamente. porque todo el botox del mundo no daría para hacer que mi rostro tuviera la apariencia y el tacto sedoso de siempre; por lo que acabaría suicidándome, metiéndome dos lápices delineadores por los agujeros de la nariz, hasta clavarlos en el cerebro”







Nos bajamos del coche. Y cargando las mil maletas que llevé comenzamos a avanzar por un caminito que llevaba hasta el porche que cobijaba a la puerta principal.

- Ains… Que recuerdos de mi niñez- dijo Esther tomando una fuerte bocanada de aire, y exhalándolo poco después. Vas a ver qué chula está la casa.

“Vamos… Una locura, como tenga la misma apariencia que en el exterior… Estos nuevos ricos…” (Su padre había hecho fortuna encontrando oro en algún lugar de Arabia; y ahora se creían los dueños del mundo. Pero… Su verdadero estatus siempre tiene que sobresalir. Aunque los bañes en oro, al rasparlos siempre saldrá el cobre. Yo que he nacido en alta cuna, sé de estas cosas. Ni siquiera soy de oro; soy de platino, queridos míos)

Cuando pude divisar mejor el porche vi tres figuras humanoides plantadas frente al portón principal. Figuras que, poco a poco, fueron haciéndose más y más nítidas a medida que avanzábamos.

- ¡No me lo puedo creer! ¿Vosotros aquí?

Resultaron ser ni más ni menos que Lázaro, Juanma y Dimas.

- Sí. Pensamos que te vendría bien pasar un finde con tus amigos- Dijo Lázaro- Y… novio- Me guiñó un ojo. Lo que me hizo ruborizar.

- Pero debiste darnos mejor las indicaciones, querida. Nos has tenido dando vueltas durante más de una hora. Ni que fuéramos un pollo asado. Además, ¿no podías tener la casa más cerca de la civilización? El bus nos ha dejado como a medio kilómetro del maldito camino de tierra. Que esa es otra; para encontrarlo… - Se quejaba Juanma.

- Eso es problema de vuestro. Menudo sentido de la orientación que teneis; como para soltaros en el Amazonas. No sobreviviríais ni cinco minutos.- Rebatió Esther.

- ¡Oh, sí! Estamos ante Esther, la mona salvaje.- Rió Juanma.

Esther trató de hacer oídos sordos a este último comentario de Juanma, pero la expresión de enfado en la cara delataba que lo había escuchado perfectamente “por favor, cualquiera que los oiga no se imagina que se conocen de tan solo poco menos de un año, sino de siempre; por la manera que tienen de molestarse el uno al otro”. Me miró y dijo:

- ¿Qué? ¿vamos dentro?- Sonrió rebuscando las llaves en el bolso.

- Sí, que remedio- contesté- ¿Y tú, Dimas, qué tal vas?- Pregunté, mirando hacia el introvertido muchacho. Que no había dicho nada desde que llegué.

- Bien, Memer. Mummle te saluda- Sonrió, haciendo uno de los ruiditos raros que siempre solía emitir en mi presencia. “Ains… que cosas más raras tiene este niño”

No me equivocaba; al entrar me impactó el papel pintado que cubría las paredes. Se hallaba ya parcialmente despegado y la humedad hacía extraños dibujos pared arriba, hasta llegar a las juntas, expandiéndose por todo el techo. Pero la cantidad de luz que entraba y el gran espacio compensaban esos grandes defectos.

En cuanto a la habitación, digamos que era medianamente habitable. Naturalmente dormí con Esther; “a los hombres hay que mantenerlos a raya, sobre todo a sus hormonas. Son una explosión absoluta de testosterona; a la que hay que encerrar en una habitación que haga las veces de jaula para así preservar el himen intacto”

Lo más productivo que hice durante el fin de semana fue engancharme a un juego que descubrí por internet (gracias a Armani llegaba la conexión de manera muy tenue, pero con la potencia necesaria como para forjar un lazo entre yo y el mundo urbano) llamado “habitación de Heather” (en la que una cría jode a su hermana mayor, mudándose a su habitación; y el jugador debe decorarla a su gusto) “Me estoy haciendo cada vez más y más famosa. Sí es que cuando una nace para algo, es inevitable. La habitación del juego me recordó a una caricatura de la mía cuando era pequeña.



