¡¡¡HOLA, PUTAS!!! La reapertura de mi habitación está muy próxima. Espero que las zorritas estéis muy atentas, porque se avecinan cosas muy interesantes en la tercera temporada...
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lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo 9: La vecina morbosa.

Ya hace una semanita que vuelvo a ser yo misma. Reina de mi hábitat natural. Estoy completamente recuperada de aquella indeseable experiencia vivida con esa gente con cara de estreñido.

He estado saliendo con mis amigos (Dimas y Juanma). Y la verdad que me he sentido liberada; el hecho de pisar fuerte el asfalto, respirar y hacer lo que quiera sin temor a nada me reconforta gratamente. Y además está Lázaro; que me ha ayudado mucho durante algunos momentos duros que he tenido esta semana; determinadas crisis que mi psicólogo ha intentado erradicar. Pero sinceramente no ha causado tanta mejora en mí como la esta consiguiendo ese macarrilla. “No pensaba que alguien pudiera hacer tanta mella en mi… Es algo insólito”

Pero como sabréis, lo bueno nunca viene solo. Y es que he faltado tanto tiempo a la facultad que ahora se me acumula todo lo que se ha dado durante estos largos y desesperantes casi seis meses. Sin ir más lejos tengo mañana un examen de historia moderna europea universal, con toda la materia del semestre. La verdad es que estoy de todo esto hasta mi tocado de raso. Llevo toda una semana con el cerebro cortocircuitado, de tanto bombardeo de información. Y agobiada de tanto chanchullo digno de formar parte de un muy bien elaborado guión de culebrón. Pero al menos puedo decir que, de manera intercalada con esta infumable tortura, me lo he pasado bastante bien en cuanto a algo muy divertido que ha ocurrido a lo largo de estos días.

Todo empezó el martes pasado; cuando yo estaba completamente absorta por los apuntes referentes al examen de mañana. Recuerdo que estaba estudiando los tejemanejes eclesiásticos, cuando de pronto un fuerte ruido me sacó de mi burbuja de concentración; por lo que me dirigí a la ventana con la intención de salir cual maruja y pegarles cuatro gritos, para ver si de esa manera cesaba ese infernal escándalo. “Joder. Se suponía que esta era la zona más tranquila y lujosa de toda la ciudad. Creo que no merece tantas atribuciones. No puede una ni estudiar tranquila.”

Al retirar la cortina de seda violeta y mirar a través de la ventana, pude divisar un camión de mudanzas que se detenía en la casa de enfrente. No podía entender lo que estaba pasando; esa era la casa del viejo Robles. Hacía años que nadie entraba ni salía de allí. Salvo su, también anciana, sirvienta. Por lo que tengo entendido, antes, esa casa era el centro de todas las fiestas sociales, y él se hallaba rodeado de todos los peces gordos habidos y por haber, pero timó a la mayoría de ellos, haciendo que invirtiesen en bolsa, en una compañía que no existía. Y todo el dinero se lo acabó quedando él. Lo denunciaron, sí. Pero todos sabemos que la justicia la puedes moldear a tu parecer si tienes la amistad de ciertos papelitos verdes, y sabes qué hilos mover en cada momento. El caso es que salió impune de todo aquello, pero todo el mundo le dio la espalda. Los que le conocían directamente, por lo obvio. Y los que no le conocían tan de cerca se fueron alejando por una serie de rumores infundados, que corrieron como la pólvora gracias a la prensa y a los medios de comunicación. Ahora es bastante cerrado y ha desarrollado un carácter verdaderamente agrio que actúa de repelente con respecto al resto de la sociedad. “Es un vejestorio amargado… ¿Sé habrá muerto?” Ese pensamiento cayó en mi mente como cae un yunque sobre la cabeza de un dibujo animado de los años de la pera, y comencé a sentirme mezquina por momentos. Por muy amargado, incomprendido o lo que fuera que era ese hombre, seguía siendo multimillonario y tenía un magnífico talento para manipular las situaciones. Todo un maestro de la hipocresía. “Ains…Quién pudiera” Por lo que no se merecía que alguien pensara así de él.

De pronto, un Lamborghini plateado aparcó velozmente ante el camión. Y de él descendió una chica jovencita, yo diría que de mi edad “Aunque parece mayor… Debería hidratarse más esa piel” Y al parecer debía tener dinero también. Ese coche no puede estar en manos de cualquiera. Además…, he de admitir que era bastante adorable de cara. No era guapa, pero si tenía un atractivo especial.



No le di demasiada importancia. Después de todo, el ruido terminó por desaparecer una vez los empleados terminaron de meter las cajas en la casa y alejado el camión de la zona. No habría pasado de esa mañana, de no ser por los acontecimientos que tendrían lugar esa misma tarde:

Salía de la ducha recitando en voz alta la base de la economía moderna, cuando me di cuenta de que la ventana de mi habitación daba frente a frente con la ventana, de la habitación donde la chica se había instalado. “Ahí está ella. Colocando su ropa en los cajones de la cómoda. Ahora que lo pienso… ¿Será esta la amante del viejo? He oído por ahí y visto en telenovelas que suelen pasar cosas así: jovencitas que se enrollan con ciruelas pasas que están forrados, para luego quedarse con toda la pasta… “¡AY! Menuda repugnancia. Pero muy astuto. Además ese hombre es un modelo a seguir”

Pensando en lo lista que había sido la chica, convencida de que la relación que había entre ellos iba mucho más allá que una simple amistad o de huésped, y empezando a sentir un pequeño atisbo de admiración por aquella zorrita oportunista, vi como, lentamente, bajaba el estor de tela color pastel, que solo dejaba ver su silueta negra.

Estaba a punto de dejar de observarla, no fuera que me estuviera viendo. Pero de pronto su figura dejó de moverse. Me pareció que me estaba mirando. Para mi sorpresa, comenzó a adoptar posturas extrañas y a realizar movimientos sinuosos con un matiz de provocación. Me pareció descarado en un principio, pero luego le cogí el morbillo a la situación. Finalmente era evidente que me había visto observarla, y a juzgar por todo lo que pasaba… no le importó lo más mínimo.







