Tranquilos,
tranquilos chicos. Como os había prometido el día nueve de este mismo mes, aquí
me tenéis de vuelta. Ni siquiera yo soy tan cruel como para lanzar un bulo
sobre mi regreso y luego dejaros plantados cual ultima patata del saco de un
granjero hambriento. Eso sería como dejaros lamer un poco de la dulce cubierta
de caramelo de un chupa-chups y luego
apartároslo diciéndoos que en breve os dejaré comeros el chicle que lo rellena.
No, yo no soy así. Soy una soberana inflexible pero amable con quienes sabéis
ganaros mi afecto.
Pues
bien, sé que os debo muchas explicaciones, ya que desaparecer un año y cuatro
meses no es normal... Sobre todo si tenemos en cuenta que vuestras vidas
necesitan de mi esencia para seguir adelante. Sin mí no sois más que una cascara
vacía, un ser que ha perdido su propósito en este mundo. Lo mínimo que puedo
hacer por todos y cada uno de vosotros es contaros mi experiencia y entenderéis
el por qué de mi tan repentina evaporación. Lo mejor es empezar unos meses
antes de todo el embrollo de la situación principal, es decir, la que realmente
interesa:
Si os
remontáis a los últimos días que di señales de vida, recordareis que Esther me
llevó a aquella casa cochambrosa estilo campestre. Sí, donde casi me parto la
cabeza por aquel cerdo que salió corriendo como si tuviese un cohete incrustado
en el culo, conmigo encima. Pues bien, la experiencia en aquel reino en el que
mi cetro, corona y manto pasaban a ser propiedad de la fauna y la flora del
lugar, no fue la estancia en el infierno que esperaba vivir al llegar allí. Lo
pase bastante mal, no os creáis que fueron unas vacaciones en Disneyland, pero
dentro de lo que cabe no fue tan desagradable. Mis amigos saben cómo hacerme
olvidar.
Unos
días después, de vuelta al insoportable mundo académico, me encontraba en un
estado la mar de soporífero. Moviéndome por inercia, más que por otro cualquier
motivo que se os pueda ocurrir. Pero la mañana del cuarto día de mi presencia
en la universidad, había quedado con Esther para desayunar, ya que disponía de
una hora antes de que empezase su clase de derecho penal. "Por favor... Si
yo me aburro a morir en historia universal, que la elegí yo, no me quiero ni
imaginar cómo sería verme obligada a estudiar la carrera de derecho. Me pegaría
un tiro en la sien antes de cumplir la segunda semana lectiva".
-
Bueno... digamos que no estás del todo recuperada, pero mejor que antes, desde
luego- Me dijo Esther, mientras tomaba un sorbo de café con leche, de una taza
de porcelana barata de bareto de facultad.
- ¿Tú
crees? Tanto que dice la gente de que el oxigeno del campo y la playa le hacen
sentir a una mejor y más rejuvenecida- dije con un deje dudoso- Eso es una
mentira más gorda que decir los bebés provienen de París. Mírame: unos días en
el campo y parece que he envejecido de golpe unos veinte años...- le reproché
mientras observaba la evidente aparición de arrugas en el entrecejo a través de
mi circunferente espejo de plata de ley para bolsillo.

-
Puede... que tengas razón. No estoy segura al cien por cien de todo este asunto-
suspiré al llevarme a la boca una magdalena.

Cierto
es que en el momento en el que me hallaba en aquella mesa hablando con Esther
aún me cuestionaba ciertas cosas y me sentía como una estúpida por seguir
sintiendo algo por ese patán, pero... volvamos nuevamente a ese punto de la
conversación y dejemos que el tiempo siga avanzando hasta hoy día con fluidez.
De ese modo entenderéis cómo fue posible el que una chica inocentona y
enamoradiza que aún suspiraba por un tío con su mejor amiga, pasa a ser la
chica independiente, a la que le importa una mierda todo cuanto un chico pueda
pensar de ella, ¿os parece?
- Que
sí muchacha. Si no te doy una bofetada. Verás tú que pronto se te quita la
gilipollez de encima- Dijo Esther firme pero con su característica carcajada.
- ¡No
tiene ninguna gracia!- la miré queriendo fulminarla.