Pero, aparte de eso, ha habido algunas cuantas cosillas más:

Al día siguiente de haber llegado, salimos a una especie de excursión por las afueras de la propiedad de Esther “He de reconocer que aquellos parajes tenían su punto bonito… Pero esta niña tenía tantos animales domestico-productivos dentro de los límites de su terreno, que el simple hecho de tener que atravesarlo hasta sobrepasar la frontera, hacía que la visión resultase toscamente destrozada por el insoportable hedor de esas criaturas inmundas… Menos mal que ella no vive ahí y el que se encarga de esas bestias es un viejo granjero al que se le paga por el mantenimiento de esa propiedad; porque si no, ya me la imagino apestando a heces vacunas y demás. No podría estar al lado de alguien practicante de algo tan primitivo como lo es la ganadería”



Cuando llegamos a una pequeña colina, me quedé completamente boquiabierta al ver un árbol que se hallaba prácticamente en la cima. Mirad que yo no me dejo hipnotizar por los pobladores verduscos y multicoloridos de las zonas campestres; pero lo que me llamó la atención de este árbol no fue él en sí, sino la enorme rama que adquiría, de manera natural, la forma de un monstruoso falo. “Me he sacado una foto que adjunto aquí, un tanto obscena, pues sé que es algo muy difícil de creer. Además yo tenía que tener un recuerdo de mi disfrute con la naturaleza. Jajaja, que juego de palabras más pícaro, ¿no lo creeis así? Lo único que no me gusta es que en la foto sale la mochila rañosa que me prestó Esther para ese momento; porque yo ni borracha llevaría uno de mis bolsos de firma a un lugar como ese. Pero, quería aclarar que no es mía, sino que es un hecho muy pero que muy puntual”



“Ojala una tuviera un palote así al que echarle mano siempre que desee…ains… ni el más potentorro de los negros tiene un pene tan inmenso. Como no me tire a un elefante creo que no conseguiré satisfacer esta fantasía. Aunque, eso sí, por un momento me sentí violada por la naturaleza, jajaja. No hay más que mirar la foto. Yo con esa posturita.”

Al llegar a la granja, nuevamente, me di una ducha, ya que no podía soprtar oler como cualquier mamífero granjeril. “Nos ha tocado el papel de ser animales superiores en la representación de la obra teatral titulada: La evolución del mundo. Aunque dentro de esta obra también hay gentuza y personas; la gentuza es aquella cuyo sueldo es o está próximo al mínimo y la persona es aquella que pertenece a a rama en la que estoy situada yo. Hay que aprovechar al máximo esta doble ventaja.” Y, al salir del baño, me dirigí hacia la cocina piltracosa que tenía esa casona. Resultó que me habían tendido un una encerrona, pues estaban todos con instrumentos culinarios y diferentes ingredientes sobre la encimera mirándome con una cara que daba pie a averiguar sin ninguna dificultad lo que pretendían.

- Vamos wee-wee (wi-wi); hagamos juntos un pastel de arándanos. Será divertido.- Sugirió Lázaro.

- ¡NI HABLAR!- Dije inquieta. De ningún modo me iba a rebajar a cocinar con mis propias manos. “Que de proletario resulta eso, por favor”

Intenté escapar, pero Juanma, que era el que más cerca se hallaba de la puerta, se puso violentamente delante, provocando que la hoja de esta se cerrase con el peso ejercido por su cuerpo.

- Ah, ah, ah…- Canturreó moviendo de lado a lado la cabeza y el dedo índice de la mano derecha, mientras la izquierda se ocupaba de asegurar que yo no tocara el pomo.- ¿A dónde va usted señorita? Le recuerdo que está aquí para relajarse y pasarlo bien, Así que de media vuelta porque va a empezar mezclando los ingredientes en un bol. No se admiten quejas.- espetó de manera extremadamente autoritaria.

- … Que sepáis que esta me la cobraré; sois todos un atajo de prostitutas de un dólar- Sonreí.

