¡¡¡HOLA, PUTAS!!! La reapertura de mi habitación está muy próxima. Espero que las zorritas estéis muy atentas, porque se avecinan cosas muy interesantes en la tercera temporada...

viernes, 29 de marzo de 2013

Capítulo 14: Welcome to Widowland!


¡Madre mía, chicos! No sabéis lo que he tenido el disgusto de presenciar esta semana: Resulta que fuimos, Esther y yo, a unos grandes almacenes que estaban a punto de cerrar por haber entrado en quiebra "Por favor..., esto de la crisis es implacable. Sobre todo en países como el mío. Que parecen ser el cagadero de países con mayor capacidad de recuperación. Véase el caso de Alemania. Parece que todo el polvo que barre de su territorio nos lo manda cual tormenta. Más bien somos la alfombra en donde dichos países esconden su porquería, además de tener que cargar con la nuestra propia: Sobornos, estafas, nepotismo... Ahora que me lo replanteo... A mí no me afecta nada de eso ¿Por qué coño lo estoy reflexionando?" El caso es que tenían las puertas abiertas con un cartel de LIQUIDACIÓN TOTAL que atraía a la gente como moscas a la miel (Bueno... yo soy la abeja reina, no me puedo comparar con bichos de vertedero. Para eso está ya la gente de clase media, media-baja y pobre)

Nos costó entrar en aquel edificio atestado de gente ordinaria intentando saquear, de manera legal, el sitio en cuestión, pero con el tiempo fuimos avanzando. No había nada que pareciese de especial relevancia que se diga... Aquello parecía la planta de oportunidades de un tugurio comercial provinciano, alejado de la mano de cualquier dios que se dignara a tener un mínimo de sentido de la moda. Estuve a punto de agarrar a Esther de la mano y esprintar tanto como me fuese posible hacia el cartel de EXIT más cercano que mis ojos alcanzasen a encontrar.

Estuve un buen rato buscándola entre aquel montón de gente. Que volvía a dejarse llevar por sus instintos más primarios, defendiendo los artículos que lograban recopilar en sus carritos metálicos (la escena era digna de grabarse y verse luego en cámara lenta) De pronto, como si Moisés me poseyera, aquel mar de personas se abrió "El consolador que llevaba en el bolso debió actuar como el garrote que llevaba ese hombre desgreñado" Y allí estaba la chica desaparecida. Luchando con una mujer de mediana edad con tanto maquillaje encima que parecía que una integrante de una cutre comparsa caribeña multicolor le había explotado encima.

- ¡Que no. Yo las he encontrado antes!- Gritaba Esther, tirando de un par de zapatos Robert Clergerie, intentando atraerlos hacia sí.

- ¡Pero, ¿qué estás diciendo niña? Yo  he estado haciendo cola en la entrada desde las siete de la mañana. Si alguien tiene derecho a llevarse estos maravillosos zapatos esa soy yo!- concluyó la mujer, de manera tajante.

- ¡JA!- Esther se irguió como si de un tótem se tratase- Si fui capaz de decirle a una anciana en la cola del supermercado, que trataba de colarse con la típica excusa de vieja de que tenía las lentejas al fuego, que yo también tenía prisa porque me había dejado el skype abierto, ¿qué le hace pensar a usted que le cederé este par de joyas?- le desafió con voz firme, pero muy calmada, acompañada de una mirada penetrante "En comparación a la voz tan tensa y alta que mantenía hace un rato, esta parece que es la voz que se te queda cuando te han inyectado una buena dosis de morfina ¿qué le habrá pasado"- ...y, ahora...- continuó la chica con el tono convertido casi en un susurro, bajo la atenta mirada de los allí presentes- ¡DEMELOS SI NO QUIERE VER A UNA DAMA CONVERTIRSE EN LA BARRIOBAJERA MAS PUTA QUE PUEDE HABER EN ESTE MUNDO!- La frase, junto con la repentina y excesiva subida de tono, rompió con toda posibilidad de calma que hubiera podido haber en los minutos anteriores.

El bullicio que antes reinaba en aquel local, ahora se había convertido en un silencio absoluto, solo roto por un "uyyyy" de asombro, emitido por una vieja maruja que se refugiaba entre la expectante multitud. La tensión era tan grande que podía cortarse con un quita-cutículas.

