¡¡¡HOLA, PUTAS!!!. La reapertura de mi habitación está muy próxima. Espero que las zorritas estéis muy atentas, porque se avecinan cosas muy interesantes en la tercera temporada...

viernes, 6 de septiembre de 2013

Capítulo 15: Conciencia, ¿por qué existes?

Hola de nuevo, mis bomboncitos de chocolate. Espero que no os hayáis derretido por este calor infernal que ha empezado a hacer ahora que empieza la temporada lectivo-laboral, ni que os hayan entrado ataque de ansiedad aguda por la falta de cotilleos sobre mi existencia. Con respecto a eso yo he de decir que no he estado por estos lares en todo este tiempo; me marché a Hawaii de vacaciones estivales. Me hacía falta alejarme del estrés mundano y la polución ambiental que conlleva vivir en la ciudad (aunque yo vivo en el extrarradio, en una fabulosa zona residencial, repleta de verdor, mansiones y chalets. Pero aún así se nota las vibraciones estresantes de la urbanidad)

La verdad es que estuvo muy bien eso del viajecito veraniego: palmeras, aroma a coco, cantos de aves machí, cócteles en abundancia, cuerpos masculinos, bien torneados, bronceados y sudorosos llamándome a gritos "Ains... ese sexo tropical no ha estado nada mal..." En fin, todo lo que se suele hacer en cualquier isla paradisiaca lo hice y más. Pero este no es el tema central de la experiencia que os tengo que contar, solo es un mero justificante de por qué no he escrito desde marzo. Entre exámenes, graduación y vacaciones no he tenido tiempo. Y creedme que me debatí entre daros señales de vida contándoos, experiencia por experiencia, mi estancia allí o disfrutar tumbada en una hamaca al sol... Y claro, finalmente decidí mandaros a freír espárragos a vosotros y disfrutar yo. Que soy la que importo en todo esto.

Realmente tengo mucho que contaros en cuanto a la graduación. Fue un acontecimiento muy jugoso de cotilleos miles... Pero eso será en la siguiente cita que tengais conmigo, mis adorables pacientes, ya que es algo tan maravillosamente criticable que prefiero reservar todo un capítulo solo para ese hecho.

Ahora bien, vamos al meollo de lo que nos interesa realmente para la sesión de hoy. Hay que retroceder pues hasta el viernes 26 de abril para que nos podamos situar y comprender mejor en la situación:


Esther, como siempre, tenía unos contactos que le habían facilitado unas entradas VIP para una fiesta de temática cincuentera, en las que se iban a servir canapés y bebidas varias "Esta muchacha tiene más contactos que una relaciones publicas en su máximo apogeo. Claro, es guapa, lista y se sabe abrir de piernas en los momentos oportunos, para que el cohete que se introduce en la vagina no sea más que un medio para trepar lo más rápido posible en el tortuoso y pedregoso monte social" Dijo que las había conseguido a través de unos amigos que trabajaban allí, en el local. Si claro... Mientras, yo estaba más agobiada con los exámenes, que una fumadora a la que solo le queda un cigarrillo en su último paquete, es domingo y la expendedora más cercana esta averiada y no dispone de coche para desplazarse. Así que imaginaos como tiene que ser para que yo esté más estresada que esa pobre hipotética mujerzuela. Así que decidí aparcar por unas horas los más que pedantes libracos y dedicarme algo de tiempo a mi flamante persona, que falta me hacía.

Nos pusimos de acuerdo y fuimos a diferentes boutiques especializadas en atuendo por épocas. Y como a ambas nos encanta llamar la atención nos dimos una serie de paseitos con diferentes modelos, a lo pretty woman, marcando poses estilosas entre insultos y risas. Haciendo que las dependientas nos miraran como si llevásemos encima tres o cuatro anfetaminas.

Finalmente, después de tanta parafernalia cinematográfica, por fin nos decidimos: Esther adquirió un vestido medio corto, con escote corazón, negro con detalles en rojo y motivos lunarescos en blanco. Coronándolo con un peinado pin-up, incluyendo su tupé a rizos correspondiente.
 Mientras, yo por mi parte, elegí un vestido blanco perla a capas drapeadas, de seda y organdí, delicados bordados en el escote, también corazón, y un bajo de nubes, del cual se sacó un tocado que brillaba por sí mismo, y unos zapatos de tacón de aguja, acabados en punta y forrados en raso de plata rota. Todo un diseño muy delicado.







Eran las 8:45 p.m. y ya estábamos dispuestas a aventurarnos puertas afuera, para comernos la ciudad nocturna. Tomamos un taxi, pero antes de ir a la fiesta, se nos ocurrió la idea de cenar algo, pues yo no estaba dispuesta a que me andara resonando el estomago toda la noche. Menuda falta de glamur y clase sería "Hola, soy Heather... Grrrgrugrugru...(sonido de tripas)" ¡Ay, no!. Qué vergüenza...

Finalmente decidimos parar en un chino. Pensamos que la comida era buena, rápida y estaba a dos pasos del establecimiento al que teníamos planeado ir después de la cena. Nos sentamos en una mesa lejos de la marabunta "¡Agh!... odio la muchedumbre. Le agobian a una sin necesidad, para cenar sin que las calorías te hagan parecer gorda se necesita paz y tranquilidad mientras se ingieren los alimentos."


Comimos tranquilas, entre comentarios con respecto a la gente que nos rodeaba. Al acabar, y mientras esperábamos la cuenta, como casualmente estábamos en una mesa desde la que se podía ver el interior de la cocina cada vez que se abría la puerta para dejar paso a los múltiples camareros que atendían el restaurante, en ese instante, al mirar a puntos perdidos, sin saber exactamente el qué, mi mirada fue a dar al interior de la cocina. Solo fue un segundo, pero fue suficiente para percatarme de que allí dentro se hallaban dos o tres jaulas con lo que parecían gatos. Mi mente no lo quiso creer al principio. Necesitaba verlo una segunda vez para que mi cerebro refutara lo que mis pupilas habían reflejado en él.

-¡Pst!- Llamé la atención de mi compañera de mesa, ocultándome tras la carta de postres- Fija la mirada en la puerta de la cocina y espera que se abra. Cuando lo haga, observa y dime si lo que hay apilado dentro es lo que yo creo- Susurré con energía.

 A Esther le costó un par de segundos asimilar mi extraño comportamiento, pero luego acató mis instrucciones y se limitó a obedecerlas.

-¡¿Son gatos?!- Preguntó violentamente sorprendida, a la vez que se echaba hacia atrás y se llevaba la mano derecha a la boca- No puede ser...- Negó horrorizada.

- Sabía que lo eran- Confirmé con una mezcla de asco y satisfacción por haber tenido la razón. Aunque, sinceramente... en esta ocasión me habría gustado equivocarme. No sé por qué, pero me habría gustado- ¡Y es que, además hay una pequeña cría. Esto es inadmisible!- concluí sumida en la más espesa indignación.
"Vete tú a saber si nos han colado uno en la comida... no lo quiero ni imaginar. Que repugnante. ¿Yo?... ¿Comer ese tipo de animales? Eso es de indígena salvajiento, muerto de hambre"

Para estar completamente segura de que lo eran, disimuladamente cogí mi bolso y me levanté rumbo al baño, como quien no sabe nada. Ya que el baño estaba justo al lado de la cocina y las paredes son como compresas extrafinas; se oye todo. Esther se negó a acompañarme, pues pensaba que resultaría muy descarado ir juntas al baño y dejar la mesa sola. Podrían pensar que nos íbamos a marchar sin pagar el importe de la comida "Por favor... Ni que tuviésemos la necesidad de ser vulgares rateras, hurtando víveres por doquier. Además... la comida de este sitio no es en absoluto saludable; sobre todo si se demuestra la utilización felina en los resultados finales del emplatado. No estaría mal ayudar a los pobres negros del tercer mundo con la comida que estos chinorris producen, después de todo... a ellos les da igual ocho que ochenta. Lo importante es que tengan algo para llevarse a la boca. Pero, ¿nosotros? Por favor... no hay derecho que haya esta clase de restaurantes en una ciudad plenamente desarrollada. En la que damas como yo nos veamos rebajadas hasta tal punto que tengamos que sopesar la idea de que, quizá, nos hayan introducido carne gatuna en el plato. El libro de reclamaciones reventará con mis quejas al salir de aquí, lo tengo claro."