Cada día que fue pasando, los bailes y posturitas iban siendo más candentes. Hasta el punto en que yo también acabe sumándome al juego. Bajé mi estor y comencé a mostrarle mi lado más ardiente “Me cuesta reconocerlo pero, la verdad es que me excito bastante”. Ella quiso dar un paso más allá y comenzó a quitarse ropa muy despacio. La silueta se movía sensualmente y se veía que la chica se deshacía de cada una de sus prendas sin ningún pudor. Así que yo no quise hacer menos e hice lo propio.

Quería saber qué chica tan extrovertida era capaz de iniciar esa clase de juegos tan eróticamente morbosos. Así que me armé de valor y decidí cruzar mi jardín y la calle, rumbo hacia la puerta de la casa de esa streeper aficionada. No porque me interesara sexualmente, que donde este un buen pene… jajaja. Nah, en serio; sí que se parecía bastante a mí en cuanto a lo desinhibida que era. Por lo que pensé que, siendo amigas, formaríamos una pareja explosiva. Ella podría aprender cosas de mí y yo de ella.

Al subir los tres escalones que separaban el entablado del porche del suelo térreo del jardín me invadió un inexplicable sentido del ridículo. Realmente no sabía que estaba haciendo allí; era absurdo que me presentara así, de repente, porque ya no cabía duda alguna de que ella sabía que la observaba. Pero, sobre todo porque nunca me había molestado en darle la bienvenida al vecindario a ningún nuevo vecino. Así que con esos, más que razonables, argumentos detuve a tiempo a mis nudillos, antes de que estos se estrellasen repetidamente contra la madrea barnizada de la puerta. Y dando media vuelta, deshice mi camino. De vuelta a casa.

Me pasé toda la noche dándole vueltas a la locura que estuve a punto de cometer. Hasta bien entrada la noche no logré conciliar el sueño y tampoco tenía la concentración suficiente como para reanudar el estudio. “Menuda perdida de tiempo. Vale oro, como para estar derrochándolo de esta manera”. Se me ocurrió llamar a Lázaro. Pero no me respondía “maldita manía de tener el móvil en silencio… Esto es lo malo que tiene este chico. No sabes cuándo ni cómo, aparece o desaparece cuando quiere. Pero…cuando está conmigo… mi mundo da un giro impresionante. Todo lo demás desaparece. Solos él y yo. Como el día de la moto”

Al día siguiente, presa de un cansancio atroz y el reflejo de unas ojeras horribles me dispuse a hacer mi vida cotidiana, desplazando por completo a la chica de enfrente. Pero cuando estaba en medio de mi desayuno, sonó el timbre dos veces seguidas. Y una tercera cuando me encontraba recorriendo el pasillo, hacia el vestíbulo, mientras me limpiaba la comisura de los labios.

- ¡YA VOY! Vaya con la gente… encima apremiando.

Abrí la puerta de un tirón, con la misma mala gana con la que me había levantado de la mesa.

- Hola

“¡NO PUEDE SER! Es la chica de en frente” Un sudor frío brotó de mi frente y de forma inconsciente cerré de golpe la puerta en sus narices, apoyando mi espalda en ella al dar el golpe. Al instante me di cuenta de la gran estupidez que había cometido “Tonta, ¿no ves que así causas peor impresión de la que ya hayas podido causar haciendo semejante show por la ventana? Sal ahí fuera y actúa con natural frialdad.”

Hice caso a mi propio pensamiento y volví a abrir la puerta. Quedando ante mí una chica de aspecto joven, de complexión normal, tirando a rellenita, cabello de un castaño claro, cara ensanchada, ojos azulados y estatura baja.



- Hola- respondí- perdona por mi grosería. Yo…

- No pasa nada- interrumpió mi intento de disculpa- Es normal tu reacción. Teniendo en cuenta el espectáculo que dimos sin conocernos- rió.

- Sí… Es que cuando te dejas llevar es lo que tiene- imité su risa.

- Sí…pero… es que no lo hacia para ti- explico con dificultad.

Al oír esto se me cayó el mundo encima. Deseé que la tierra se me tragase. “Jo… he hecho algo pensando erróneamente y ni siquiera me hizo caso… Que idiota”

- ¿A…ah…no?- sonreí- creo que hice el ridículo entonces.

- No, no. Para nada. Si al final resultó incluso más divertido de lo que yo pensaba- rió de forma descontrolada- Bueno, ¿qué? ¿Me vas a tener aquí todo el día?

- ¿Eh?...- la pregunta me desconcertó, pero todo quedó rápidamente aclarado en cuanto me hizo una seña con la mirada, hacia el interior de la casa- Ah, no, no. Adelante, pasa- dije entre risas aniñadas, mientras cerraba la puerta a nuestra espalda.

La llevé al salón y dejándola sentada en uno de los sillones me fui hacia la cocina, dirigiéndole una mirada, dejándole indirectamente claro que esos sillones costaban mas que todo un cargamento de maría.

Al rato regresé con una bandeja de plata con su juego de te correspondiente, y me senté a su lado sin quitarle la vista de encima.

- Aquí te traigo algo de té, es importado de Marruecos. Y las pastas son de Reino Unido- presumí- Sé que nosotras no deberíamos servir… Pero mi última sirvienta hablaba demasiado y no cumplía mis expectativas en cuanto a su trabajo. Fíjate tú que me venía con exigencias. ¡Con exigencias a mí!- resoplé con un ademán de superioridad sobre la pequeña chusma, conformada por la servidumbre.

- Ains…Es tan complicado encontrar un servicio eficiente…- dijo mirándome con unos ojos que reflejaban lo bien que me comprendía.