"Dios,
no. Una bofetada deformándome mi cara de muñequita de porcelana... Una cara que
en un futuro podría proporcionarme infinidad de cosas. Sería una verdadera
catástrofe si le sucediese algo"- Temblé ligeramente a causa de esa
posibilidad tan indeseada.
En ese
mismo instante baje un poco la mirada, mientras aquella chica
simpático-agresiva seguía produciendo ese sonido, proveniente de su cavidad
bucal. Me percaté de que de su Louis Vuitton sobresalía un papel sospechoso.
-
Oye... ¿Qué es eso?- pregunte impaciente; señalando con los ojos en dirección
al bolso.
- ¡mmmh!-
intentó expresarse a mitad de otro sorbo de su café con leche. Tras depositar
la taza, prosiguió hablando mientras me alargaba el papel- Es el aviso de que
por fin se abren las plazas para la obtención de una beca Erasmus de la
universidad. Yo tengo pensado marcharme a Toulouse- Al decir el nombre de la localidad
francesa se le iluminó el rostro con una sonrisa que le daba la vuelta al
cráneo.
- Ah,
¿sí? suena interesante- afirmé asombrada al ver cuántos destinos, organizados
por facultades, figuraban en la lista- ¡Vaya, esta universidad dispone de
muchísimos convenios con universidades europeas¡- vociferé.
- Pues
claro. Es una universidad de lujo; no todo el mundo puede acceder a la
universidad privada con una de las cuotas y nivel de exigencia más altas del
mundo. Digamos... que solo la aristocracia más selecta puede acceder- bromeó-
¿Sabes? No estaría nada mal que te plantearas optar a una plaza e irte una
temporada. Así aireas un poco ese cerebrito perfumado que tienes y dejas de
pensar de una vez en tu relación fallida- La última palabra la dijo con
especial entonación.
Odiaba
que la chica soltara ese tipo de cosas cual lanzador de cuchillos borracho
hacia mí. Pero... la verdad es que en ese momento la idea no me pareció tan
descabellada. De hecho veía un nuevo sendero surgiendo bajo mis afligidos y
cansados pies.
- Pues
¿Sabes qué te digo? A parte de que, para ser la universidad de lujo que dices
que es, esta cafetería deja mucho que desear- dije pasando el dedo por el borde
de mi taza de menta poleo a medio terminar. Tenía muchas ganas de dejar
constancia de mi opinión del local- Que pienso irme también- Mis palabras
desbordaban decisión.
- ¡Así
me gusta chica. Apoyo la moción!- Dijo eufórica- Ahora mismo vamos las dos a
prepararlo todo.
-
Vaya... Pero la facultad de geografía e historia no oferta Toulouse como
destino en Francia. El único que ofertan de ese país es Lyon y solamente dos
plazas- dije con una entonación que dejaba bien claro que ya comenzaba a
flaquear mi gran decisión.
- ¡Eh,
eh, eh!... No te permito que tus emociones empiecen a perder gas- dijo dando un
golpe seco en la mesa, haciendo de tazas, platos y cubiertos vibrasen.
- ¿Cómo
quieres que siga manteniendo la ilusión si entre los dos destinos hay alrededor
de 600km?- aclaré con asombro- Eso son 5 horas en coche. Estás loca si piensas
que me voy a pegar un viaje de 5 horas en coche cada cierto tiempo. Se
maltratarían los vestidos que llevase a causa del cinturón de seguridad y mi pelo,
ya que siempre los malditos conductores se dejan las ventanillas abiertas.
Cuando llegase al destino parecería una pordiosera despeinada- concluí.

Un
silencio se apoderó por completo de la situación. "A veces me sorprende la
agudeza mental de esta chica. Lo tenía todo planeado desde antes de que yo
descubriese el papel en su bolso" Poco después sería roto por una
expresión apurada de Esther:
- ¡Oh,
mira la hora que es! El Sr. Báez me la armará gorda si oso llegar tarde de nuevo-
Dijo agobiada, tomando el último sorbo de su taza y estrellándola contra el
platillo debido a las prisas- Hablamos luego cari, pero este ya es un asunto
zanjado. Tú y yo nos vamos juntas a Francia.