Me puse el delantal que Esther me alargó y me encaminé hacia la encimera. Una vez ahí, miré atentamente las extrañas herramientas que llevaba viendo a Estela usar desde que yo era pequeña, pero que nunca había utilizado yo “¿Para qué? Si Estela, es decir, el servicio lo hace por mí. No hay nada mejor que tener ayuda de pago en casa. Bueno, sí. Gratis; pero nadie trabaja por nada, desgraciadamente. Ains… lo que daría por que fuera legal nuevamente el sistema esclavista. Qué tiempos debieron ser aquellos. Aunque… siempre he soñado con ser una dominatrix. Es lo más cercano al esclavismo que tenemos en la sociedad de hoy en día: Te desahogas tratando como basura a alguien que hace todo lo que le pides, a pesar de maltratarlo, y encima te paga una fortuna. Debe ser la gloria.”

Encima he de añadir que no teníamos ni leche, ni huevos y tuvimos que ir a recoger los huevos al gallinero y la leche al establo, directamente ordeñada de las ubres de una vaca. ·”Mmm… las ubres tenían un tacto tan agradablemente globoso que de los nervios, torcí una y me salpicó leche en toda la cara. Lo cual fomentó todo tipo de chistes fáciles sobre sexo, lefa y lo, supuestamente, acostumbrada que estaba yo a que me pasaran estas cosas, pero cambiando a las vacas por los hombres. Sí, me han llamado meretriz indirectamente jajaja”



Al instante me imaginé un spot publicitario de leche, en el que aparecía yo con un bañador monísimo de estampado vacuno holandés, promocionando su sabroso producto lácteo de una manera un tanto pornográfica. Después de todo, el sexo es una de las cosas que mas vende; pues el ser humano está permanentemente cachondo perdido; sobre todo los hombres.



Tal fue la gracia, que ya Esther se atrevió a coger una ubre ella también y, aunque salta a la vista que ella tiene mucha más experiencia con estas tareas pertenecientes al campesinado, apretó conscientemente apuntando a su cara; comenzando así un fuego cruzado de leche entre risas, gemidos, orgasmos fingidos y chorradas. Todo cubierto por las carcajadas y los escandalosos ánimos que nos transmitían Dimas, Lázaro y Juanma. “¿Qué pasa? Cleopatra se bañaba en leche de burra. Es buenísimo para el cutis. Y para hacer el gilipollas un rato, también. Jajaja”

La verdad es que no fue tan desagradable como pensé; yo diría que hasta incluso fue divertido. Eso sí, el horno de leña, ahora que Esther tiene pasta suficiente como para poder permitirse defecar y limpiarse el trasero con los billetes…, debería sustituirlo por uno de bandeja extraíble, temporizador, ventilador integrado y gril. Porque poniendo el pastelito de los cojones dentro de la cavidad del horno me he llevado una quemadura en ambas manos que no veais.

- ¡MIERDA DE HORNO!- grité- Como esto me deje cicatriz y arruine mi hermoso cuerpo de diosa te vas a enterar- Le espeté a Esther.

Pero en lugar de ayudarme todos se empezaron a reír descontroladamente. Me sentí una atracción de un circo cutre y gratuito.

- Eso te pasa por la inexperiencia con respecto a los quehaceres de la casa- pudo, al fin, articular Esther.

- Mira, cállate. Que tu también tienes servicio que te atiende- le aclaré, mientras los demás no cesaban las risitas sin perder detalle de la conversación “La verdad es que eso es un hecho muy desgradable. Es muy divertido cuando tú estas riéndote con los demás, pero siendo tu la atracción principal…”

- Ya- afirmó la chica- Pero, ¿Quieres saber la diferencia entre nosotras? Que yo estoy acostumbrada desde niña a manejarme en la casa y tú no.

- Ja, ja, ja- Reí sarcástica- ¿Quieres saber la diferencia entre nosotras?-Repetí con tono burlesco- Que yo tengo clase y tú no- concluí tajante.