De repente la mujer se llevó la mano al pecho y se tiró al suelo, retorciéndose de dolor, entre estridentes gritos que llamaron la atención de la seguridad y el personal del lugar "Si a esta vieja le da un yuyu aquí en medio, a la empresa le caerá un puro de los gordos"

A Esther se le notó la preocupación en el rostro y pareció olvidar la importancia de los zapatos, porque salió corriendo a asistir a  la señora. Dejó los zapatos a su lado , a la par que se agachaba para comprobar el estado de la afectada.

- ¡¿Está usted bien, señora?!- se la veía agitada, mientras apoyaba la cabeza de la mujer en su regazo y no dejaba de mirarla. Yo es que no salí al foco de atención porque, por muy amiga que sea Esther, no quería verme envuelta en semejante escándalo. Yo, sinceramente, habría aprovechado la oportunidad y habría salido corriendo con los zapatos. Ya les cargaría el muerto a los seguritas y dependientes de la tienda. Creo que ese es un gran punto débil de Esther.

La mujer, poco después de haber montado todo aquel circo, hizo un ademan de reincorporarse y se puso de rodillas en el suelo, llevándose la mano a la cabeza.

- Sí, sí... Gracias querida. Solo es un poco de mareo- decía con tono cansado.
En ese preciso instante y con la agilidad de una zorra, alargó la mano y agarró con fuerza los Rober Clergerie. Se levantó frente a la cara atónita de Esther y comenzó a correr en dirección a la caja.

- Jajajajajaja. Para puta ya estoy yo, querida. La experiencia es un grado. No pretendas hacer como que ya has andado el camino cuando yo he ido y he vuelto dos veces. Eres una cría, aún te queda mucho que aprender de la vida- Sonaba la voz cada vez más lejos del asombrado núcleo, en el que había transcurrido la fingida desgracia de una aficionada a la interpretación muy profesional.

Esther se quedo en el suelo, sentada sobre sus propias piernas, unos segundos hasta que fue capaz de reaccionar. Durante ese lapsus de tiempo en el que su cerebro trataba de asimilar qué diantres había pasado, yo me acerqué, luego le di la mano y le ayudé a levantarse. Tanto la gente como ella misma no daba crédito a lo sucedido.

- Te lo he dicho muchas veces, ¿lo ves?- pregunté retóricamente- No se puede confiar en la gente. Y menos en los que parecen indefensos- me acerqué al oído- Esos son los peores- susurré mientras me reía.
Sin decir nada, Esther salió escopeteada tras la actriz. Lo cual me obligó a seguirla lo más rápido que me fue posible.

Una vez en la calle, Esther seguía como loca, farfullando cosas que no lograba entender. Estaba tan ensimismada con el pensamiento de encontrarse con la señora, darle una hostia bien dada y recuperar los zapatos que no vio el color rojo del semáforo y saltó a la carretera cual fiera avistando a su presa. Pero, por desgracia, no pudo seguir su camino. Pues un coche, elegantemente blanco se abalanzó sobre ella sin poder evitarlo y colisionó la fría y dura carrocería con el endeble y mullido cuerpo de la muchacha. Esta irremediablemente calló hacia atrás, golpeándose fuertemente la cabeza contra el asfalto, convirtiéndome en una mera espectadora del horroroso acontecimiento, impotente, sin tener tiempo para hacer nada. Al menos tengo la certeza de que, tanto la mochila, como su culo pan-bollo sirvieron de amortiguadores, evitando que el accidente fuese mucho más grave.

Fue algo muy espectacular que los transeúntes quisieron curiosear, al igual que la gran masa de clientes que comenzaba a salir del establecimiento en el que nos encontrábamos. Pronto la calle se llenó de curiosos, técnicos sanitarios y policías; junto con la estridente música proveniente de sus respectivas sirenas: coches oficiales y ambulancias.

Esther permaneció inconsciente tres horas, la conductora del vehículo intentaba explicarse, pero no era necesario ya que contaba con múltiples testigos que sabían que ella no tenía culpa alguna, y la zorrona actrizucha se había esfumado. Nadie supo nada más de ella.