Al llegar al baño, me lavé las manos para que una señoritinga que estaba allí, haciendo yo qué sé que, no sospechase mis verdaderas intenciones. A la vez que me miraba al espejo, concentrándome en el ruido que provenía de detrás del fino muro, decorado con lozas baratas de un blanco sucio, con adornos en azul celeste en forma romboidal. 

Efectivamente, tras el ruido de gente correteando, chino mandarín a gritos y golpeteo de cacharros de cocina, pude advertir un acallado, pero desesperado conjunto de maullidos. En su gran mayoría maullidos de gatos adultos. Mas, entre ellos se podía escuchar también a un cachorro que luchaba por ser detectado por algún rescatador entre tanto barullo.

Ya no quedaba duda alguna de que lo que ambas chicas habíamos visto momentos antes era algo verídico. Quedé horrorizada con dicha confirmación. Tanto que mi mente quedó bloqueada, sin saber qué hacer. Así que actué por inercia y salí del baño con un ictus inexpresivo. Parecía que estaba recién rellena de botox y no podía reflejar en mi rostro ningún tipo de emoción. Me había quedado pétrea, aferrada a mi bolso como si mi vida dependiese de ello.

Según asomé mi cuerpo por el umbral de la puerta del aseo, me acerqué lo más velozmente a la chica que mantenía la expectación, mientras conservaba una postura lo más finamente cómoda posible en la silla.

- ¿Qué pasó? ¿Eran o no?- Preguntó impaciente.

- ¡Tssss. Baja la voz que te van a escuchar!- Le advertí haciendo una sutil señal a las personas que estaban comiendo a nuestro alrededor, para finalmente acabar señalando la puerta de la cocina- Venga, tía. Vámonos de aquí ya; pero ya ¿eh?- Le espeté, con más nervios dentro de mi cuerpo del que podía disimular. Tenía que salir de allí o se me notaría sin remedio.

Tras pagar la cuenta, nos fuimos como alma que lleva el demonio de ese antro sin escrúpulos. Tanto que se me olvidó quejarme en el libro de reclamaciones, y no dijimos una sola palabra durante el corto camino que tuvimos que recorrer para llegar al lugar inicialmente planeado. No nos quisimos meter en rollos legales, así que decidimos no llamar a la policía y mucho menos denunciarles. Después de todo, ojos que no ven, corazón que no siente. Pensamos que lo mejor era irnos y olvidarnos de aquello. "Lo había visto en documentales... Pero nunca pensé que todo esto fuese verdaderamente real, sino una especie de reality show televisivo para entretener y conmover a las masas de forma fácil y barata, como sucede con Gran Hermano. Me siento asqueada. ¿Y si uno de esos animaluchos estaba enfermo y fue a parar a mi plato? No, no, no. No me voy a emparanoiar con ese asunto, que bastante tengo encima con la universidad y demás. Si lo hago me volveré loca y los locos no tienen sentido del saber estar, la cordialidad, los modales, ni nada por el estilo. No quiero acabar convertida en una zombie mantenida por el estado. Eso acabaría con mi vida. Es un suicidio emocional y social..."

Una vez llegamos perfectamente ataviadas y maquilladas a la fiesta en cuestión, sobre las 10 p.m., bailamos un par de canciones de los cincuenta, hasta que se nos acercó un ser humanoide de sexo opuesto que tenía pinta de ser todo un pesado. Se veía a leguas sus impuras intenciones con nosotras.

- Hola, me llamo Fede- Sonrió dentro de lo que él creía elegancia, mientras se arreglaba el pelo engominadamente grasiento- ¿Y vosotras?- Sus ojos brillaban en mitad de las luces de discoteca como las de un macho en celo en busca de un agujero en el que poder introducir su miembro viril.

- Hola...- Le respondió Esther con súbito interés. adoptando un tono de voz picantón de chica fácil- ¿Cómo estas, guapo?- preguntó mientras acortaba la distancia que existía entre ellos, cada vez menor.

- ¿Te apetece bailar?- Le ofreció el fracasado, con un tono triunfante, seguro de su patético logro.

- Sí... ¿Por qué no?- sonrió.

Esther se dispuso a ir tras él, pero antes de que pudiera dar un paso más, la agarré fuertemente de la muñeca.

- Pero, ¿qué haces?...- Le susurré, exigiéndole una explicación para un hecho tan insólito como el que allí estaba ocurriendo en aquel momento- Creía que tenías el gusto más refinado, pero ya veo que aunque te pulan y te bañen de oro, de nada que te raspen un poco se te ve el cobre del que estás hecha. Pensé que una temporada viviendo con tu tío te había vuelto una señorita... Pero sigues actuando como la chica de clase media de la granja de la que saliste.

- ¡Calla!- Gritó secamente, girando la cabeza hacia la dirección en la que se encontraba el adefesio para sonreírle y saludarle disimuladamente mientras hablaba conmigo- ¿No ves la ropa que lleva puesta, es nueva de Armani, al igual que los zapatos. Y si te fijas bien en su chaqueta... tiene un bulto muy sospechoso- sonrió- Apuesto a que su cartera esta repletita de billetes relucientes. Si soy capaz de jugar bien mis cartas, quizás saque algo bueno de todo esto. Como yo siempre digo: No importa si es feo, el dinero embellece al primate más salvaje.

Tras esto, se giró dedicándome un "Ciao", un beso volado y una sonrisa. Perdiéndose entre la muchedumbre discotequera.

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Y allí estaba yo, en un antro subterráneo, semioscuro, escandaloso y apestando a humanidad "Si lo llego a saber no vengo". Es cierto que la soledad se siente más cuanto más rodeada de gente estés; una se siente invisible para todos... y esa sensación no se hizo para mí. En tal caso no me podía mover por miedo a ser acosada por otro nerd como el que se llevó la cascos ligeros.

De pronto, mientras me dejaba envolver por aquella estridente música de DJ barato, me sorprendí a mí misma recordando a aquel cachorro de felino indefenso dentro de la jaula "¿Esto es lo que la gente llama remordimiento de conciencia? Pues vaya... Es un sentimiento la mar de molesto. Quisiera no ser blanco fácil de este tipo de sensaciones. Son muy extrañas"

El pensamiento, la gente y el lugar en sí acabaron por abrumarme de tal modo, que no tuve otra opción que salir de allí a tomar algo de aire fresco. Cualquier cosa estaría mejor que el insoportable agobio de sentirme encerrada allí abajo. Era eso o beberme un par de copas. Y, la verdad, la comida del chino no me había dejado el estomago muy receptivo a las bebidas espirituosas.

Al salir de allí, fue como si el viento me diese una suave caricia en la cara. Un alentador y reconfortante empujón para seguir adelante con lo que empezaba a parecer una noche inacabable. Pero, a pesar de todo, mi mente seguía reflejando imágenes de aquel diminuto ser, maullando de desesperación. Y por muchos esfuerzos que trataba de llevar acabó para acallar la voz tan irritante que resonaba dentro de mí, ésta cada vez gritaba más y más fuerte.