Me sorprendió gratamente la respuesta de la chica; pero a la vez me resultaba extraño. Porque era como si estuviera hablando conmigo misma. Y eso me asustaba ligeramente. Pero así y todo me entró mucha más curiosidad y quise saber más de ella. De algún modo… presentí que seríamos como uña y carne.

- ¡UY!- exclamé- perdona mi descortesía. Mi nombre es Heather. Heather Jimberts. ¿y tu eres…?

- Esther Medina Robles

- ¿Robles? ¿Eres hija del vie…? digo, ¿del anciano?- dije sorprendida.

Después de todo, se sabe que un hombre puede inseminar a cualquier edad… pero ese hombre tendrá ahora unos setenta y nueve u ochenta años; por lo que tuvo que fecundar a la madre de esta chica a los cincuenta y ocho, cincuenta y nueve… “¡VAYA SEMENTAL!”. aunque a decir verdad, nunca he visto a ninguna mujer en la casa… a no ser que… “¡¿LA SIRVIENTA?! No, no, no…, por favor. Que escándalo…” Todo un caos interno se apoderó plenamente de mí. Debatiéndome entre lo que yo consideraba moral y lo que se ha de tener en cuenta según el interés que se tenga por tener buen sexo.

- No- Rió- Soy su única sobrina. La hija de su hermana menor; ¿no ves que Robles es mi segundo apellido?- aclaró llevándose una pasta a la boca- estoy aquí para hacerme cargo de él. Está enfermo de parkinson. Dolores, su sirvienta, le ayudaba en cuanto podía. Pero ahora- tragó el bolo alimenticio conformado por una mezcla de salíva y la masa de la pastita de té- está en una fase muy aguda de la enfermedad; y la pobre mujer ya no es capaz de hacerse cargo de él. La vejez no perdona, cariño- suspiró.

- Y que lo digas…- La miré con una mueca de horror que vi reflejada, exactamente igual, en su rostro. Y como un acto reflejo, ambas agarramos el bolso, como si nos fuera la vida en ello, y sacamos, al mismo tiempo, pequeños espejos de retoque, en el que miramos nuestra radiante belleza. Necesitábamos admirarnos a nosotras mismas para olvidar la cruel idea de que nosotras también acabaríamos de esa manera. Cosa que retrasaríamos lo máximo posible, gracias a las maravillas conseguidas en los avances de la ciencia respectiva a la cirugía plástica.

-¿Sabes?- dijo Esther, guardando a la vez que yo, el espejito en el bolso, una vez nos convencimos falsamente de que no nos marchitaríamos nunca- En cuanto mi tío muera me convertiré en su única heredera. Ahora pertenezco a la mediocre clase media. Me avergüenza reconocerlo, pero no falta mucho para que cruce el umbral hacia la buena vida- a partir de aquí disminuyó la intensidad de su voz, hasta convertirla casi en un susurro. Como si tuviera miedo de que alguien pudiese escucharle- incluso, hay veces que me despierto por la noche y luego no consigo conciliar el sueño de nuevo. Así que, en medio del silencio y la oscuridad, no puedo evitar pensar en planes un tanto descabellados para acabar con él de manera discreta y completamente limpia. Como meterle algo de Polonio 210 en la copa de vino que tiene la costumbre de tomar antes de irse a la cama. Es un isótopo radioactivo totalmente indetectable en la autopsia. La idea que daría sería un paro cardiaco natural para un hombre de su edad. U otra manera más divertida, en la que también he tenido tiempo de pensar, es en chamelar al viejo, y en la noche en la que me vaya a acostar con él, apagare la luz y, de pronto, se abre la puerta y aparece un hijo desaparecido suyo que estará buenísimo. Al viejo le da un infarto de la impresión, heredo todo y además me llevo al maromo más sexy de la ciudad- rompió a carcajadas conmigo.

- ¡Ay, Esther! Eres demasiado- dije de forma entrecortada, debido al ataque de risa aguda que me había invadido- eres peor que yo.

- ¿Qué quieres? Padezco de insomnio y tengo demasiado tiempo para delirar- seguía riendo.

Esta chica me cayó muy bien. Era una pobretona, y se le notaba al hablar y actuar su origen marginal. Como por ejemplo con la galleta; hablando con la boca llena. Pero lo más importante es que ahora esta viviendo con un multimillonario, que la educará en este mundo. El mundo de los ricos. Y la convertirá en una dama. A parte, heredará toda la fortuna y la mansión Robles; por lo que de aquí a poco tiempo será persona. Y dejará atrás su pasado vergonzoso. De hecho era una fan del viejo, pero tras haberla conocido a ella, él se esta quedando atrás. Esther es como un modelo mejorado, a partir del antiguo. Por lo tanto, cuando termine su formación de dama, será mucho peor que su tío. “Es una chica admirable.”

- Oye, pero si lo de la ventana no lo hacías para mí… ¿para quién, entonces?

- Te llevaré a mi casa esta tarde, para que lo veas por ti misma. Ahora, ¿te gustaria dar una vuelta en mi Lamborghini?

- ¡Claro!- exclamé entusiasmada, aunque desconcertada porque la curiosidad me pedía respuesta a la pregunta que anteriormente le había formulado.

Tras pasar un día fabuloso, experimentando lo que un motor extremadamente potente podía hacer en la autopista “parecía como si voláramos. Todos mis agobios quedaron atrás una vez arrancamos. Tenía la impresión de que íbamos tan suavemente rápido que mis problemas no podían alcanzarme. Fue increíble, estando acostumbrada al lento y tranquilo ritmo de mi limusina.” y unas compras, seguidas de un delicioso almuerzo regresamos al vecindario alrededor de las 18:30. Aparcamos y siendo tirada de la muñeca por Esther, nos adentramos en la mansión Robles.

