He estado saliendo con mis amigos (Dimas y Juanma). Y la verdad que me he sentido liberada; el hecho de pisar fuerte el asfalto, respirar y hacer lo que quiera sin temor a nada me reconforta gratamente. Y además está Lázaro; que me ha ayudado mucho durante algunos momentos duros que he tenido esta semana; determinadas crisis que mi psicólogo ha intentado erradicar. Pero sinceramente no ha causado tanta mejora en mí como la esta consiguiendo ese macarrilla. “No pensaba que alguien pudiera hacer tanta mella en mi… Es algo insólito”
Pero como sabréis, lo bueno nunca viene solo. Y es que he faltado tanto tiempo a la facultad que ahora se me acumula todo lo que se ha dado durante estos largos y

Todo empezó el martes pasado; cuando yo estaba completamente absorta por los apuntes referentes al examen de mañana. Recuerdo que estaba estudiando los tejemanejes eclesiásticos, cuando de pronto un fuerte ruido me sacó de mi burbuja de concentración; por lo que me dirigí a la ventana con la intención de salir cual maruja y pegarles cuatro gritos, para ver si de esa manera cesaba ese infernal escándalo. “Joder. Se suponía que esta era la zona más tranquila y lujosa de toda la ciudad. Creo que no merece tantas atribuciones. No puede una ni estudiar tranquila.”
Al retirar la cortina de seda violeta y mirar a través de la ventana, pude divisar un

De pronto, un Lamborghini plateado aparcó velozmente ante el camión. Y de él descendió una chica jovencita, yo diría que de mi edad “Aunque parece mayor… Debería hidratarse más esa piel” Y al parecer debía tener dinero también. Ese coche no puede estar en manos de cualquiera. Además…, he de admitir que era bastante adorable de cara. No era guapa, pero si tenía un atractivo especial.

No le di demasiada importancia. Después de todo, el ruido terminó por desaparecer una vez los empleados terminaron de meter las cajas en la casa y alejado el camión de la zona. No habría pasado de esa mañana, de no ser por los acontecimientos que tendrían lugar esa misma tarde:
Salía de la ducha recitando en voz alta la base de la economía moderna, cuando me di cuenta de que la ventana de mi habitación daba frente a frente con la ventana, de la habitación donde la chica se había instalado. “Ahí está ella. Colocando su ropa en los cajones de la cómoda. Ahora que lo pienso… ¿Será esta la amante del viejo? He oído por ahí y visto en telenovelas que suelen pasar cosas así: jovencitas que se enrollan con ciruelas pasas que están forrados, para luego quedarse con toda la pasta… “¡AY! Menuda repugnancia. Pero muy astuto. Además ese hombre es un modelo a seguir”
Pensando en lo lista que había sido la chica, convencida de que la relación que había entre ellos iba mucho más allá que una simple amistad o de huésped, y empezando a sentir un pequeño atisbo de admiración por aquella zorrita oportunista, vi como, lentamente, bajaba el estor de tela color pastel, que solo dejaba ver su silueta negra.
Estaba a punto de dejar de observarla, no fuera que me estuviera viendo. Pero de pronto su figura dejó de moverse. Me pareció que me estaba mirando. Para mi sorpresa, comenzó a adoptar posturas extrañas y a realizar movimientos sinuosos con un matiz de provocación. Me pareció descarado en un principio, pero luego le cogí el morbillo a la situación. Finalmente era evidente que me había visto observarla, y a juzgar por todo lo que pasaba… no le importó lo más mínimo.
Cada día que fue pasando, los bailes y posturitas iban siendo más candentes. Hasta el punto en que yo también acabe sumándome al juego. Bajé mi estor y comencé a mostrarle mi lado más ardiente “Me cuesta reconocerlo pero, la verdad es que me excito bastante”. Ella quiso dar un paso más allá y comenzó a quitarse ropa muy despacio. La silueta se movía sensualmente y se veía que la chica se deshacía de cada una de sus prendas sin ningún pudor. Así que yo no quise hacer menos e hice lo propio.
Quería saber qué chica tan extrovertida era capaz de iniciar esa clase de juegos tan eróticamente morbosos. Así que me armé de valor y decidí cruzar mi jardín y la calle, rumbo hacia la puerta de la casa de esa streeper aficionada. No porque me interesara sexualmente, que donde este un buen pene… jajaja. Nah, en serio; sí que se parecía bastante a mí en cuanto a lo desinhibida que era. Por lo que pensé que, siendo amigas, formaríamos una pareja explosiva. Ella podría aprender cosas de mí y yo de ella.
Al subir los tres escalones que separaban el entablado del porche del suelo térreo del jardín me invadió un inexplicable sentido del ridículo. Realmente no sabía que estaba haciendo allí; era absurdo que me presentara así, de repente, porque ya no cabía duda alguna de que ella sabía que la observaba. Pero, sobre todo porque nunca me había molestado en darle la bienvenida al vecindario a ningún nuevo vecino. Así que con esos, más que razonables, argumentos detuve a tiempo a mis nudillos, antes de que estos se estrellasen repetidamente contra la madrea barnizada de la puerta. Y dando media vuelta, deshice mi camino. De vuelta a casa.
Me pasé toda la noche dándole vueltas a la locura que estuve a punto de cometer. Hasta bien entrada la noche no logré conciliar el sueño y tampoco tenía la concentración suficiente como para reanudar el estudio. “Menuda perdida de tiempo. Vale oro, como para estar derrochándolo de esta manera”. Se me ocurrió llamar a Lázaro. Pero no me respondía “maldita manía de tener el móvil en silencio… Esto es lo malo que tiene este chico. No sabes cuándo ni cómo, aparece o desaparece cuando quiere. Pero…cuando está conmigo… mi mundo da un giro impresionante. Todo lo demás desaparece. Solos él y yo. Como el día de la moto”
Al día siguiente, presa de un cansancio atroz y el reflejo de unas ojeras horribles me dispuse a hacer mi vida cotidiana, desplazando por completo a la chica de enfrente. Pero cuando estaba en medio de mi desayuno, sonó el timbre dos veces seguidas. Y una tercera cuando me encontraba recorriendo el pasillo, hacia el vestíbulo, mientras me limpiaba la comisura de los labios.
- ¡YA VOY! Vaya con la gente… encima apremiando.
Abrí la puerta de un tirón, con la misma mala gana con la que me había levantado de la mesa.
- Hola
“¡NO PUEDE SER! Es la chica de en frente” Un sudor frío brotó de mi frente y de forma inconsciente cerré de golpe la puerta en sus narices, apoyando mi espalda en ella al dar el golpe. Al instante me di cuenta de la gran estupidez que había cometido “Tonta, ¿no ves que así causas peor impresión de la que ya hayas podido causar haciendo semejante show por la ventana? Sal ahí fuera y actúa con natural frialdad.”
Hice caso a mi propio pensamiento y volví a abrir la puerta. Quedando ante mí una chica de aspecto joven, de complexión normal, tirando a rellenita, cabello de un castaño claro, cara ensanchada, ojos azulados y estatura baja.