Ciertamente he de admitir que tenía razón. Yo, desde siempre he estado entre algodones y jamás he tenido que hacer nada por mí misma. Eso le da algo de ventaja a Esther, al saber defenderse mejor en ciertos aspectos. Pero claro, no podía hacer notar que alguien me superaba en algo. Después de todo, tengo una reputación que mantener.

Manejar los instrumentos culinarios ha sido toda una experiencia. A parte el tacto de la harina es súper suave y agradable; y el romper un huevo debidamente me a proporcionado una euforia tremenda que no había sentido antes.

Esperamos unos minutos, expectantes ante la ventanilla del horno, viendo como la masa crecía y crecía “me atrevería a decir que esa es mi parte favorita de todo el proceso” Al final quedó en su punto, y tras un momento de locura, llevando el pastel en mis manos gritando que lo había hecho yo misma, lo deposite en la encimera para que todos pudiesen admirarlo. “La gracia habría sido que se me hubiese caído después de todo el rollo que montamos con el pastelito de las narices. Pero es que… no entendía eso de que no hay nada mejor que algo hecho por ti misma, hasta que hicimos esto. Hasta sabía mejor y todo jajaja” Le pusimos una capita de azúcar glas por encima y pasé el dedo por una gota del agua de arándanos que sudó “tsss, es un secreto.” Con una buena taza de té inglés de fresa y nata, con un chorrito de leche y dos terrones de azúcar, me supo a gloria; incluso estando en semejante chabola rural.

Al día siguiente, me entró la vena exploradora y comencé a examinar la casa. Hasta que llegué a un punto del pasillo de la segunda planta en el que, del techo, se dejaba caer un cordoncito con una luna cristalina azulada, que dejaba pasar la luz a través de sí, pendiendo del extremo. Tiré de esta hacia abajo; el techo se abrió y se desplegó una escalerilla. Era la entrada a un desván; en un principio dudé si entrar, pues si la casa estaba inutilizada desde hacía años, ¿quién me aseguraba a mí que no habría ratas, cucarachas y demás animalejos repugnantes campando a sus anchas por ahí? Pero finalmente recordé que la familia pagaba a un empleado para que cuidase la higiene del lugar y la curiosidad que me impulsaba a ascender por los peldaños de las escalerillas volvió a acrecentarse.

Una vez arriba, como era de esperar, había cajas y cajas viejas amontonadas y muebles cubiertos con sabanas blancas. Pero nada de polvo. “Ese hombre es muy eficaz, no sé si ofrecerle un sueldo más alto del que le ofrece la familia de Esther y quedármelo yo”

Me aproximé hacia un armario de doble hoja, realizado en madera cuyo barniz y color habían sido comidos por el paso del tiempo. Fue todo un hallazgo lo que encontré en su interior. Rápidamente me apoderé de él y bajé veloz nuevamente por donde había venido.

Al rato, salí al exterior, donde los demás estaban observando los diferentes animales: Dimas intentaba tocar los patos que estaban en un pequeño estanque de la propiedad, sentado en un embarcadero; Juanma había sacado un caballo de la cuadra y estaba montado gracias a que Esther le proporcionó el equipamiento de equitación necesario para ello; y Lázaro y Esther viendo cómo el señor que cuidaba de la propiedad esquilaba a las ovejas.

Seguí un poco más adelante, hasta encontrarme a la vista de todos y grité:

- ¡HOLA CHICOOOS!

Instantáneamente todos dejaron de hacer lo que hacían y clavaron asombrados sus pares de ojos en mi resplandeciente persona; no pudiendo evitar fijarse en el vestido de cowgirl que llevaba, con las botas de cuero marrón, trajecito ceñido rosáceo y un gran sombrero típicamente vaquero, también rosa.



- ¿De dónde has sacado eso?- Decía Esther entre risas- Era de mi madre. Cuando yo era pequeña nos gustaba a mis padres y a mi hacer recreaciones del viejo oeste americano en casa. Jajajaja- Aclaró.

- Ah, ¿sí? Pues me va como anillo al dedo. Debemos de tener una talla parecida; si no la misma. Hasta deberían sacar merchandising solo mío-Reí altivamente.