Y con
eso, al mismo tiempo que se acomodaba el bolso en el hombro, dio por finalizada
nuestra conversación, sin que me diese tiempo a rebatir la decisión. "No
sé cómo lo hace, pero siempre ha de tener ella la última palabra...¡Agh, qué rabia!"- Ese último pensamiento simulaba un estado de furia falso, ya que
en el fondo me gustó la idea de marcharme, por un tiempo, de aquel vertedero
social que era mi país. Y, con una sonrisa radiante, me levante da la mesa y
comencé a caminar hacia mi facultad. Aún tenía media hora antes del comienzo de
mi primera clase.
Sorprendentemente
esta chica mueve muy bien los hilos exactos para que la burocracia avance rapidísimo
a través del tiempo: papeles, seguros, pruebas de idioma... Todo pasó como si
se tratase del vuelo de un colibrí. Y cuando quise darme cuenta, allí estaba:
en la residencia estudiantil de Lyon.

-
Perdona... Pero, quiero ir al baño...
Vamos.
Yo la miré de una forma... que reflejaba la muerte inminente que pretendía
darle.
- ¡¿Pero
usted es tonta?! ¡¡¡¿¿¿Ve que estoy colocando lo que pretendo comer y espera
hasta el último momento para decirme que desea miccionar???!!!- Estaba
totalmente fuera de mi. Yo creo que si el canibalismo no fuese delito penado la
habría devorado cual bestia indomable allí mismo, bajo la sorprendida mirada
del resto de pasajeros y azafatas, que quedaron de piedra oyéndome gritar como
una posesa.
Naturalmente
la dejé salir, pero no sin antes dedicarle un pensamiento: "Ojalá seas
succionada por el vater del avión..."
Eso sí,
durante el resto del viaje la señora no apartó, ni un solo instante, la mirada de
la ventanilla. Eso estuvo más que bien. Disfruté de un vuelo sin más
sobresaltos.
Llegué
muy cansada, pero la habitación de lujo que apareció ante mí, una vez abrí la
puerta, logró sacarme la sonrisa más brillante que había tenido en siglos. Dejé las maletas sobre la cama y me dirigí hacia la ventana de altura
considerable, ya que llegaba desde el suelo hasta casi dos centímetros del
techo, con doble hoja, y la abrí dejando entrar el dulce aire vespertino.
Alucinando por el paisaje que se extendía desde el pequeño balconcito de hierro
forjado en el que me encontraba hasta donde alcanzaba a vista. En ese instante
supe que aquel iba a ser el perfecto inicio de un periodo inolvidable para mí.

A
partir de ahí el tiempo voló sin remedio, llenísimo de experiencias: Las clases
de medieval en francés con aquel vejestorio amargado que, según él, para
facilitarme el estudio de la materia, me daría un libro de 700 páginas que
tendría que leerme entero y que de ahí saldrían mis preguntas para el examen
"Joder... Si tengo que estudiar más que un alumno de la universidad; y
además en una lengua que no es la mía. Facilitarme el estudio dice... ¿Dónde
está el arsénico? Quiero morir" Las interminables borracheras en las
discos con mis compañeros de residencia y facultad, los múltiples tíos
buenorros que pasaron por mi cama, ya que esa la convertí en mi etapa
putiférica, las quedadas con Esther en París... En fin que fue una gran
experiencia. Y realmente necesitaba evadirme durante un tiempo. Gracias a todo
eso he logrado convertirme en la chica que os dije que ahora soy y que, por
supuesto, estoy orgullosísima de ser.

- Hola-
grité en medio del gentío.
El
chico se acercó a mi e hizo alguna señal para que me percatase de que me había
escuchado. así que proseguí:
-
Verás... Estoy interesada en probar la absenta desde hace mucho. Lo he visto en
pelis y me da mucha curiosidad ver su efecto en mí misma.
- ¿Cual
deseas?- me preguntó.
- No
sé... Estoy de Erasmus. ¡Qué demonios!, déjame la más fuerte que tengas- sonreí
altivamente.
No
tardó ni un minuto en enseñarme una botella.
- Esta
es la absenta negra. Es la más fuerte de todas. Contiene un 98% de alcohol
¿Estás segura que quieres tomarte esto?- me miró como si no creyese que podría.
- Claro
que sí- le desafié.