Confusa, miré el reloj. Eran las 10:45 p.m. Y, antes de que mi cerebro quisiera darse cuenta, mi cuerpo ya estaba caminando sobre sus pasos, en dirección al restaurante donde habíamos cenado. Si esa era la única forma de acallar esa maldita voz y dejar de sentir esa sensación tan horrible, yo misma rescataría a esa bola de pelo chillona. Pensé en qué pasaría con Esther, pero luego, al pensar en que ella no dudó un solo segundo en dejarme en mitad de aquel lugar completamente sola, yo tampoco dudé en marcharme. Después de todo ya es una mujer con la vagina depilada a la brasileña..., así que se las arreglaría muy bien para llegar a casa.

Por suerte, aún estaba abierto el palacio oriental de la comida medianamente rápida. Me colé en el interior y me dirigí velozmente al baño, esquivando a las miradas indiscretas de los pocos comensales que aún yacían allí, devorando las ultimas migajas de sus platos y de los camareros, que ya empezaban a pasar paños por las mesas vacías y a recoger las mesas que habían sido ocupadas anteriormente.

Mi estancia en el baño tan solo duró unos segundos, pues salí de ahí como si fuese un cliente más. De hecho salude al infinito, con la mirada perdida, a alguien inexistente, para que los camareros que me miraban intermitentemente no sospechasen nada. Aprovechando para irme arrastrando, poquito a poco, cual culebra acercándose a su presa, hacia la puerta de la cocina. Hasta que llegué y me escurrí por esa zona restringida a todo aquel que no fuese personal del establecimiento.


Utilicé una torre de cajas de latas de refresco para refugiarme de la detección de cocineros y camareros que encontré una vez pasado el umbral. Allí estaban, podía divisar las jaulas amontonadas desde la posición en la que me encontraba. Al principio dudé si abalanzarme o no sobre ellas, pero simplemente cerré los ojos y me precipite como loca a recorrer la distancia que había entre ambos puntos. Y antes de que nadie pudiese decir nada ya había liberado a los cinco gatos adultos y cogido al pequeño entre mis brazos. Aquello se convirtió en un momento digno de formar parte de un programa de humor: Los camareros fueron perfectamente conscientes de mi presencia allí, pero, o me detenían a mí o trataban de recuperar todos los gatos, que trataban de buscar una salida por la que escabullirse de tan cruel destino.

Aprovechándome de la confusión, me entró la fiebre heroica y salí corriendo hacia la puerta de la cocina y le pegué una fuerte patada con mis preciosos zapatos de tacón, facilitándoles a los desquiciantes y desesperados vichejos su huida, a la vez que complicaba su captura a los camareros y cocineros que corrían tras ellos como coches sin frenos. La poca gente que aún estaba en las mesas se levantó de golpe y los camareros que recogían las mesas dejaron de hacerlo y trataron de cortarme el paso, antes de que lograse llegar a la salida.

-别逃走! 跟随她啊! (¡Que no escape. Vamos tras ella!) 她称呼警察以前我们必需抓获她! (Tenemos que atraparla antes de que llame a la policía)- Parecía decir un chinorris obeso que creo que era el que manejaba el cotarro allí dentro.

Yo, prácticamente no sé lo que pasó tras de mí, ya que en ningún momento me detuve a mirar. Simplemente corrí hacia la salida lo más rápido que los tacones me dejaban, con el cachorro bien sujeto. Y no paré de correr una vez me encontré fuera del establecimiento, sino todo lo contrario. Me extralimite. Hasta tal punto en el que los tacones ya me estorbaban en lugar de ayudar. Los pies me dolían a horrores y me los notaba hinchados... así que, prescindiendo de toda etiqueta me los quité como pude, pues estaban algo apretados por la hinchazón, miré los afilados tacones y, en medio de la confusión y la desesperación, los quise usar como arma blanca con mis tan persistentes acosadores orientales. Así que se los arrojé "Dios, qué lástima... Un par que ha costado una fortuna, totalmente desaprovechados. Si al menos le hubiera dado a alguien..."

Cuando ya me encontraba bastante alejada del mugroso restaurante, entre jadeos y murmullos emitidos por mí, pude oír a uno de ellos gritar:

- 你停! 操你! 给我们那只猫啊! (¡detente, puta, no hagas la situación más difícil y entrega al jodido gato!)- Lo expulsaba de su boca con todas sus fuerzas; de una forma que provocaba, de cuando en cuando, que la voz se fuese.
(Si os estáis preguntando como coño es que sé chino, ahora tan de repente, la respuesta es bien sencilla: Al llegar a casa, tenía una imperiosa curiosidad sobre que frases tan elocuentemente delicadas, véase el sarcasmo que intento transmitir, que me dedicaron esos locos. Así que me conecté a skype y esperé que un amigo que tienen mi querido Dimas y Hideki, hiciese acto de presencia. Se trataba de Joaquín, un chico de clase media alta, con dejes de riquillo frustrado... Pero, a pesar de eso y de ser amigo del joputa de Hideki, me cae bien, por eso sigo en contacto con él. En este momento lleva ya dos tediosos años trabajando para la universidad de Changchun, un lugar en China, cerca de Corea del Norte, en el que ejerce como profesor de español "Pobre desgraciado... Dando clase a chinorris pasotas que no levantan un palmo... Pero claro, con todos los chanchullos que hay dentro de esa universidad... todos pasan exitosamente de curso. Ay de lo que se entera una... Ya os contaré, en alguna entrada exclusiva del tema en cuestión. Pero, vamos, que todo sabéis que la palabra "soborno" en China...no es que suene mal, precisamente. Ahí lo dejo" El caso es que se conectó y yo le pronuncie las frases como mejor pude. Así que llegó a la conclusión de que a lo que más se parecían mis balbuceos occidentales eran a esas frases que os he puesto entre paréntesis. Desde aquí, muchas gracias Joaquín. Ya hablaré de ti y Changchun en alguna entrada futura. Mis lectores merecen saber en la mierda de país que estas metido. ¡Besitos!)

Imaginaos a vuestra pobre abeja reina... corriendo descalza por el rasposo asfalto, ocultándose entre los coches para no ser hallada. Pues, después de tan elocuente frase, el gordo mandamás desperdigó otros clones chinorris, como si se tratara de extensiones de sí mismo, para que intentaran atraparme. Y, entre que los pies me dolían, la responsabilidad de proteger al cachorro y que mi precioso vestido, blanco perla, empezaba a no ser tan blanco, mi histeria iba en aumento. Cuando me di cuenta ni siquiera tenía le tocado y empezó a llover. Nada podía ir peor... Mi rímel de Max Factor, chorreaba mejilla abajo, mientras culpaba al gato de todo lo que estaba sucediendo.




De pronto, dos de los secuaces de aquella bola de grasa estuvieron a punto de cazarnos. Pero, reuní las pocas fuerzas que me quedaban y corrí. Pasando, casualmente, ante una comisaría. Y, al oír el barullo que causábamos, los agentes salieron de allí para ver que sucedía. Ahí fue donde acabó todo. Pues capturaron a esos dos y yo desembuché todo lo que había vivido y visto en ese antro de mala muerte.

Finalmente, el restaurante fue cerrado y los que lo regían encarcelados. Porque resultó que era un establecimiento que blanqueaba dinero. A mí y a esa cosa peluda nos llevaron a casa, me di un baño caliente y me senté a ver la tele sin saber absolutamente nada de Esther. Al día siguiente regresó despeinada y con el sujetador en la mano. Juzgad vosotros mismos. "Si es que cuando digo que es una chica fácil... no lo digo de manera ambigua"

En cuanto al señorito, aquí sigue conmigo, meses después. Nos hemos hecho muy buenos amigos él y yo. Creo que de ahora en adelante tengo un nuevo compañero de aventuras vitales y eso me anima. Después de todo, la fatídica noche mereció la pena vivirla. Ya tiene puestas las primeras vacunas  se a adueñado de la casa... Sorprendentemente es como yo. Por cierto, como es blanco y rubio, me recordó a un caramelo de nata... así que pensé en llamarlo Caramelo, pero me pareció muy vulgar... necesitaba un nombre fino,  con clase. Así, que después de mucho pensarlo, le he puesto Liquirizia, que significa Regaliz en italiano. Como es tan largo le llamo simplemente Liq. Es un nombre original, al que se le añade la clase de ser italiano. Una lengua romance muy especial.