Al atravesar la puerta, me impresionó lo grande y lujosa que resultaba a la vista. El exterior era impresionante. Pero el interior me dejó sin palabras. Se notaba que el que vivía en ella era un viejo, pues la decoración era demasiado clásica. Casi rozando lo victoriano. Pero no quita nada de esplendor. Incluso me atrevería a decir que sumaba, si cabía, aún más clase y lujo “Joder con la zorringa esta… Y pensar que sin hacer nada heredara semejante caserón. Si la casa es así, no me quiero imaginar como sera la fortuna.”




Subimos las escaleras y atravesamos un pasillo marmóreo, que desembocaba en un grandioso balcón, por medio de una serie de arcos de medio punto, que otorgaba a la arquitectura de la casa de una rectitud y una exquisitez increíble, rumbo a su habitación.



- ¿Cuándo piensas responderme?- pregunte con impaciencia.

- ¿Qué hora es?- me evadió

- Las 18:57. Pero, ¿eso qué tiene que ver?

- Tú solo mira hacia allá- dijo señalando, a través de la ventana, el balcón de la casa que estaba al lado de la mía.

Al principio no vi más que una tumbona vacía, una mesita a su lado y la gran mampara de cristal que separaba la casa del exterior. Pero a los pocos minutos, la hoja de cristal se desplazó, quedando abierta la barrera. Pasando una anciana desde el interior hasta el balcón. Se recostó sobre la tumbona y depositó una cajita de pañuelos de papel sobre la mesita.

- Ahora empieza el show- sonrió.

Tras esto bajó el estor y me animó a seguirle el juego. Yo no entendía nada pero, total, el caso es que me lo pasaba muy bien. Así que no me opuse en ningún momento. No nos quitamos ninguna prenda, pero si que bailamos las dos juntas de una manera muy provocativa.

A los quince minutos dejamos de movernos y Esther subió nuevamente el estor. Lo que vi me causó mayor pavor que el hecho de que Armani comenzase a rebajar los precios por falta de calidad. La vieja no tenía nada de caderas para abajo, se hallaba abierta de piernas, masturbándose frenéticamente. Estimulando su clítoris como si se tratase de una bola antiestrés “Dios mío, esta lo que necesita ser masturbada por una matrona. Como en la Edad Media. Cuando se creía que en los momentos de calentura femenina, las mujeres debían de ser masturbadas por otras mujeres, para evitar tentaciones. Ya que sí tenían sexo mientras estuviera en ese estado, con un hombre, el hijo que engendrarían sería psíquicamente disminuido. Para eso estaban las matronas que, además de ayudar en los partos, se encargaban de mover los dedos en ciertos momentos por debajo de las faldas. Vaya, solo me quedo con lo que me conviene de las materias que tengo que estudiar, jajaja”





- ¿Qué te dije? Parece ser que le da morbo verme mientras se recrea- rió- Desde que estoy aquí, sale todos los días a las siete en punto de la tarde; y se corre tranquilamente varias veces. Luego se limpia, y se va como si nada hubiese pasado.

- Que fuerte- no podía parar el ataque de risa- esto es lo último que me esperaba.

- Ya ves.

Tras haber tenido tres orgasmos, cogió la caja de pañuelos y se limpió el liquido vaginal de sus arrugados dedos. Y luego, el sobrante de sus partes intimas.

Ester y yo nos miramos con repugnancia y dije entre la explosión de risas en la que estábamos inmersas ambas:

- Seguro que ahora le huelen a pescado rancio.

- !AY GUARRA, CALLA!- me dio una colleja sin dejar de reír.

Ante nuestro asombro, vimos cómo, la vieja, con total tranquilidad, se levantó y volvió a penetrar en la casa. Sin dejar señal alguna de lo que había ocurrido hacía escasamente dos minutos.

Dimos media vuelta, aún estando yo envuelta en la más densa incredulidad, riéndonos y cuchicheando, mientras salíamos de la habitación, camino al salón.

A partir de ahora creo que seremos muy buenas amigas. Ya os iré contando. Ahora he de seguir estudiando o, de lo contrario, mañana moriré en el examen.

La moraleja de hoy es: “Encontrarás a tu mejor amiga,incluso, en las situaciones más embarazosas.”

viernes, 29 de octubre de 2010

Capítulo 7: Pasajes a otro mundo

Disculpad mi desaparición repentina; pero es que estoy de viaje.

Resulta que descubrí que otro de mis amigos cumplía años el veintidós de octubre. “Jo... Si es que parece que todas las parejas se ponen de acuerdo para fornicar por las mismas fechas. De ahora en adelante, consideraré febrero y marzo como la época de apareamiento humano. Las olimpiadas sexuales”

Perezosamente agarré el teléfono y con mala gana fui dejando caer mi dedo índice sobre los diferentes agujeros de los números que deseaba marcar, y desplazando muy lentamente la ruedecita del teléfono mientras sostenía, con la otra mano y ayuda del hombro, el auricular. Esperé un segundo y comenzó a emitirse la señal. Resonando, de pronto, un fugaz ruido metálico inmediatamente seguido de una voz proveniente del otro lado del hilo:

- ¿Diga?

- ¡¡¡FELICIDADES JUANMAAA!!!- respondí con voz entusiasta.

Se trataba de un chico extremadamente espontáneo y muy divertido. Quizás sea, además de Dimas, la persona con la que más me alegra seguir en contacto tras la despedida de Hideki.

- Gracias Heather- rió

Parecía algo cansado; por lo que estuve a punto de preguntarle qué le sucedía. Pero en lugar de ello dije:

- Venga; prepárate, porque mi regalo de cumple será una excursión a la tienda de comics más grande de la ciudad.

- ¡GENIAL!- gritó, mientras yo me apartaba el auricular del oído, a la par que arrugaba mi perfecto rostro de manera inconsciente.

Sabía que esa idea le encantaría. Después de todo, le conocí en uno de esos eventos de animación japonesa con nombre de parte de camisa. “Que originalidad”.