Aquí tengo un video que salió en los informativos, grabado con un dispositivo móvil por un pringado que grababa a sus dos mocosos haciendo gilipolleces en el parque y que tuvo la suerte de inmortalizar tal tragedia. Luego me lo facilitó y yo lo he editado con música de tensión para que os metáis en situación. Aquí lo tenéis:

Tras una temporada en el hospital, realizándole chequeos y manteniéndola en observación, se dictaminó que lo único que tenía era una contusión craneal leve. El médico nos dijo, cuando se disponía a firmar el alta, que para haber sido un golpe, aparentemente, tan fuerte, las lesiones habían sido mínimas. Después de todo, la situación no acabó del todo bien, puesto que la jodida mujer se llevó consigo el tan preciado par de zapatos, pero teniendo en cuenta que podía acabar peor, podemos respirar satisfechas de no haber perdido algo más valioso que unos cutres Robert Clergerie pasados de temporada. "Si hubiera muerto o entrado en coma por esos zapatos tan horribles, habría hecho la Ouija, la invocaría y sería yo quien la torturaría hasta el fin de mis días"

Pero todo esto viene porque unos días después de todo este berenjenal, La chica me contó un sueño muy extraño que había tenido durante sus tres horas de inconsciencia:

Resulta que, cuando se quiso dar cuenta, se encontraba en una especie de limbo blanquecino y neblinoso. Como flotando en la nada, ya que no percibía límites espaciales de ningún tipo: ni suelo, ni techo, ni siquiera un simple paisaje, ya fuera reconocible o no. Tan solo se encontraba ella, sin más.




- ¡¿Hola?!- gritó en medio del vacío, obteniendo el rebotar de su propia voz como respuesta. Pues aquel parecía ser el infinito, en el que el eco campaba a sus anchas.

Como único recurso disponible comenzó a caminar, sin rumbo fijado, en línea recta. Oyéndose solo sus pasos, con el eco persiguiéndole. Parecía caminar sobre el vacío, pero lo cierto es que, me contó, que sonaba como si pisase tierra, hojas y ramas. Era como estar perdida en un bosque invisible.

De pronto, el silencio absoluto se vio interrumpido por un llanto femenino que destilaba angustia a raudales. La chica, asustada, se volvió a su espalda: ¡NADA! Aquello parecía un thriller de bajo presupuesto, que
solo transmitirán por televisión un domingo por la tarde. Pero, cuando volvió a situarse de forma que le permitía reanudar su incierto bagaje, una figura negra se coló en su campo de visión. Ella sintió ser invadida por un tenue temor, pero, al fin y al cabo, era una forma antropomorfa; así que corrió hacia ella. Resultó ser una dama de aspecto antiguo, que portaba un vestido, pamela, velo y guantes negros, con cuello alto decorado con un relicario muy barroco, que contenía la fotografía de un señor, en color sepia. Se notaba que pertenecía a la antigua clase alta por la calidad de los textiles y las joyas que mostraba. Con la mano derecha agarraba un pañuelo blanco, de tela bordada, con el que trataba de enjugar el interminable rio lacrimógeno que descendía mejillas abajo.

- Hola, ¿puede ayudarme, por favor?- Preguntó Esther desesperada. Pero, la mujer seguía sollozando sin aminorar el paso. Como si no fuese capaz de notar la presencia de la muchacha. Resignada, la chica se limitó a seguirla.

Un poco más adelante la niebla ya dejaba ver, por fin, algo; y además a los oídos de Esther llegaba una agradable música de feria. Al acercarse más ya pudo ver con más claridad una gran muralla, conformada por interminables filas de cipreses, que custodiaban un extraño espacio. La música se hacía cada vez más y más intensa. Hasta que la muralla de cipreses se cortó, para dar lugar a una gran puerta de hierro forjado negro, con un letrero, semicircunferente, típico de las entradas de los antiguos cementerios. Dentro de la semicircunferencia se podía leer claramente, también en letras ferreas: "Welcome to Widowland"


Al entrar, Esther se sorprendió. Pues no era más que un parque temático, en medio de aquel limbo infinito, pensado exclusivamente para viudas. En el que todo resultaba extremadamente extraño: vio a la mujer a la que había seguido hasta el lugar, desprenderse de su relicario y entregarlo en lo que parecía la taquilla de las entradas de un teatro del siglo XIX. A cambio de este, una mano le alargó un boleto, y la mujer siguió su camino, perdiéndose en lo que ahora era una niebla muy suave. Nada que ver con lo tupido de la atmósfera que se encontraba de murallas para afuera.