Antes                                                                                 Ahora
                                          

Así que ya veis chicos. Vuestra princesita tiene un nuevo compy. Naturalmente tengo muchísimo más que contaros, referente a estos meses: graduación, estancia de Joaquín en China y otras anécdotas que Liq ha ido haciendo a lo largo de todo este tiempo. Pero ya estoy cansada y quiero hacer algo de pilates hoy. Os dejo, mis dulces. Pronto nos veremos nuevamente. Se os quiere por interés. Besitos a todos.

La moraleja de hoy es: "La conciencia no es más que una carga absurda. Si puedes, intenta ahogar la voz a base de cócteles"

viernes, 29 de marzo de 2013

Capítulo 14: Welcome to Widowland!


¡Madre mía, chicos! No sabéis lo que he tenido el disgusto de presenciar esta semana: Resulta que fuimos, Esther y yo, a unos grandes almacenes que estaban a punto de cerrar por haber entrado en quiebra "Por favor..., esto de la crisis es implacable. Sobre todo en países como el mío. Que parecen ser el cagadero de países con mayor capacidad de recuperación. Véase el caso de Alemania. Parece que todo el polvo que barre de su territorio nos lo manda cual tormenta. Más bien somos la alfombra en donde dichos países esconden su porquería, además de tener que cargar con la nuestra propia: Sobornos, estafas, nepotismo... Ahora que me lo replanteo... A mí no me afecta nada de eso ¿Por qué coño lo estoy reflexionando?" El caso es que tenían las puertas abiertas con un cartel de LIQUIDACIÓN TOTAL que atraía a la gente como moscas a la miel (Bueno... yo soy la abeja reina, no me puedo comparar con bichos de vertedero. Para eso está ya la gente de clase media, media-baja y pobre)

Nos costó entrar en aquel edificio atestado de gente ordinaria intentando saquear, de manera legal, el sitio en cuestión, pero con el tiempo fuimos avanzando. No había nada que pareciese de especial relevancia que se diga... Aquello parecía la planta de oportunidades de un tugurio comercial provinciano, alejado de la mano de cualquier dios que se dignara a tener un mínimo de sentido de la moda. Estuve a punto de agarrar a Esther de la mano y esprintar tanto como me fuese posible hacia el cartel de EXIT más cercano que mis ojos alcanzasen a encontrar.

Estuve un buen rato buscándola entre aquel montón de gente. Que volvía a dejarse llevar por sus instintos más primarios, defendiendo los artículos que lograban recopilar en sus carritos metálicos (la escena era digna de grabarse y verse luego en cámara lenta) De pronto, como si Moisés me poseyera, aquel mar de personas se abrió "El consolador que llevaba en el bolso debió actuar como el garrote que llevaba ese hombre desgreñado" Y allí estaba la chica desaparecida. Luchando con una mujer de mediana edad con tanto maquillaje encima que parecía que una integrante de una cutre comparsa caribeña multicolor le había explotado encima.

- ¡Que no. Yo las he encontrado antes!- Gritaba Esther, tirando de un par de zapatos Robert Clergerie, intentando atraerlos hacia sí.

- ¡Pero, ¿qué estás diciendo niña? Yo  he estado haciendo cola en la entrada desde las siete de la mañana. Si alguien tiene derecho a llevarse estos maravillosos zapatos esa soy yo!- concluyó la mujer, de manera tajante.

- ¡JA!- Esther se irguió como si de un tótem se tratase- Si fui capaz de decirle a una anciana en la cola del supermercado, que trataba de colarse con la típica excusa de vieja de que tenía las lentejas al fuego, que yo también tenía prisa porque me había dejado el skype abierto, ¿qué le hace pensar a usted que le cederé este par de joyas?- le desafió con voz firme, pero muy calmada, acompañada de una mirada penetrante "En comparación a la voz tan tensa y alta que mantenía hace un rato, esta parece que es la voz que se te queda cuando te han inyectado una buena dosis de morfina ¿qué le habrá pasado"- ...y, ahora...- continuó la chica con el tono convertido casi en un susurro, bajo la atenta mirada de los allí presentes- ¡DEMELOS SI NO QUIERE VER A UNA DAMA CONVERTIRSE EN LA BARRIOBAJERA MAS PUTA QUE PUEDE HABER EN ESTE MUNDO!- La frase, junto con la repentina y excesiva subida de tono, rompió con toda posibilidad de calma que hubiera podido haber en los minutos anteriores.

El bullicio que antes reinaba en aquel local, ahora se había convertido en un silencio absoluto, solo roto por un "uyyyy" de asombro, emitido por una vieja maruja que se refugiaba entre la expectante multitud. La tensión era tan grande que podía cortarse con un quita-cutículas.

De repente la mujer se llevó la mano al pecho y se tiró al suelo, retorciéndose de dolor, entre estridentes gritos que llamaron la atención de la seguridad y el personal del lugar "Si a esta vieja le da un yuyu aquí en medio, a la empresa le caerá un puro de los gordos"

A Esther se le notó la preocupación en el rostro y pareció olvidar la importancia de los zapatos, porque salió corriendo a asistir a  la señora. Dejó los zapatos a su lado , a la par que se agachaba para comprobar el estado de la afectada.

- ¡¿Está usted bien, señora?!- se la veía agitada, mientras apoyaba la cabeza de la mujer en su regazo y no dejaba de mirarla. Yo es que no salí al foco de atención porque, por muy amiga que sea Esther, no quería verme envuelta en semejante escándalo. Yo, sinceramente, habría aprovechado la oportunidad y habría salido corriendo con los zapatos. Ya les cargaría el muerto a los seguritas y dependientes de la tienda. Creo que ese es un gran punto débil de Esther.

La mujer, poco después de haber montado todo aquel circo, hizo un ademan de reincorporarse y se puso de rodillas en el suelo, llevándose la mano a la cabeza.

- Sí, sí... Gracias querida. Solo es un poco de mareo- decía con tono cansado.
En ese preciso instante y con la agilidad de una zorra, alargó la mano y agarró con fuerza los Rober Clergerie. Se levantó frente a la cara atónita de Esther y comenzó a correr en dirección a la caja.

- Jajajajajaja. Para puta ya estoy yo, querida. La experiencia es un grado. No pretendas hacer como que ya has andado el camino cuando yo he ido y he vuelto dos veces. Eres una cría, aún te queda mucho que aprender de la vida- Sonaba la voz cada vez más lejos del asombrado núcleo, en el que había transcurrido la fingida desgracia de una aficionada a la interpretación muy profesional.

Esther se quedo en el suelo, sentada sobre sus propias piernas, unos segundos hasta que fue capaz de reaccionar. Durante ese lapsus de tiempo en el que su cerebro trataba de asimilar qué diantres había pasado, yo me acerqué, luego le di la mano y le ayudé a levantarse. Tanto la gente como ella misma no daba crédito a lo sucedido.

- Te lo he dicho muchas veces, ¿lo ves?- pregunté retóricamente- No se puede confiar en la gente. Y menos en los que parecen indefensos- me acerqué al oído- Esos son los peores- susurré mientras me reía.
Sin decir nada, Esther salió escopeteada tras la actriz. Lo cual me obligó a seguirla lo más rápido que me fue posible.