Por mi misma no habría ido ni aunque me prometiesen todos los perfumes de Cacharel desde su creación hasta la actualidad. No me gustaban para nada esos dibujos ojigrandes y poco realistas. Pero a Hideki le vuelven loco; y por esa época aún no era capaz de hacer nada sin él. Así que, quisiera o no, me veía arrastrada a esos lugares infestados de frikis a más no poder. Disfrazados de ridículos personajes. Y, además, son tan poco originales que, por lo poco que me he informado, han de disfrazarse de personajes referentes a series extremadamente comerciales para aquellos que entienden del tema. No son capaces de vestirse de otros. Por lo que al ir a esos sitios se ven innumerables clones de un mismo monigote. Sintiéndose maravillosamente bien haciendo una cutre imitación del personaje en cuestión. “Dios… menuda vergüenza ajena pasaba esos días”.



Recuerdo una vez en concreto, precisamente él día que conocí a este chico, en la que me avergoncé tanto de estar allí en medio, que me arrimé lentamente al rincón más apartado de la zona. Junto al puesto de bebidas.

Pedí una Coca-cola Light. Pero como el “barman” me vio con cara de que, tras ese pequeño capricho refrescante, cometería un suicidio sin contemplaciones, extendió la mano, ofreciéndome, a escondidas, una botella de sake. Nunca lo había probado antes; de todos modos no suelo beber. Ya que es malísimo para la piel. Pero la situación lo requería, debido al alto grado de desesperación en el que me encontraba en aquel momento. Así que acepté la botella; pero antes de soltarla, el chico se puso su dedo índice en los labios como señal de que lo guardase en secreto. Pues las bebidas alcohólicas era algo que no estaba permitido en el evento. Por lo que debía ser discreta. Luego me explicó que se trataba de una bebida hecha a base de arroz fermentado. Así que, no sé por qué, pensé que no debía de ser tan fuerte. Por lo que no se subiría tan rápido como podría hacerlo cualquier otra bebida que contuviese alcohol.

Miré la botella y, de un trago, me tomé la mayoría del contenido. El chico abrió los ojos tanto que parecía que los globos oculares se le saldrían de un momento a otro; y con un gesto rápido intentó detenerme, sustrayéndome la botella. Pero ya era demasiado tarde. Porque tras una ráfaga de violentos ataques de tos, debido a la fuerza del alcohol, la bebida ya había hecho mella en mí. Y recuerdo, de una manera muy lejana, que me subí al escenario como pude, portando sobre la cabeza un bote de ramen vacío que previamente había sacado de la basura (mi pelo acabo oliendo a ternera y hecho un auténtico estropicio) y un mantel desechable a modo de capa. Cogí decididamente el micro y comencé a cantar, combinándolo con movimientos ridículos que, gracias a la borrachera, no puedo recordar con exactitud. La gente se arremolinó cubriendo el perímetro del escenario, atraídos por mi voz desafinadamente relajada, mientras se reían y me animaban a seguir. Luego me detuve unos segundos, y me desplomé súbitamente sobre la superficie enmoquetada.

Lo próximo que recuerdo es estar en un cuarto que tenía pinta de ser un almacén. Me hallaba tirada en el suelo polvoriento, rodeada de cajas y objetos irreconocibles, por el embalaje que les envolvía. Y un chico de complexión ancha, estatura media-baja, con gafas, intentando que recuperase la consciencia.

- ¡¿Estas bien?! oye…- decía con una tonalidad cargada de preocupación.

Su cara fue cobrando nitidez poco a poco. Dejando atrás la espesa bruma que me hacía ver su rostro como algo amorfo, completamente difuminado. Quedando ante mí el chico, disfrazado, con peluca rosácea, coronada con una diadema con orejitas de conejo, trajecito de princesa del mismo color que la peluca y una serie de accesorios que, a pesar de ser de valor joyeril cuestionable, le sentaban con mucho estilo.



- Sí…eso parece- decía con voz débil y molesta. Llevándome la mano derecha a la cabeza; pues la tenía tremendamente zumbada- ¿Cómo he llegado hasta aquí?.

- En cuanto quedaste inconsciente, la gente empezó a perder el control. Yo me subí al escenario y te cargué en brazos. Como conozco al encargado le pedí que abriese el almacén para estar lejos del bullicio de ahí fuera, para que te recuperases mejor. Has tardado una hora, y poco más en recuperar la consciencia. ¿Se puede saber que has tomado?.

- …s… solo un poco de sake…- hablaba entrecortadamente por el fuerte dolor de cabeza que tenía.

- Un poco. Sí, ya…- dijo con incredulidad.

- No grites, por favor. La cabeza me va a estallar.

Tras esto, hice un pequeño esfuerzo por levantarme, muy mareada. Pero enseguida sentí como algo me tiraba del estomago hacia arriba. Y el esófago se me dilataba de una manera casi automática.

Intenté llevarme la mano a la boca, para retener el vomito que parecía querer salir a toda costa de mi interior; pero ya era demasiado tarde. La sensación pudo más que yo, y vomité encima del traje del pobre chico.

- Lo… lo siento. Yo…- decía avergonzada-…yo puedo arreglarlo. ¿Cuánto quieres?- metí la mano en el bolso, en busca de la cartera.

- ¡Uuuf!... No pasa nada…- dijo con cara de enfado contenido mezclado con resignación.

- No sé que me ha pasado…

- A juzgar por el olor del que se ha quedado impregnado mi disfraz, yo diría que te has tragado una buena cantidad de sake. Eso explica que estuvieras montando aquel follón ahí fuera.

- ¡Oh…no… ¿Fue mucho?!- preguntaba alterada dentro de los marcos que el dolor de cabeza me permitía. Mientras el chico me miraba con una cara que reflejaba la increíble incredulidad que intentaba suavizar.

- Venga ya… Yo creo que esto saldrá en todos los medios de comunicación. Mañana, en lugar de dedicar un espacio al reportaje referente al salón, dedicarán el doble a ti y tu momento en el estrellato como cantante algo pasada alcohólicamente ablando- rió- es lo que a la prensa le interesa. Y, ¿para qué engañarnos? Al público en general.