Esther se acercó a la taquilla. Una mano salió de la ventanilla y, en posición de pedida, le rogaba que depositara algo en ella. Por más que miraba, la muchacha era incapaz de ver qué había al otro lado del cristal. Buscó en su mochila y, sorprendentemente, encontró un relicario parecido al que tenía aquella señora. No le tenía apego ninguno, así que lo depositó sobre la palma de la mano y esta se introdujo nuevamente por el agujero del que había salido. No tardo más de dos segundos en salir, pero esta vez con un boleto como el que le había expedido a la otra visitante. Esther lo tomó y la mano se introdujo, ya sin salir nunca más.

Al seguir adelante con el boleto en la mano, pudo ver muchas curiosas atracciones y puestos rarísimos: Un puesto que vendía pamelas de caramelo, clavadas en palos, como si de una manzana de caramelo se tratase, decoradas con unas redecillas de chocolate. Otro que vendía algodón de azúcar morado y otro que vendía pañuelitos de hojaldre.

En cuanto a las atracciones, habían muchas, pero hubieron cuatro que captaron especialmente su atención: Una que simulaba uno de esos carritos trucados en los que hay que disparar con una pistola de agua al interior de la boca de un payaso, para hacer que un globo se hinche, hasta que este explota y ganar un premio por tal logro. Pero en este caso no había payasos, ni pistolas, ni globos convencionales. En lugar de la pistola se trataba de un extraño artilugio que tenía forma de ojo y este lloraba a presión hasta que el chorro llegaba al interior de las bocas de unas cabezas de cera con forma de hombres de edad avanzada, y el globo tenía forma de lápida que, al igual que la atracción normal, se hinchaba y explotaba.

Otra de estas atracciones era una pequeña cafetería, estilo anglo-parisina, con las mesas de superficie acristalada y pie de hierro forjado, a juego con las sillitas, decoradas con adorables tapetes y cojincillos. En la que se podía tomar el té tranquilamente en teteras inglesas de porcelana china, acompañado de pastitas con formas que evocaban la muerte, la viudead y diversos temas relacionados.  
                     


Por otro lado, estaba la montaña rusa del lugar, que en lugar de bagonetes, lo que había sobre los raíles de la atracción eran divanes de psicólogo. Y en medio de todo el entramado de vías se alzaba un busto gigante de Sigmund Froid que parpadeaba y mantenía la boca abierta, pues hacía las veces de túnel por donde los divanes completaban el trayecto.

Por último, y en el único sitio que se atrevió a subir, un majestuoso carrusel, con columnas salomónicas, completamente forrado de pan de oro, corona iluminada por bombillas esplendorosamente dispuestas y tronco interno del carrusel cubierto de espejos, albergaba caballos de crines rizadas, carrozas de épocas pasadas y tacitas a escala gigante. Todo ello envuelto en la más perfecta de las armonías, que era acompañada por una hermosa melodía de carrusel que invitaba a formar parte de lo que prometía ser un viaje conformado por una serie de vueltas que no se olvidarían jamás.


Una vez subida a un caballo blanco de riendas doradas y cuando creía estar flotando en un mundo de ensueño, a la par que acariciaba la dura crin equina, observó su reflejo en los múltiples espejos que forraban el tronco interno de la atracción. Quedando horrorizada, al ver como, por cada espejo que avanzaba, su figura iba convirtiéndose en una anciana decrepita, ataviada de negro. Fue cuando se dio cuenta de que estaba siendo absorbida por el lugar en sí mismo, y, si no ponía remedio, en breves instantes acabaría formando parte de aquel lugar, a primera vista divertidamente encantador, siendo una viuda más. Atrapada en su propio infierno.

En ese instante se despertó. Recuerdo su frente perlada de sudor, su latir y respiración entrecortados y su cara de alivio al comprobar que todo había sido fruto de su mente. Le pregunte que    qué había sucedido y si estaba bien. Pero ella asintió con la cabeza y me saludó amablemente sin decir nada más, hasta que me contó la historia días después.