Agarré
con fuerza el vaso de absenta, ya flambeada (para que se redujesen los grados),
y, para presumir, me lo bebí de un trago. De pronto un ardor insoportable me
bajó por la garganta. Tenía la sensación de que me había tomado una copa de la
colonia nenuco con colorante. Un ataque de tos agresiva me sorprendió.
- ¿E...Estás...
bien?- preguntó el barman con preocupación.
- Que
sí- dije entrecortadamente, depositando el vaso nuevamente sobre la barra con
un golpe seco- Ponme otra, porque esto no sube en absoluto.
- ¿Qué
dices? Estás loca. Eso es una bomba de relojería para alguien como tú- dijo
retirando la botella.
Antes
de que se diese la vuelta agarré la botella con fuerza y dije:
- He
dicho que me pongas otra- Mi tono era extremadamente desafiante. Creo que ya me
empezaba a hacer algo de efecto.
El
chico se resignó y me la sirvió. Pretendió quemarla como la anterior pero le
arrebaté el vaso antes de que le diese tiempo a realizar la acción.
Dejé
nuevamente el vaso en la barra. Y esta vez me di la vuelta como buenamente pude
y me encamine, tambaleándome, al barullo, hasta que me perdí entre la multitud.
Esther
estaba intentando ligar con un alemán que chapurreaba francés, hasta que me
agarre del hombro de ella y descargue todo mi peso.
- Hola,
guapa... Te quiero... jajaja- Dije ebria total.
- ¡Uy!
Nuestra señorita creo que tiene problemas- rió- A ver... Siéntate- decidió Esther,
realizando inhumanos esfuerzos para llevarme hasta un butacón cercano- ¿Qué tal
estás, cariño?- quiso cerciorarse de mi estado.
-
No...me encuentro muy bien- Las luces y el sonido de la discoteca se mezclaban
para formar una vorágine extrañísima que se movía por sí sola- Estoy muy
mareada... Tengo ganas de hacer pisssss- reí como si la vida me fuese en ello.
Y de
ahí ya no me acuerdo del trayecto entre el butacón y el baño. Solo sé que mi
mente conserva un recuerdo muy patético en el que yo me encontraba en uno de
los cubículos del baño de chicas de ese antro, sentada en el vater, con la tapa
bajada y sin bajarme las bragas. Intentaba orinar tal cual. Hasta que Esther
se dio cuenta y entró para subir la tapa y bajarme a mí las bragas mientras yo
trataba de abrazarla riéndome y medio muerta, esparramada, con las piernas
abiertas en aquel hueco sin apenas ventilación, mientras otras chicas miraban
al interior del cubículo a ver qué sucedía.
- ¡Vamos
Heathy, colabora un poco!- decía intentando mantenerme el cuerpo derecho, una
vez logró bajarme las bragas, para que pudiese orinar.
Después
de eso, recuerdo que estábamos subiendo las escaleras que llevaban a la calle,
ya que se trataba de un subterráneo, mientras dos chicos me sostenían de los
brazos para asegurarse de que daba los pasos rectos, pero con aquellos
taconazos era imposible... así que la imagen era como si estuviese pisando
huevos. Y Esther se mantenía mi espalda, por si me daba por tirarme hacia
atrás.
Cuando
llegamos arriba y note la fresca brisa nocturna, perdí el conocimiento. Esther
dice que su rollo alemán me llevó en brazos. Y así debió ser, porque a la
mañana siguiente me desperté en mi cama con un dolor de cabeza y estomago... de
mil pares de narices.
Y ese
ha sido un resumen de cómo es que no he escrito en tanto tiempo ¿Entendéis
ahora?. La Erasmus ha sido una de las experiencias más gratificantes de toda mi
vida. Quitando, claro está, algunas cosas como lo de la borrachera a base de
absenta que no le deseo a nadie.
Y aquí
me tenéis de vuelta, para seguir compartiendo vivencias con vosotros. Os recomiendo,
chicos, que, si tenéis oportunidad os vayáis de Erasmus. Es algo increíble.
La
moraleja de hoy es "Una Erasmus siempre será un paréntesis en tu vida para
hacer lo que te salga de los ovarios o huevos, dependiendo del sexo que seas.
Porque nunca se volverá a repetir"
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