- Vale, vale. Vaya ánimos… deberías ser psicólogo ¿sabes?- aclare con un deje sarcástico.

Levantándome, con su ayuda, tras haber desechado parte de la sustancia, le di la mano a modo de saludo. La situación no daba paso a un mínimo comportamiento cortés y no habíamos podio presentarnos. Además, la cosa no estaba como para darle un beso. Pues, apuesto a que mi aliento olía a un desagradable O’ de bilis.

- Gracias por todo. Me llamo Heather.

- Yo me llamo Juanma. Pero hoy soy Usagi princess.

Lo miré con algo de desprecio imperceptible; resultaba ser un friki más de los que se acumulaban de puertas para afuera, una vez saliéramos del almacén. Pero ante todo, me había ayudado. Así que, de una forma u otra, me encontraba en deuda con él.

- Vaya… em… ahora que me fijo, sí que es un bonito vestido.

- ¿A que sí? Lo he hecho yo mismo, remodelando un antiguo vestido de princesa- la cara se le iluminaba al hablar- Este personaje es exclusivamente mío. De mi propia creación- anunció orgulloso.

“Era como una versión travestidamente pedófila de las chicas de portada Playboy”

- ¡Uuuh!- emití falsa sorpresa- es… Eso resulta fascinante- esbocé una sonrisa prehistórica.

Después de aquello, salimos a escondidas, camino hacia los baños del establecimiento. Procurando que no nos viesen: yo, para evitar que la gente me preguntase y me viese con la mala cara que llevaba. Y así evitar quedar como la borracha del salón para la posteridad, convirtiéndome así en una leyenda urbana que se contarían los futuros predecesores de los frikis actuales. Y Juanma, para ocultar la mancha que mis jugos gastricos le habían dejado en el vestido.

Llegar hasta nuestro destino fue toda una odisea. Ocultándonos y yendo con precaución. Los baños no parecían surgir nunca ante nosotros. Se encontraban extremadamente lejos desde el epicentro de la actividad pseudosnipona. “Como para que a alguien le entrase un apretón y no llegara a tiempo…” en cierto modo fue lo que esperé que sucediera. Ya que sería lo único que eclipsaría mi actuación ridícula. Siendo reemplazada, y cayendo en el más absoluto de los olvidos. Pero no. No sucedió.

Al llegar, tratamos de limpiar el vestido de Juanma, y disimular el olor del que había quedado impregnado. Luego, me lavé la cara. Tras esto me maquillé un poco y me retoqué el cabello. “siempre llevo mi set de maquillaje en el bolso. Es un consejo que doy. Una nunca sabe a que imprevistos se ha de enfrentar, y mantener una imagen siempre inmaculadamente perfecta requiere de continuos retoquitos”

De esa manera tan desastrosa, fue como conocí a ese niño tan cómico. ¿Quién me iba a decir a mí que me amigaría con un miembro de la especie fricosa que tanto trataba de evitar, y que tantos años después sigamos estando tan unidos. Hay que ver como vuela el tiempo”

Pasé a por Juanma, en la limusina y nos dirigimos a la tienda de comics americanos, manga y anime más grande de toda la ciudad. Y mientras él era literalmente absorbido por esos dibujos tramados en blanco y negro, yo pululaba por ahí sin enterarme de nada. Observando al prototipo de persona que solía frecuentar esos lugares: sexo varón, la mayoría, gordos, granudo, con gafas, pelo largo, con las puntas florecidas y una cantidad ingente de grasa capilar sobre su diminuto cuero cabelludo. Me dio la impresión de que esta gente no hace más que pasarse días y días encerrados en su habitación, comiendo sin parar, con un nivel de higiene ínfimo y leyendo comics a la vez que tienen reproduciendo algún capitulo de alguna serie anime. Me imagino que sus habitaciones serán una especie de maqueta de vertedero. “Oh… por favor… salvadme”

Mientras me encontraba en medio de una serie de pensamientos ligeramente grotescos con relación a los clientes de la tienda, sentí unos golpecitos en mi hombro izquierdo. Al volverme encontré a Juanma de pie, junto a mí, con una cara que transmitía tanto brillo de felicidad, que inconscientemente fruncí el ceño.

- ¡¡¡MIRAAA!!!- me pegó tanto el comic a la cara que llego hasta mi el delicioso olor a nuevo- he conseguido el tomo dos mil cuatrocientos noventa de Sakura card captor y un poster magnífico de sailor Venus, edición limitada. ¡SOY FELIZ!- concluyó.

El manga, al igual que el anime, me resultaba pesado precisamente porque los tomos tomos y episodios, respectivamente, son interminables. Y no porque cada capítulo tenga un argumento interesantísimo e imprescindible para el desarrollo de la historia, sino porque ocurre exactamente lo contrario. Están plagados de material de relleno que no tienen nada que ver con el hilo argumental clave. Además. Hay que añadir que estas series y tomos los forman dibujos que distan mucho de lo que pueda asemejarse a un ser humano normal: Sus expresiones, actos, comportamientos y posturas no son humanos. Simplemente estúpidos. Quieren introducir tanta comedia, que lo joden.

- Vaya que bien. Has tenido mucha suerte- dije de manera que no se notase mi extrema falta de interés.

Cuando acompañé al chico a pagar los artículos adquiridos, que pretendía pagar yo a modo de regalo de cumpleaños, pude ver un cartel pegado en el mostrador que ponía:



A mí no me resultaba atractivo, pero era el cumpleaños de Juanma, y él adora el manga y ese país en su conjunto.

- Oye Juanma…- dije sin apartar la mirada del dependiente. Que se encontraba al otro lado del mostrador.

- Dime- contestó con voz aún eufórica, con los ojos clavados en el poster de la tipa esa.

- Espérame un momento aquí. ¿Sí?