Como veis, a mí me suceden cosas verdaderamente insólitas... Es tan difícil ser quien soy... Pero bueno. Os deseo a todos un feliz resto de semana santa. Que sea lo menos santa posible, por favor. Y, sobre todo, felices pascuas, que es el día más dulce de toda la semana. Comed huevos. Tanto de chocolate como de carne. Ya me entendéis. Cuando comáis de los segundos, tened cuidado con el escroto y respirad por la nariz. Besitos.

Moraleja de hoy: "No arriesgues tu vida por algo material. Y menos si ese artículo está rebajado"

sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 13: ¿Erasmus u orgasmus?


Tranquilos, tranquilos chicos. Como os había prometido el día nueve de este mismo mes, aquí me tenéis de vuelta. Ni siquiera yo soy tan cruel como para lanzar un bulo sobre mi regreso y luego dejaros plantados cual ultima patata del saco de un granjero hambriento. Eso sería como dejaros lamer un poco de la dulce cubierta de caramelo de un chupa-chups y luego apartároslo diciéndoos que en breve os dejaré comeros el chicle que lo rellena. No, yo no soy así. Soy una soberana inflexible pero amable con quienes sabéis ganaros mi afecto.

Pues bien, sé que os debo muchas explicaciones, ya que desaparecer un año y cuatro meses no es normal... Sobre todo si tenemos en cuenta que vuestras vidas necesitan de mi esencia para seguir adelante. Sin mí no sois más que una cascara vacía, un ser que ha perdido su propósito en este mundo. Lo mínimo que puedo hacer por todos y cada uno de vosotros es contaros mi experiencia y entenderéis el por qué de mi tan repentina evaporación. Lo mejor es empezar unos meses antes de todo el embrollo de la situación principal, es decir, la que realmente interesa:

Si os remontáis a los últimos días que di señales de vida, recordareis que Esther me llevó a aquella casa cochambrosa estilo campestre. Sí, donde casi me parto la cabeza por aquel cerdo que salió corriendo como si tuviese un cohete incrustado en el culo, conmigo encima. Pues bien, la experiencia en aquel reino en el que mi cetro, corona y manto pasaban a ser propiedad de la fauna y la flora del lugar, no fue la estancia en el infierno que esperaba vivir al llegar allí. Lo pase bastante mal, no os creáis que fueron unas vacaciones en Disneyland, pero dentro de lo que cabe no fue tan desagradable. Mis amigos saben cómo hacerme olvidar.

Unos días después, de vuelta al insoportable mundo académico, me encontraba en un estado la mar de soporífero. Moviéndome por inercia, más que por otro cualquier motivo que se os pueda ocurrir. Pero la mañana del cuarto día de mi presencia en la universidad, había quedado con Esther para desayunar, ya que disponía de una hora antes de que empezase su clase de derecho penal. "Por favor... Si yo me aburro a morir en historia universal, que la elegí yo, no me quiero ni imaginar cómo sería verme obligada a estudiar la carrera de derecho. Me pegaría un tiro en la sien antes de cumplir la segunda semana lectiva".

- Bueno... digamos que no estás del todo recuperada, pero mejor que antes, desde luego- Me dijo Esther, mientras tomaba un sorbo de café con leche, de una taza de porcelana barata de bareto de facultad.




- ¿Tú crees? Tanto que dice la gente de que el oxigeno del campo y la playa le hacen sentir a una mejor y más rejuvenecida- dije con un deje dudoso- Eso es una mentira más gorda que decir los bebés provienen de París. Mírame: unos días en el campo y parece que he envejecido de golpe unos veinte años...- le reproché mientras observaba la evidente aparición de arrugas en el entrecejo a través de mi circunferente espejo de plata de ley para bolsillo.

- Eso no es de vejez, mujer- Dijo Esther, empujando las palabras como pudo, a través de una carcajada nerviosa- Eso es de estrés. Deberías tomarte las cosas menos en serio. Creo que tu relación con Lázaro no hizo más que perjudicarte- concluyó, dando un gran bocado a una tartaleta de nata y frambuesa.
- Puede... que tengas razón. No estoy segura al cien por cien de todo este asunto- suspiré al llevarme a la boca una magdalena.