Una vez en la calle, Esther seguía como loca, farfullando cosas que no lograba entender. Estaba tan ensimismada con el pensamiento de encontrarse con la señora, darle una hostia bien dada y recuperar los zapatos que no vio el color rojo del semáforo y saltó a la carretera cual fiera avistando a su presa. Pero, por desgracia, no pudo seguir su camino. Pues un coche, elegantemente blanco se abalanzó sobre ella sin poder evitarlo y colisionó la fría y dura carrocería con el endeble y mullido cuerpo de la muchacha. Esta irremediablemente calló hacia atrás, golpeándose fuertemente la cabeza contra el asfalto, convirtiéndome en una mera espectadora del horroroso acontecimiento, impotente, sin tener tiempo para hacer nada. Al menos tengo la certeza de que, tanto la mochila, como su culo pan-bollo sirvieron de amortiguadores, evitando que el accidente fuese mucho más grave.

Fue algo muy espectacular que los transeúntes quisieron curiosear, al igual que la gran masa de clientes que comenzaba a salir del establecimiento en el que nos encontrábamos. Pronto la calle se llenó de curiosos, técnicos sanitarios y policías; junto con la estridente música proveniente de sus respectivas sirenas: coches oficiales y ambulancias.

Esther permaneció inconsciente tres horas, la conductora del vehículo intentaba explicarse, pero no era necesario ya que contaba con múltiples testigos que sabían que ella no tenía culpa alguna, y la zorrona actrizucha se había esfumado. Nadie supo nada más de ella.

Aquí tengo un video que salió en los informativos, grabado con un dispositivo móvil por un pringado que grababa a sus dos mocosos haciendo gilipolleces en el parque y que tuvo la suerte de inmortalizar tal tragedia. Luego me lo facilitó y yo lo he editado con música de tensión para que os metáis en situación. Aquí lo tenéis:
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Tras una temporada en el hospital, realizándole chequeos y manteniéndola en observación, se dictaminó que lo único que tenía era una contusión craneal leve. El médico nos dijo, cuando se disponía a firmar el alta, que para haber sido un golpe, aparentemente, tan fuerte, las lesiones habían sido mínimas. Después de todo, la situación no acabó del todo bien, puesto que la jodida mujer se llevó consigo el tan preciado par de zapatos, pero teniendo en cuenta que podía acabar peor, podemos respirar satisfechas de no haber perdido algo más valioso que unos cutres Robert Clergerie pasados de temporada. "Si hubiera muerto o entrado en coma por esos zapatos tan horribles, habría hecho la Ouija, la invocaría y sería yo quien la torturaría hasta el fin de mis días"

Pero todo esto viene porque unos días después de todo este berenjenal, La chica me contó un sueño muy extraño que había tenido durante sus tres horas de inconsciencia:

Resulta que, cuando se quiso dar cuenta, se encontraba en una especie de limbo blanquecino y neblinoso. Como flotando en la nada, ya que no percibía límites espaciales de ningún tipo: ni suelo, ni techo, ni siquiera un simple paisaje, ya fuera reconocible o no. Tan solo se encontraba ella, sin más.




- ¡¿Hola?!- gritó en medio del vacío, obteniendo el rebotar de su propia voz como respuesta. Pues aquel parecía ser el infinito, en el que el eco campaba a sus anchas.

Como único recurso disponible comenzó a caminar, sin rumbo fijado, en línea recta. Oyéndose solo sus pasos, con el eco persiguiéndole. Parecía caminar sobre el vacío, pero lo cierto es que, me contó, que sonaba como si pisase tierra, hojas y ramas. Era como estar perdida en un bosque invisible.

De pronto, el silencio absoluto se vio interrumpido por un llanto femenino que destilaba angustia a raudales. La chica, asustada, se volvió a su espalda: ¡NADA! Aquello parecía un thriller de bajo presupuesto, que
solo transmitirán por televisión un domingo por la tarde. Pero, cuando volvió a situarse de forma que le permitía reanudar su incierto bagaje, una figura negra se coló en su campo de visión. Ella sintió ser invadida por un tenue temor, pero, al fin y al cabo, era una forma antropomorfa; así que corrió hacia ella. Resultó ser una dama de aspecto antiguo, que portaba un vestido, pamela, velo y guantes negros, con cuello alto decorado con un relicario muy barroco, que contenía la fotografía de un señor, en color sepia. Se notaba que pertenecía a la antigua clase alta por la calidad de los textiles y las joyas que mostraba. Con la mano derecha agarraba un pañuelo blanco, de tela bordada, con el que trataba de enjugar el interminable rio lacrimógeno que descendía mejillas abajo.

- Hola, ¿puede ayudarme, por favor?- Preguntó Esther desesperada. Pero, la mujer seguía sollozando sin aminorar el paso. Como si no fuese capaz de notar la presencia de la muchacha. Resignada, la chica se limitó a seguirla.

Un poco más adelante la niebla ya dejaba ver, por fin, algo; y además a los oídos de Esther llegaba una agradable música de feria. Al acercarse más ya pudo ver con más claridad una gran muralla, conformada por interminables filas de cipreses, que custodiaban un extraño espacio. La música se hacía cada vez más y más intensa. Hasta que la muralla de cipreses se cortó, para dar lugar a una gran puerta de hierro forjado negro, con un letrero, semicircunferente, típico de las entradas de los antiguos cementerios. Dentro de la semicircunferencia se podía leer claramente, también en letras ferreas: "Welcome to Widowland"


Al entrar, Esther se sorprendió. Pues no era más que un parque temático, en medio de aquel limbo infinito, pensado exclusivamente para viudas. En el que todo resultaba extremadamente extraño: vio a la mujer a la que había seguido hasta el lugar, desprenderse de su relicario y entregarlo en lo que parecía la taquilla de las entradas de un teatro del siglo XIX. A cambio de este, una mano le alargó un boleto, y la mujer siguió su camino, perdiéndose en lo que ahora era una niebla muy suave. Nada que ver con lo tupido de la atmósfera que se encontraba de murallas para afuera.

Esther se acercó a la taquilla. Una mano salió de la ventanilla y, en posición de pedida, le rogaba que depositara algo en ella. Por más que miraba, la muchacha era incapaz de ver qué había al otro lado del cristal. Buscó en su mochila y, sorprendentemente, encontró un relicario parecido al que tenía aquella señora. No le tenía apego ninguno, así que lo depositó sobre la palma de la mano y esta se introdujo nuevamente por el agujero del que había salido. No tardo más de dos segundos en salir, pero esta vez con un boleto como el que le había expedido a la otra visitante. Esther lo tomó y la mano se introdujo, ya sin salir nunca más.

Al seguir adelante con el boleto en la mano, pudo ver muchas curiosas atracciones y puestos rarísimos: Un puesto que vendía pamelas de caramelo, clavadas en palos, como si de una manzana de caramelo se tratase, decoradas con unas redecillas de chocolate. Otro que vendía algodón de azúcar morado y otro que vendía pañuelitos de hojaldre.

En cuanto a las atracciones, habían muchas, pero hubieron cuatro que captaron especialmente su atención: Una que simulaba uno de esos carritos trucados en los que hay que disparar con una pistola de agua al interior de la boca de un payaso, para hacer que un globo se hinche, hasta que este explota y ganar un premio por tal logro. Pero en este caso no había payasos, ni pistolas, ni globos convencionales. En lugar de la pistola se trataba de un extraño artilugio que tenía forma de ojo y este lloraba a presión hasta que el chorro llegaba al interior de las bocas de unas cabezas de cera con forma de hombres de edad avanzada, y el globo tenía forma de lápida que, al igual que la atracción normal, se hinchaba y explotaba.