Tras esto me dirigí hacia el mostrador. Pero el hombre salió de detrás de la mesita de madera y se dispuso a ir hacia la trastienda. Por lo que me obligó a cambiar mi rumbo. Siguiéndole hasta introducirme, detrás de él, en la zona restringida.



- Hola- mi voz sonó muy descarada, ahora que lo pienso.

- ¿Qué haces aquí? ¿No sabes leer?- parecía haberle afectado más de lo normal. Ni que escondiese allí un cadáver- el rótulo de la puerta dice claramente: solo personal.

Ignoré sus palabras y proseguí:

- Me he fijado en que estáis sorteando un viaje a Japón… Bueno no voy a entrar en detalles. Porque ya sabes a que me estoy refiriendo. Parece ser un acontecimiento muy popular, a juzgar por los chillidos que produce la gente de ahí fuera- y era verdad. Al entrar en la tienda, nos habíamos fijado en la gran marabunta que esperaba sin comprar nada. Y nos preguntábamos qué era lo que aguardaban- El caso es que yo quiero resultar ganadora por encima de todo. Y me he dado cuenta de que aún no ha empezado- dije fijando mis oscuras pupilas en la caja de bolas.



- Así es- ya parecía acostumbrado a mi presencia en el lugar. Debió de darse cuenta, por mi desparpajo, que, por mucho que insistiese, no tenía la intención de marcharme de allí sin haber logrado mi objetivo- la rifa consiste en que cada participante debe comprar un boleto de estos- me enseñó un carrete de boletos separados por microcortes, de color naranja, con el logo de la tienda- cada uno de los boletos otorga al participante a introducir la mano una vez, sacando una bola. Así pues, cuantos más boletos se compren, más veces se podrá introducir la mano. Y por tanto, mayor es la probabilidad de ganar.

- Comprendo…- dije con voz tramadora. Y me dirigí hacia la mesa en la que reposaba la tentadora caja. Cuando llegué a su altura, me apoyé en ella suavemente, mientras la usaba para producir ruiditos con la punta de los dedos, y proseguí- ¿No…existe la posibilidad de llegar a un acuerdo en cuanto al premio? Supongamos que yo soy la primera de la fila de participantes. Y, por casualidad,- aquí me permití especial énfasis- consigo extraer la, tan codiciada, bola dorada- le guiñé el ojo.

- Señorita. ¿Usted está intentando sobornarme?

- No, no, no- me di prisa en contestar. Pero sin perder el descaro y la tranquilidad de mi voz- No me ofendas, por favor. Consideremos que es solo una reventa de pasajes, con un sugerente interés añadido. Con esta oferta conseguirás aún más beneficios que con la simple venta de boletos No la puedes rechazar. ¿No te parece?

Mientras decía esto busqué en mi bolso la cartera. Y saqué de ella cuatro relucientes billetes de quinientos euros y dos de cien. Abanicándome con ellos posteriormente.

- Vaya. ¿No hace calor aquí?- me regodeé

Como era de esperar, el vendedor fijó, inmediatamente, la vista en los billetes “el dinero lo consigue todo”. Sonrió ampliamente, pero, tan pronto como había aparecido la sonrisa desapareció de su granudo rostro.

- Esto tiene que tener algún truco-analizó la situación- una chica tan joven no puede llevar tanto dinero en efectivo en el bolso. ¿Cuantos años tienes?, ¿veintitrés, Veinticinco? Y por otra parte, nadie da tanto dinero, empeñándose en ganar un sorteo de una tienda normal y corriente- dudó.

- Primero; ¿por qué te tengo que dar explicaciones yo a ti de cuanto dinero tengo en mi poder? Segundo; a una dama no se le pregunta la edad. Es muy descortés por tu parte. Además de que no pienso contestar. Y tercero; si no lo quieres demuestras ser un necio.

Me dispuse a irme. Pero el me detuvo. “Ya lo tenia todo previsto. La psicología inversa siempre funciona”.

- Sin embargo, no he dicho que no lo quisiera- dijo mientras yo me volvía hacia él- Pero, por curiosidad, ¿Por qué alguien tan rico tiene que sobornar a un humilde vendedor de comics, si puedes ir por ti misma a comprar los billetes de avión?

- La respuesta es simple: Porque la persona a la que se los quiero regalar cumple hoy años, y no aceptaría que se los comprase directamente. Pero si los “gano” en un sorteo, no podrá negarse. A mí no es que me haga gracia viajar a ese país… Pero como a él sí, pues hago todo esto.

Sin decir nada más, se dirigió a la caja y saco todas las bolas negras que, simbolizaban la perdida de la oportunidad comprada. Y dejó solamente la bola dorada en su interior.

Me acerqué a él y le di los billetes.

- Salís hacia Japón, esta noche en el vuelo de las diez. Toma- me dio un boleto- Si no tienes ninguno podrían sospechar. Los billetes de avión te los daré en cuanto saques la bola, ante todo el mundo. Cuanto más real, menos se fijará la gente.

Tras este pequeño arreglo por mi parte, el chico cargo la caja en brazos y salimos a la parte delantera de la tienda. La gente ya hacía cola. Y yo me acerqué a Juanma.

- ¿Dónde has estado? ¿Por qué te metiste ahí dentro?- decía extrañado.

- Tranquilo solo fui a comprar un boleto- dije enseñándoselo.

- ¿Boleto?

- Sí. Fíjate en el cartel. Hoy hay un sorteo. Y si ganamos nos iremos a Japón

- ¡Buah! Pero en eso nunca se gana.

Me reí, cogí a Juanma de la muñeca y nos colocamos los primeros de la fila.

- ¡ATENCIÓN!- gritó el vendedor- da comienzo el sorteo.

Juanma intentó decirme algo pero le mandé guardar silencio porque el dependiente me había ofrecido meter la mano en la caja tras haberle mostrado el boleto.