- Hola- respondí- perdona por mi grosería. Yo…
- No pasa nada- interrumpió mi intento de disculpa- Es normal tu reacción. Teniendo en cuenta el espectáculo que dimos sin conocernos- rió.
- Sí… Es que cuando te dejas llevar es lo que tiene- imité su risa.
- Sí…pero… es que no lo hacia para ti- explico con dificultad.
Al oír esto se me cayó el mundo encima. Deseé que la tierra se me tragase. “Jo… he hecho algo pensando erróneamente y ni siquiera me hizo caso… Que idiota”
- ¿A…ah…no?- sonreí- creo que hice el ridículo entonces.
- No, no. Para nada. Si al final resultó incluso más divertido de lo que yo pensaba- rió de forma descontrolada- Bueno, ¿qué? ¿Me vas a tener aquí todo el día?
- ¿Eh?...- la pregunta me desconcertó, pero todo quedó rápidamente aclarado en cuanto me hizo una seña con la mirada, hacia el interior de la casa- Ah, no, no. Adelante, pasa- dije entre risas aniñadas, mientras cerraba la puerta a nuestra espalda.
La llevé al salón y dejándola sentada en uno de los sillones me fui hacia la cocina, dirigiéndole una mirada, dejándole indirectamente claro que esos sillones costaban mas que todo un cargamento de maría.
Al rato regresé con una bandeja de plata con su juego de te correspondiente, y me senté a su lado sin quitarle la vista de encima.
- Aquí te traigo algo de té, es importado de Marruecos. Y las pastas son de Reino Unido- presumí- Sé que nosotras no deberíamos servir… Pero mi última sirvienta