Otra de estas atracciones era una pequeña cafetería, estilo anglo-parisina, con las mesas de superficie acristalada y pie de hierro forjado, a juego con las sillitas, decoradas con adorables tapetes y cojincillos. En la que se podía tomar el té tranquilamente en teteras inglesas de porcelana china, acompañado de pastitas con formas que evocaban la muerte, la viudead y diversos temas relacionados.  
                     


Por otro lado, estaba la montaña rusa del lugar, que en lugar de bagonetes, lo que había sobre los raíles de la atracción eran divanes de psicólogo. Y en medio de todo el entramado de vías se alzaba un busto gigante de Sigmund Froid que parpadeaba y mantenía la boca abierta, pues hacía las veces de túnel por donde los divanes completaban el trayecto.

Por último, y en el único sitio que se atrevió a subir, un majestuoso carrusel, con columnas salomónicas, completamente forrado de pan de oro, corona iluminada por bombillas esplendorosamente dispuestas y tronco interno del carrusel cubierto de espejos, albergaba caballos de crines rizadas, carrozas de épocas pasadas y tacitas a escala gigante. Todo ello envuelto en la más perfecta de las armonías, que era acompañada por una hermosa melodía de carrusel que invitaba a formar parte de lo que prometía ser un viaje conformado por una serie de vueltas que no se olvidarían jamás.


Una vez subida a un caballo blanco de riendas doradas y cuando creía estar flotando en un mundo de ensueño, a la par que acariciaba la dura crin equina, observó su reflejo en los múltiples espejos que forraban el tronco interno de la atracción. Quedando horrorizada, al ver como, por cada espejo que avanzaba, su figura iba convirtiéndose en una anciana decrepita, ataviada de negro. Fue cuando se dio cuenta de que estaba siendo absorbida por el lugar en sí mismo, y, si no ponía remedio, en breves instantes acabaría formando parte de aquel lugar, a primera vista divertidamente encantador, siendo una viuda más. Atrapada en su propio infierno.

En ese instante se despertó. Recuerdo su frente perlada de sudor, su latir y respiración entrecortados y su cara de alivio al comprobar que todo había sido fruto de su mente. Le pregunte que    qué había sucedido y si estaba bien. Pero ella asintió con la cabeza y me saludó amablemente sin decir nada más, hasta que me contó la historia días después.

Como veis, a mí me suceden cosas verdaderamente insólitas... Es tan difícil ser quien soy... Pero bueno. Os deseo a todos un feliz resto de semana santa. Que sea lo menos santa posible, por favor. Y, sobre todo, felices pascuas, que es el día más dulce de toda la semana. Comed huevos. Tanto de chocolate como de carne. Ya me entendéis. Cuando comáis de los segundos, tened cuidado con el escroto y respirad por la nariz. Besitos.

Moraleja de hoy: "No arriesgues tu vida por algo material. Y menos si ese artículo está rebajado"

sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 13: ¿Erasmus u orgasmus?


Tranquilos, tranquilos chicos. Como os había prometido el día nueve de este mismo mes, aquí me tenéis de vuelta. Ni siquiera yo soy tan cruel como para lanzar un bulo sobre mi regreso y luego dejaros plantados cual ultima patata del saco de un granjero hambriento. Eso sería como dejaros lamer un poco de la dulce cubierta de caramelo de un chupa-chups y luego apartároslo diciéndoos que en breve os dejaré comeros el chicle que lo rellena. No, yo no soy así. Soy una soberana inflexible pero amable con quienes sabéis ganaros mi afecto.

Pues bien, sé que os debo muchas explicaciones, ya que desaparecer un año y cuatro meses no es normal... Sobre todo si tenemos en cuenta que vuestras vidas necesitan de mi esencia para seguir adelante. Sin mí no sois más que una cascara vacía, un ser que ha perdido su propósito en este mundo. Lo mínimo que puedo hacer por todos y cada uno de vosotros es contaros mi experiencia y entenderéis el por qué de mi tan repentina evaporación. Lo mejor es empezar unos meses antes de todo el embrollo de la situación principal, es decir, la que realmente interesa:

Si os remontáis a los últimos días que di señales de vida, recordareis que Esther me llevó a aquella casa cochambrosa estilo campestre. Sí, donde casi me parto la cabeza por aquel cerdo que salió corriendo como si tuviese un cohete incrustado en el culo, conmigo encima. Pues bien, la experiencia en aquel reino en el que mi cetro, corona y manto pasaban a ser propiedad de la fauna y la flora del lugar, no fue la estancia en el infierno que esperaba vivir al llegar allí. Lo pase bastante mal, no os creáis que fueron unas vacaciones en Disneyland, pero dentro de lo que cabe no fue tan desagradable. Mis amigos saben cómo hacerme olvidar.

Unos días después, de vuelta al insoportable mundo académico, me encontraba en un estado la mar de soporífero. Moviéndome por inercia, más que por otro cualquier motivo que se os pueda ocurrir. Pero la mañana del cuarto día de mi presencia en la universidad, había quedado con Esther para desayunar, ya que disponía de una hora antes de que empezase su clase de derecho penal. "Por favor... Si yo me aburro a morir en historia universal, que la elegí yo, no me quiero ni imaginar cómo sería verme obligada a estudiar la carrera de derecho. Me pegaría un tiro en la sien antes de cumplir la segunda semana lectiva".

- Bueno... digamos que no estás del todo recuperada, pero mejor que antes, desde luego- Me dijo Esther, mientras tomaba un sorbo de café con leche, de una taza de porcelana barata de bareto de facultad.




- ¿Tú crees? Tanto que dice la gente de que el oxigeno del campo y la playa le hacen sentir a una mejor y más rejuvenecida- dije con un deje dudoso- Eso es una mentira más gorda que decir los bebés provienen de París. Mírame: unos días en el campo y parece que he envejecido de golpe unos veinte años...- le reproché mientras observaba la evidente aparición de arrugas en el entrecejo a través de mi circunferente espejo de plata de ley para bolsillo.

- Eso no es de vejez, mujer- Dijo Esther, empujando las palabras como pudo, a través de una carcajada nerviosa- Eso es de estrés. Deberías tomarte las cosas menos en serio. Creo que tu relación con Lázaro no hizo más que perjudicarte- concluyó, dando un gran bocado a una tartaleta de nata y frambuesa.
- Puede... que tengas razón. No estoy segura al cien por cien de todo este asunto- suspiré al llevarme a la boca una magdalena.

Sí. Mi relación con aquel chico ha finalizado. La situación fue bastante tortuosa. Me costó un poco asimilarla, pero aún no ha nacido el hombre que pueda tomarme por tonta; me he dado cuenta de que quizás hayan más personas bipolares en este mundo de las que parecen haber. Y la verdad es que hoy día estoy de maravilla soltera; no me hace falta un hombre para sustentarme. Soy lo suficientemente fuerte como para mantenerme emocional y económicamente por mí misma. Eso de Una mujer necesita de un hombre para sentirse completa es una auténtica estafa. Una gran mujer no tiene la necesidad de escudarse tras un hombre, y ahora mismo pienso disfrutar de la vida como a mí me salga de los ovarios. Una vez cerrada la puerta y habiendo tirado los restos de aquella antigua relación a la basura, me siento una chica libre, feliz y con ganas de comerme el puto mundo. Señoras y señores, Heather vuelve al mercado del ligoteo, que tiemble cada macho que pretende adquirir algo en él; por el momento, para cumplir las necesidades hormonales que una chica tiene de cuando en cuando, acudiré al primer cajón de mi mesilla de noche y echaré mano de mi querido amigo: el vibrador rosa transparente con cinco marchas que se pueden ir alternando con un pequeño estimulador de clítoris que viene incorporado "Es todo un monstruo del placer".