- Bueno, ahora ya no. Ha engordado bastante- Siguió riendo. Risa a la que, inconscientemente, acabe uniéndome yo también.

Era tipo minifalda con vuelitos… pero en mi opinión podría haberse arreglado para darle un aspecto algo más provocativo. Algo que hiciera entrar, de forma instantánea, en época de celo a mi Monito (Lázaro) Algo tal que así:



Después de haberme lucido como si el suelo terroso hiciese las veces de la alfombra roja de Hollywood me desprendí de esas vestiduras y me puse algo más cómodo. Pues el conjunto oeste clásico no es lo que mejor me sienta, precisamente. Así que pedí a Esther alguna ropa desgastada y pasada de moda. Y efectivamente; me dio unos vaqueros y un top que parecían haber sido sacados de las profundidades de una cajoneta de la planta de oportunidades de una boutique conocida solo por la jefa, que a su vez es la dependienta del , no se si se le puede llamar negocio. Pero, en fin, estaba más cómoda. Después de todo, era lo que buscaba.

Los demás, por su parte, siguieron haciendo lo que antes. Por lo que me dediqué a internarme entre las bestias domestico-productivas que allí estaban. No sé si fue el olor a animal o qué; pero me dio un cruce de cables y, al ver a una piara de cerdos bien grandes, limpios y fuera de la pocilga, me pregunté cómo se sentiría una cabalgándolos. Sé que es una estupidez, y todavía no alcanzo a comprender el porqué de mi acción; pero el caso es que lo hice: me dirigí dispuesta a montarlo, sin más. Quería aprovechar, antes de que se revolcase en el fango. Porque si así lo hacía, ya, ni loca, me subiría encima, aún llevando una ropa tan démodé.

Como era algo muy tipo Dimas, este no tardó en darse cuenta de mis intenciones, me gritó para que esperase antes de subirme, lo cual alerto a los otros tres, que no quisieron perderse ni un detalle de la situación. Lo que quería Dimas era sencillo: Grabar semejante hazaña con el móvil, para así inmortalizar tan raro momento de mi vida. Yo me negué, pero él lo grabó de todos modos y lo montó. ¿Qué mejor cosa puedo hacer que colgar mi ridícula locura, para deleite de mis queridos vasallos. Una ocasión perfecta para reíros de vuestra aclamada princesa.



“si es que hasta hubo un momento en el que casi me pego un castañazo. ¿No visteis un momento en el video en el que me agarro al palo de una valla? Me sentía escurrir, y para evitar males mayores que el que dicho video volase por internet, me agarré. No quiero ni pensar que hubiera pasado si me llego a caer. Con lo famosilla que soy en mis círculos sociales, la prensa rosa no habría tardado nada en hacer eco de todo esto. Y acabaría apareciendo en las portadas de las revistas más importantes, programas cutres de cadenas basura y en los típicos basados en zapings. Sí, sé que pensáis que ha sido una lastima que no me cayese. Sois todos unas culebras”

Al final sí que tenían razón y he logrado despejarme y divertirme… Tener amigos en ocasiones jode, pero en otras es todo un alivio. Y es que aún no me puedo quitar de la cabeza la imagen de mí misma encarnando a una amazona porcina en toda regla. Además, si os fijais, esa imagen, es muy digna de aparecer en un cuadro de Andy Warhol; para iniciar una recuperación del tan atractivo e instructivo pop art.



De vuelta a casa me sentí liberada. Ocasión que no desperdiciaron estos tres para atravesarme violentamente con la frase que más odio en este mundo: TE LO DIJIMOS. Pero bueno, creo que eso es un indicio de que voy superando el mal momento griego que viví. Además mañana cumplo veintitrés años y pienso desmelenarme aún más. Es mi día y pienso exprimirlo al máximo, a pesar de saber que estoy más cerca de morir. Ains… la vejez es la tortura continua de las chicas espléndidas como yo. Pero en fin, Novio, amigos y fiesta..., ¡allá vamos!

Como moraleja de la experiencia he extraído: “Las chicas de ciudad no somos más que chicas de campo con abrigos de piel.”