- Ains…Es tan complicado encontrar un servicio eficiente…- dijo mirándome con unos ojos que reflejaban lo bien que me comprendía.
Me sorprendió gratamente la respuesta de la chica; pero a la vez me resultaba extraño. Porque era como si estuviera hablando conmigo misma. Y eso me asustaba ligeramente. Pero así y todo me entró mucha más curiosidad y quise saber más de ella. De algún modo… presentí que seríamos como uña y carne.
- ¡UY!- exclamé- perdona mi descortesía. Mi nombre es Heather. Heather Jimberts. ¿y tu eres…?
- Esther Medina Robles
- ¿Robles? ¿Eres hija del vie…? digo, ¿del anciano?- dije sorprendida.
Después de todo, se sabe que un hombre puede inseminar a cualquier edad… pero ese hombre tendrá ahora unos setenta y nueve u ochenta años; por lo que tuvo que fecundar a la madre de esta chica a los cincuenta y ocho, cincuenta y nueve… “¡VAYA SEMENTAL!”. aunque a decir verdad, nunca he visto a ninguna mujer en la casa… a no ser que… “¡¿LA SIRVIENTA?! No, no, no…, por favor. Que escándalo…” Todo un caos interno se apoderó plenamente de mí. Debatiéndome entre lo que yo consideraba moral y lo que se ha de tener en cuenta según el interés que se tenga por tener buen sexo.
- No- Rió- Soy su única sobrina. La hija de su hermana menor; ¿no ves que Robles es mi segundo apellido?- aclaró llevándose una pasta a la boca- estoy aquí para hacerme cargo de él. Está enfermo de parkinson. Dolores, su sirvienta, le ayudaba en cuanto podía. Pero ahora- tragó el bolo alimenticio conformado por una mezcla de salíva y la masa de la pastita de té- está en una fase muy aguda de la enfermedad; y la pobre mujer ya no es capaz de hacerse cargo de él. La vejez no perdona, cariño- suspiró.
- Y que lo digas…- La miré con una mueca de horror que vi reflejada, exactamente igual, en su rostro. Y como un acto reflejo, ambas agarramos el bolso, como si nos fuera la vida en ello, y sacamos, al mismo tiempo, pequeños espejos de retoque, en el que miramos nuestra radiante belleza. Necesitábamos admirarnos a nosotras mismas para olvidar la cruel idea de que nosotras también acabaríamos de esa manera. Cosa que retrasaríamos lo máximo posible, gracias a las maravillas conseguidas en los avances de la ciencia respectiva a la cirugía plástica.
-¿Sabes?- dijo Esther, guardando a la vez que yo, el espejito en el bolso, una vez nos convencimos falsamente de que no nos marchitaríamos nunca- En cuanto mi tío muera me convertiré en su única heredera. Ahora pertenezco a la mediocre clase media. Me avergüenza reconocerlo, pero no falta mucho para que cruce el umbral hacia la buena vida- a partir de aquí disminuyó la intensidad de su voz, hasta convertirla casi en un susurro. Como si tuviera miedo de que alguien pudiese escucharle- incluso, hay veces que me despierto por la noche y luego no consigo conciliar el sueño de nuevo. Así que, en medio del silencio y la oscuridad, no puedo evitar pensar en planes un

- ¡Ay, Esther! Eres demasiado- dije de forma entrecortada, debido al ataque de risa aguda que me había invadido- eres peor que yo.
- ¿Qué quieres? Padezco de insomnio y tengo demasiado tiempo para delirar- seguía riendo.
Esta chica me cayó muy bien. Era una pobretona, y se le notaba al hablar y actuar su origen marginal. Como por ejemplo con la galleta; hablando con la boca llena. Pero lo más importante es que ahora esta viviendo con un multimillonario, que la educará en este mundo. El mundo de los ricos. Y la convertirá en una dama. A parte, heredará toda la fortuna y la mansión Robles; por lo que de aquí a poco tiempo será persona. Y dejará atrás su pasado vergonzoso. De hecho era una fan del viejo, pero tras haberla conocido a ella, él se esta quedando atrás. Esther es como un modelo mejorado, a partir del antiguo. Por lo tanto, cuando termine su formación de dama, será mucho peor que su tío. “Es una chica admirable.”
- Oye, pero si lo de la ventana no lo hacías para mí… ¿para quién, entonces?
- Te llevaré a mi casa esta tarde, para que lo veas por ti misma. Ahora, ¿te gustaria dar una vuelta en mi Lamborghini?
- ¡Claro!- exclamé entusiasmada, aunque desconcertada porque la curiosidad me pedía respuesta a la pregunta que anteriormente le había formulado.
Tras pasar un día fabuloso, experimentando lo que un motor extremadamente potente podía hacer en la autopista “parecía como si voláramos. Todos mis agobios quedaron atrás una vez arrancamos. Tenía la impresión de que íbamos tan suavemente rápido que mis problemas no podían alcanzarme. Fue increíble, estando acostumbrada al lento y tranquilo ritmo de mi limusina.” y unas compras, seguidas de un delicioso almuerzo regresamos al vecindario alrededor de las 18:30. Aparcamos y siendo tirada de la muñeca por Esther, nos adentramos en la mansión Robles.
Al atravesar la puerta, me impresionó lo grande y lujosa que resultaba a la vista. El exterior era impresionante. Pero el interior me dejó sin palabras. Se notaba que el que vivía en ella era un viejo, pues la decoración era demasiado clásica. Casi rozando lo victoriano. Pero no quita nada de esplendor. Incluso me atrevería a decir que sumaba, si cabía, aún más clase y lujo “Joder con la zorringa esta… Y pensar que sin hacer nada heredara semejante caserón. Si la casa es así, no me quiero imaginar como sera la fortuna.”