Para sorpresa de todos elevé la bola dorada. Para que todos pudieran verla. Mientras Juanma decía, entre murmuyos de gente que decían que la rifa estaba amañada:

- ¡HAS GANADOOO!. ¡NO ME LO PUEDO CREER!. ¡DE VERDAD NOS VAMOS A JAPÓN!

A las 21:35 ya estábamos pasando el control del aeropuerto, con todas las maletas ya facturadas. Hacia la puerta de embarque. Tuve algunos problemas con la hebilla del cinturón de D&G. Pero no hubo mayor complicación.

En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en los asientos correspondientes. Y pocos minutos después. Sentimos despegar el gran pájaro metálico.

- ¡ALLÁ VAMOOOS!- Gritamos los dos.

A pesar de no ser un destino que me entusiasmara, no se porqué. Pero me invadió una emoción extraña. Ahí estábamos. Rumbo a la tierra del sol naciente.

Perdonad chicos, pero aún me quedan unos días en tierra nipona y estoy usando un ordenador del hotel. En cuanto llegue a casa os contaré el desenlace. Hasta entonces… ¡Sayonara!.



La Moraleja de hoy es: “A veces una pequeña mala acción procura la felicidad de varias personas”

domingo, 26 de septiembre de 2010

Capítulo 1: Un paquete misterioso

Ya hace un par de días que he hallado la manera de independizarme del estúpido de Hideki. Y esta nueva vida libre de cadenas parece que comienza a entusiasmarme.

Me llamo Heather y hasta hace poco llevaba una vida paralela a la de Hideki. Pero gracias a mi fuerza de voluntad y a la cantidad de paciencia invertida, he logrado realizar mi deseo más anhelado. Tengo veintiún años, soy lista, bella, tengo dinero, un padre que me tiene en un pedestal y lo más importante: SOY LIBRE. Me comeré el mundo.

Hoy ha sido un día bastante intrigante para mi gusto y con un desenlace muy satisfactorio:

Recuerdo que me levanté bastante desanimada porque el día anterior había descubierto que el limite de mi tarjeta de crédito había sido reducido... "vaya ahora tendré que gastar menos que antes. ¿La empresa de papá estará pasando un mal momento?".

Posé los pies sobre mi alfombra de angora, experimentando la gratificante sensación que produce. Era como estar caminando sobre varios caniches recién salidos de la peluquería canina. Esponjosamente suave. Y me incorporé suavemente, retirándome de mi mullido lecho de plumas de cisne. Tras mirarme en el espejo de mi tocador de una manera fugaz, me dispuse a bajar las escaleras que conducían al vestíbulo.

No es que tuviera demasiada hambre, pero de todas formas decidí tomarme un vaso de leche caliente y una manzana.

- ¿Pero donde diantres está el maldito servicio?- grité yo sola en el umbral de la puerta del comedor mientras daba un pisotón a una inocente baldosa del suelo marmóreo- Dios, es que en esta casa todo tiene que hacerlo una misma.

Tras morder la manzana y haberme bebido todo el vaso de leche sonó el timbre de la puerta. Al parecer la gente no tiene consideración por las damas que dormimos las horas que nos corresponde. Joder que solo eran las doce de al mediodía. "Que falta de consideración..."

Abrí la puerta tras ponerme mi bata de seda china, de color purpura, con pedrería incrustada. Hay que recibir a la gentuza con glamur incluso acabados de levantar. No hay que olvidar que lo más importante en esta vida, después del dinero y el poder, es cegar al prójimo con tu luz propia.

Al otro lado de la puerta me encontré con una pobre alma desgraciada; con el pelo revuelto, camisa de adidas de la temporada pasada y unos baqueros y tenis de marcas irreconocibles. Le miré con cara de superioridad:

- ¿Si-iii?- emití un deje cantarín haciéndole notar mi sarcástica fascinación por su desfasadísimo atuendo. "jajaja yo me pegaría un tiro antes de atreverme a salir a la calle así"

- Hola- Dijo con voz tenuemente grave- vengo a entregar un paquete, para la señorita Heather Jimberts.

- ¡¿Paquete?!- de pronto se me iluminaron los ojos y me olvidé completamente del chico al visualizar la preciosa caja de color naranja con lazo que portaba bajo su esmirriado brazo- Sí. Tiene la increible suerte de poder estar hablando con ella en este momento- reí discretamente, y el chico se sonrojó. "Pero que fácil es hacer que suspiren por una"

- Fi-fi-fírmeme aquí si es tan amable- dijo con voz notablemente nerviosa por mi malévolo acto anterior con esa precisa intención.

Le arranqué literalmente el paquete de las manos tras haber firmado el recivo. Despues de todo era un paquete demasiado bonito para ser tocado por alguien tan mediocre. podria contaminar su interior.

Lo llevé corriendo a mi habitación para poder saborear los segundos que se tarda en desenlazar la cintita y en abrir la tapa. Para luego aspirar el delicioso aroma a nuevo.

cuando por fin aparto la tapa, un papel especial envolvía unos zapatos extrabagantemente preciosos de plataforma que me enamoraron al instante:



Eran increibles; jamás pensé que el excremento vacuno pudiera hacer algo tan maravilloso. Eenseguida me los calcé y tiré una foto para subir al facebook, para envidia de mis admiradores:



Oh... estaba tan inmersa en mi euforia calzadítica que olvidé por completo la notita que vino con estos bebés:

"Querida Heather, espero que te guste este humilde presente traido en exclusiva de la última colección de la fashion week de NY.

Besos tu paladín"


- ¿Y esto?- dejé escapar en voz alta.

No podía dar credito a lo que acababa de leer. Alguien me enviaba estos zapatos tan sublimes desde NY y por lo que parecía está muy interesado en mi... ¿Quién puede ser?. Me intrigué un par de segundos más, pero pronto me levanté dejando caer la nota, haciendo posturas adorables delante del espejo para lucirlos. Ya tendré tiempo de averiguar sobre ese paladín mío. Ahora toca disfrutar de los zapatos...