Cierto es que en el momento en el que me hallaba en aquella mesa hablando con Esther aún me cuestionaba ciertas cosas y me sentía como una estúpida por seguir sintiendo algo por ese patán, pero... volvamos nuevamente a ese punto de la conversación y dejemos que el tiempo siga avanzando hasta hoy día con fluidez. De ese modo entenderéis cómo fue posible el que una chica inocentona y enamoradiza que aún suspiraba por un tío con su mejor amiga, pasa a ser la chica independiente, a la que le importa una mierda todo cuanto un chico pueda pensar de ella, ¿os parece?

- Que sí muchacha. Si no te doy una bofetada. Verás tú que pronto se te quita la gilipollez de encima- Dijo Esther firme pero con su característica carcajada.

- ¡No tiene ninguna gracia!- la miré queriendo fulminarla.

"Dios, no. Una bofetada deformándome mi cara de muñequita de porcelana... Una cara que en un futuro podría proporcionarme infinidad de cosas. Sería una verdadera catástrofe si le sucediese algo"- Temblé ligeramente a causa de esa posibilidad tan indeseada.

En ese mismo instante baje un poco la mirada, mientras aquella chica simpático-agresiva seguía produciendo ese sonido, proveniente de su cavidad bucal. Me percaté de que de su Louis Vuitton sobresalía un papel sospechoso.
- Oye... ¿Qué es eso?- pregunte impaciente; señalando con los ojos en dirección al bolso.

- ¡mmmh!- intentó expresarse a mitad de otro sorbo de su café con leche. Tras depositar la taza, prosiguió hablando mientras me alargaba el papel- Es el aviso de que por fin se abren las plazas para la obtención de una beca Erasmus de la universidad. Yo tengo pensado marcharme a Toulouse- Al decir el nombre de la localidad francesa se le iluminó el rostro con una sonrisa que le daba la vuelta al cráneo.


- Ah, ¿sí? suena interesante- afirmé asombrada al ver cuántos destinos, organizados por facultades, figuraban en la lista- ¡Vaya, esta universidad dispone de muchísimos convenios con universidades europeas¡- vociferé.

- Pues claro. Es una universidad de lujo; no todo el mundo puede acceder a la universidad privada con una de las cuotas y nivel de exigencia más altas del mundo. Digamos... que solo la aristocracia más selecta puede acceder- bromeó- ¿Sabes? No estaría nada mal que te plantearas optar a una plaza e irte una temporada. Así aireas un poco ese cerebrito perfumado que tienes y dejas de pensar de una vez en tu relación fallida- La última palabra la dijo con especial entonación.

Odiaba que la chica soltara ese tipo de cosas cual lanzador de cuchillos borracho hacia mí. Pero... la verdad es que en ese momento la idea no me pareció tan descabellada. De hecho veía un nuevo sendero surgiendo bajo mis afligidos y cansados pies.

- Pues ¿Sabes qué te digo? A parte de que, para ser la universidad de lujo que dices que es, esta cafetería deja mucho que desear- dije pasando el dedo por el borde de mi taza de menta poleo a medio terminar. Tenía muchas ganas de dejar constancia de mi opinión del local- Que pienso irme también- Mis palabras desbordaban decisión.

- ¡Así me gusta chica. Apoyo la moción!- Dijo eufórica- Ahora mismo vamos las dos a prepararlo todo.

- Vaya... Pero la facultad de geografía e historia no oferta Toulouse como destino en Francia. El único que ofertan de ese país es Lyon y solamente dos plazas- dije con una entonación que dejaba bien claro que ya comenzaba a flaquear mi gran decisión.

- ¡Eh, eh, eh!... No te permito que tus emociones empiecen a perder gas- dijo dando un golpe seco en la mesa, haciendo de tazas, platos y cubiertos vibrasen.

- ¿Cómo quieres que siga manteniendo la ilusión si entre los dos destinos hay alrededor de 600km?- aclaré con asombro- Eso son 5 horas en coche. Estás loca si piensas que me voy a pegar un viaje de 5 horas en coche cada cierto tiempo. Se maltratarían los vestidos que llevase a causa del cinturón de seguridad y mi pelo, ya que siempre los malditos conductores se dejan las ventanillas abiertas. Cuando llegase al destino parecería una pordiosera despeinada- concluí.


- Jajajaja- Por favor Heathy- dejó escapar con incredulidad "Odio que me llame así..."- ¿De verdad esperas que me crea que una señorita de tu nivel tiene la necesidad de utilizar un coche para salvar la distancia? Tienes dinero suficiente como para permitirte billetes de avión en primera clase siempre que lo desees.

Un silencio se apoderó por completo de la situación. "A veces me sorprende la agudeza mental de esta chica. Lo tenía todo planeado desde antes de que yo descubriese el papel en su bolso" Poco después sería roto por una expresión apurada de Esther:

- ¡Oh, mira la hora que es! El Sr. Báez me la armará gorda si oso llegar tarde de nuevo- Dijo agobiada, tomando el último sorbo de su taza y estrellándola contra el platillo debido a las prisas- Hablamos luego cari, pero este ya es un asunto zanjado. Tú y yo nos vamos juntas a Francia.

Y con eso, al mismo tiempo que se acomodaba el bolso en el hombro, dio por finalizada nuestra conversación, sin que me diese tiempo a rebatir la decisión. "No sé cómo lo hace, pero siempre ha de tener ella la última palabra...¡Agh, qué rabia!"- Ese último pensamiento simulaba un estado de furia falso, ya que en el fondo me gustó la idea de marcharme, por un tiempo, de aquel vertedero social que era mi país. Y, con una sonrisa radiante, me levante da la mesa y comencé a caminar hacia mi facultad. Aún tenía media hora antes del comienzo de mi primera clase.

Sorprendentemente esta chica mueve muy bien los hilos exactos para que la burocracia avance rapidísimo a través del tiempo: papeles, seguros, pruebas de idioma... Todo pasó como si se tratase del vuelo de un colibrí. Y cuando quise darme cuenta, allí estaba: en la residencia estudiantil de Lyon.

Pero antes de llegar, en el avión, hubo una situación un tanto incómoda: resulta que me encontraba sentada por el lado del pasillo y en el de la ventanilla había una señora algo mayor, pero no demasiado. El caso es que notaba que me miraba relativamente de forma seguida cuando llevábamos ya un tiempo de vuelo. Yo hice caso omiso y me dispuse a pedir algo de comer. Bajé la mesilla y pedí a la azafata una cocacola light (que me vino ya con el vaso), además de la lata, un bocadillo de jamón y queso, un mars y una bolsa mediana de frutos secos. Lo coloque todo de manera bien accesible en la mesilla y abrí la bolsa de frutos para esparcirlos en el plato junto al bocadillo. A todo esto la señora continuaba observándome. Os podéis creer que la jodida señora esperó a que lo tuviese todo colocado para decirme:

- Perdona... Pero, quiero ir al baño...

Vamos. Yo la miré de una forma... que reflejaba la muerte inminente que pretendía darle.

- ¡¿Pero usted es tonta?! ¡¡¡¿¿¿Ve que estoy colocando lo que pretendo comer y espera hasta el último momento para decirme que desea miccionar???!!!- Estaba totalmente fuera de mi. Yo creo que si el canibalismo no fuese delito penado la habría devorado cual bestia indomable allí mismo, bajo la sorprendida mirada del resto de pasajeros y azafatas, que quedaron de piedra oyéndome gritar como una posesa.

Naturalmente la dejé salir, pero no sin antes dedicarle un pensamiento: "Ojalá seas succionada por el vater del avión..."