Subimos las escaleras y atravesamos un pasillo marmóreo, que desembocaba en un grandioso balcón, por medio de una serie de arcos de medio punto, que otorgaba a la arquitectura de


- ¿Cuándo piensas responderme?- pregunte con impaciencia.
- ¿Qué hora es?- me evadió
- Las 18:57. Pero, ¿eso qué tiene que ver?
- Tú solo mira hacia allá- dijo señalando, a través de la ventana, el balcón de la casa que estaba al lado de la mía.
Al principio no vi más que una tumbona vacía, una mesita a su lado y la gran mampara de cristal que separaba la casa del exterior. Pero a los pocos minutos, la hoja de cristal se desplazó, quedando abierta la barrera. Pasando una anciana desde el interior hasta el balcón. Se recostó sobre la tumbona y depositó una cajita de pañuelos de papel sobre la mesita.
- Ahora empieza el show- sonrió.
Tras esto bajó el estor y me animó a seguirle el juego. Yo no entendía nada pero, total, el caso es que me lo pasaba muy bien. Así que no me opuse en ningún momento. No nos quitamos ninguna prenda, pero si que bailamos las dos juntas de una manera muy provocativa.
A los quince minutos dejamos de movernos y Esther subió nuevamente el estor. Lo que vi me causó mayor pavor que el hecho de que Armani comenzase a rebajar los precios por falta de calidad. La vieja no tenía nada de caderas para abajo, se hallaba abierta de piernas, masturbándose frenéticamente. Estimulando su clítoris como si se tratase de una bola antiestrés “Dios mío, esta lo que necesita ser masturbada por una matrona. Como en la Edad Media. Cuando se creía que en los momentos de calentura femenina, las mujeres debían de ser masturbadas por otras mujeres, para evitar tentaciones. Ya que sí tenían sexo mientras estuviera en ese estado, con un hombre, el hijo que engendrarían sería psíquicamente disminuido. Para eso estaban las matronas que, además de ayudar en los partos, se encargaban de mover los dedos en ciertos momentos por debajo de las faldas. Vaya, solo me quedo con lo que me conviene de las materias que tengo que estudiar, jajaja”



- ¿Qué te dije? Parece ser que le da morbo verme mientras se recrea- rió- Desde que estoy aquí, sale todos los días a las siete en punto de la tarde; y se corre tranquilamente varias veces. Luego se limpia, y se va como si nada hubiese pasado.
- Que fuerte- no podía parar el ataque de risa- esto es lo último que me esperaba.
- Ya ves.
Tras haber tenido tres orgasmos, cogió la caja de pañuelos y se limpió el liquido vaginal de sus arrugados dedos. Y luego, el sobrante de sus partes intimas.
Ester y yo nos miramos con repugnancia y dije entre la explosión de risas en la que estábamos inmersas ambas:
- Seguro que ahora le huelen a pescado rancio.
- !AY GUARRA, CALLA!- me dio una colleja sin dejar de reír.
Ante nuestro asombro, vimos cómo, la vieja, con total tranquilidad, se levantó y volvió a penetrar en la casa. Sin dejar señal alguna de lo que había ocurrido hacía escasamente dos minutos.
Dimos media vuelta, aún estando yo envuelta en la más densa incredulidad, riéndonos y cuchicheando, mientras salíamos de la habitación, camino al salón.
A partir de ahora creo que seremos muy buenas amigas. Ya os iré contando. Ahora he de seguir estudiando o, de lo contrario, mañana moriré en el examen.
La moraleja de hoy es: “Encontrarás a tu mejor amiga,incluso, en las situaciones más embarazosas.”
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