Eso sí, durante el resto del viaje la señora no apartó, ni un solo instante, la mirada de la ventanilla. Eso estuvo más que bien. Disfruté de un vuelo sin más sobresaltos.

Llegué muy cansada, pero la habitación de lujo que apareció ante mí, una vez abrí la puerta, logró sacarme la sonrisa más brillante que había tenido en siglos. Dejé las maletas sobre la cama y me dirigí hacia la ventana de altura considerable, ya que llegaba desde el suelo hasta casi dos centímetros del techo, con doble hoja, y la abrí dejando entrar el dulce aire vespertino. Alucinando por el paisaje que se extendía desde el pequeño balconcito de hierro forjado en el que me encontraba hasta donde alcanzaba a vista. En ese instante supe que aquel iba a ser el perfecto inicio de un periodo inolvidable para mí.


El aire estaba siempre permanentemente impregnado de un aroma dulzón. Como una mezcla entre dulces, croissants y pan recién hecho. No sé por qué, pero la combinación de esos aromas, siendo percibidos, sin ser capaz de evitarlo, por mis delicadas fosas nasales conformaron en mi mente una imagen lésbica romántica... En la que me encontraba portando una boinita parisina, conduciendo una bicicleta por una calle adoquinada llevando a una chica con su melena al viento agarrada a mi cintura y riendo y un par de crujientes baguettes en la cesta de la bici. Creo que ese tipo de paisajes incitan a ese tipo de pensamientos, aunque yo no me considere lesbiana. Luego se lo conté a Esther y aún hoy día sigue riéndose del asunto.

A partir de ahí el tiempo voló sin remedio, llenísimo de experiencias: Las clases de medieval en francés con aquel vejestorio amargado que, según él, para facilitarme el estudio de la materia, me daría un libro de 700 páginas que tendría que leerme entero y que de ahí saldrían mis preguntas para el examen "Joder... Si tengo que estudiar más que un alumno de la universidad; y además en una lengua que no es la mía. Facilitarme el estudio dice... ¿Dónde está el arsénico? Quiero morir" Las interminables borracheras en las discos con mis compañeros de residencia y facultad, los múltiples tíos buenorros que pasaron por mi cama, ya que esa la convertí en mi etapa putiférica, las quedadas con Esther en París... En fin que fue una gran experiencia. Y realmente necesitaba evadirme durante un tiempo. Gracias a todo eso he logrado convertirme en la chica que os dije que ahora soy y que, por supuesto, estoy orgullosísima de ser.

De hecho, recuerdo una experiencia muy vergonzosa, pero a la par muy graciosa, que sucedió una de las muchas veces que Esther vino a verme a Lyon. Y es que fuimos a una disco llamada "l'abeille sexy", que en francés quiere decir "la abeja sexy" y siempre lo recordare porque ahí fue donde, por vez  primera, descubrí la absenta. Me dirigí a la barra y vi los ciento dieciséis tipos de absenta existentes. Me aventuré a hablar con el barman para informarme (toda la conversación fue en francés, pero os la traduciré):

- Hola- grité en medio del gentío.

El chico se acercó a mi e hizo alguna señal para que me percatase de que me había escuchado. así que proseguí:

- Verás... Estoy interesada en probar la absenta desde hace mucho. Lo he visto en pelis y me da mucha curiosidad ver su efecto en mí misma.

- ¿Cual deseas?- me preguntó.

- No sé... Estoy de Erasmus. ¡Qué demonios!, déjame la más fuerte que tengas- sonreí altivamente.
No tardó ni un minuto en enseñarme una botella.

- Esta es la absenta negra. Es la más fuerte de todas. Contiene un 98% de alcohol ¿Estás segura que quieres tomarte esto?- me miró como si no creyese que podría.

- Claro que sí- le desafié.

Agarré con fuerza el vaso de absenta, ya flambeada (para que se redujesen los grados), y, para presumir, me lo bebí de un trago. De pronto un ardor insoportable me bajó por la garganta. Tenía la sensación de que me había tomado una copa de la colonia nenuco con colorante. Un ataque de tos agresiva me sorprendió.

- ¿E...Estás... bien?- preguntó el barman con preocupación.

- Que sí- dije entrecortadamente, depositando el vaso nuevamente sobre la barra con un golpe seco- Ponme otra, porque esto no sube en absoluto.

- ¿Qué dices? Estás loca. Eso es una bomba de relojería para alguien como tú- dijo retirando la botella.
Antes de que se diese la vuelta agarré la botella con fuerza y dije:

- He dicho que me pongas otra- Mi tono era extremadamente desafiante. Creo que ya me empezaba a hacer algo de efecto.

El chico se resignó y me la sirvió. Pretendió quemarla como la anterior pero le arrebaté el vaso antes de que le diese tiempo a realizar la acción.

Dejé nuevamente el vaso en la barra. Y esta vez me di la vuelta como buenamente pude y me encamine, tambaleándome, al barullo, hasta que me perdí entre la multitud.

Esther estaba intentando ligar con un alemán que chapurreaba francés, hasta que me agarre del hombro de ella y descargue todo mi peso.

- Hola, guapa... Te quiero... jajaja- Dije ebria total.

- ¡Uy! Nuestra señorita creo que tiene problemas- rió- A ver... Siéntate- decidió Esther, realizando inhumanos esfuerzos para llevarme hasta un butacón cercano- ¿Qué tal estás, cariño?- quiso cerciorarse de mi estado.

- No...me encuentro muy bien- Las luces y el sonido de la discoteca se mezclaban para formar una vorágine extrañísima que se movía por sí sola- Estoy muy mareada... Tengo ganas de hacer pisssss- reí como si la vida me fuese en ello.

Y de ahí ya no me acuerdo del trayecto entre el butacón y el baño. Solo sé que mi mente conserva un recuerdo muy patético en el que yo me encontraba en uno de los cubículos del baño de chicas de ese antro, sentada en el vater, con la tapa bajada y sin bajarme las bragas. Intentaba orinar tal cual. Hasta que Esther se dio cuenta y entró para subir la tapa y bajarme a mí las bragas mientras yo trataba de abrazarla riéndome y medio muerta, esparramada, con las piernas abiertas en aquel hueco sin apenas ventilación, mientras otras chicas miraban al interior del cubículo a ver qué sucedía.

- ¡Vamos Heathy, colabora un poco!- decía intentando mantenerme el cuerpo derecho, una vez logró bajarme las bragas, para que pudiese orinar.

Después de eso, recuerdo que estábamos subiendo las escaleras que llevaban a la calle, ya que se trataba de un subterráneo, mientras dos chicos me sostenían de los brazos para asegurarse de que daba los pasos rectos, pero con aquellos taconazos era imposible... así que la imagen era como si estuviese pisando huevos. Y Esther se mantenía mi espalda, por si me daba por tirarme hacia atrás.

Cuando llegamos arriba y note la fresca brisa nocturna, perdí el conocimiento. Esther dice que su rollo alemán me llevó en brazos. Y así debió ser, porque a la mañana siguiente me desperté en mi cama con un dolor de cabeza y estomago... de mil pares de narices.

Y ese ha sido un resumen de cómo es que no he escrito en tanto tiempo ¿Entendéis ahora?. La Erasmus ha sido una de las experiencias más gratificantes de toda mi vida. Quitando, claro está, algunas cosas como lo de la borrachera a base de absenta que no le deseo a nadie.

Y aquí me tenéis de vuelta, para seguir compartiendo vivencias con vosotros. Os recomiendo, chicos, que, si tenéis oportunidad os vayáis de Erasmus. Es algo increíble.

La moraleja de hoy es "Una Erasmus siempre será un paréntesis en tu vida para hacer lo que te salga de los ovarios o huevos, dependiendo del sexo que seas. Porque nunca se volverá a repetir"