Sí. Mi relación con aquel chico ha finalizado. La situación fue bastante tortuosa. Me costó un poco asimilarla, pero aún no ha nacido el hombre que pueda tomarme por tonta; me he dado cuenta de que quizás hayan más personas bipolares en este mundo de las que parecen haber. Y la verdad es que hoy día estoy de maravilla soltera; no me hace falta un hombre para sustentarme. Soy lo suficientemente fuerte como para mantenerme emocional y económicamente por mí misma. Eso de Una mujer necesita de un hombre para sentirse completa es una auténtica estafa. Una gran mujer no tiene la necesidad de escudarse tras un hombre, y ahora mismo pienso disfrutar de la vida como a mí me salga de los ovarios. Una vez cerrada la puerta y habiendo tirado los restos de aquella antigua relación a la basura, me siento una chica libre, feliz y con ganas de comerme el puto mundo. Señoras y señores, Heather vuelve al mercado del ligoteo, que tiemble cada macho que pretende adquirir algo en él; por el momento, para cumplir las necesidades hormonales que una chica tiene de cuando en cuando, acudiré al primer cajón de mi mesilla de noche y echaré mano de mi querido amigo: el vibrador rosa transparente con cinco marchas que se pueden ir alternando con un pequeño estimulador de clítoris que viene incorporado "Es todo un monstruo del placer".

Cierto es que en el momento en el que me hallaba en aquella mesa hablando con Esther aún me cuestionaba ciertas cosas y me sentía como una estúpida por seguir sintiendo algo por ese patán, pero... volvamos nuevamente a ese punto de la conversación y dejemos que el tiempo siga avanzando hasta hoy día con fluidez. De ese modo entenderéis cómo fue posible el que una chica inocentona y enamoradiza que aún suspiraba por un tío con su mejor amiga, pasa a ser la chica independiente, a la que le importa una mierda todo cuanto un chico pueda pensar de ella, ¿os parece?

- Que sí muchacha. Si no te doy una bofetada. Verás tú que pronto se te quita la gilipollez de encima- Dijo Esther firme pero con su característica carcajada.

- ¡No tiene ninguna gracia!- la miré queriendo fulminarla.

"Dios, no. Una bofetada deformándome mi cara de muñequita de porcelana... Una cara que en un futuro podría proporcionarme infinidad de cosas. Sería una verdadera catástrofe si le sucediese algo"- Temblé ligeramente a causa de esa posibilidad tan indeseada.

En ese mismo instante baje un poco la mirada, mientras aquella chica simpático-agresiva seguía produciendo ese sonido, proveniente de su cavidad bucal. Me percaté de que de su Louis Vuitton sobresalía un papel sospechoso.
- Oye... ¿Qué es eso?- pregunte impaciente; señalando con los ojos en dirección al bolso.

- ¡mmmh!- intentó expresarse a mitad de otro sorbo de su café con leche. Tras depositar la taza, prosiguió hablando mientras me alargaba el papel- Es el aviso de que por fin se abren las plazas para la obtención de una beca Erasmus de la universidad. Yo tengo pensado marcharme a Toulouse- Al decir el nombre de la localidad francesa se le iluminó el rostro con una sonrisa que le daba la vuelta al cráneo.


- Ah, ¿sí? suena interesante- afirmé asombrada al ver cuántos destinos, organizados por facultades, figuraban en la lista- ¡Vaya, esta universidad dispone de muchísimos convenios con universidades europeas¡- vociferé.

- Pues claro. Es una universidad de lujo; no todo el mundo puede acceder a la universidad privada con una de las cuotas y nivel de exigencia más altas del mundo. Digamos... que solo la aristocracia más selecta puede acceder- bromeó- ¿Sabes? No estaría nada mal que te plantearas optar a una plaza e irte una temporada. Así aireas un poco ese cerebrito perfumado que tienes y dejas de pensar de una vez en tu relación fallida- La última palabra la dijo con especial entonación.

Odiaba que la chica soltara ese tipo de cosas cual lanzador de cuchillos borracho hacia mí. Pero... la verdad es que en ese momento la idea no me pareció tan descabellada. De hecho veía un nuevo sendero surgiendo bajo mis afligidos y cansados pies.

- Pues ¿Sabes qué te digo? A parte de que, para ser la universidad de lujo que dices que es, esta cafetería deja mucho que desear- dije pasando el dedo por el borde de mi taza de menta poleo a medio terminar. Tenía muchas ganas de dejar constancia de mi opinión del local- Que pienso irme también- Mis palabras desbordaban decisión.

- ¡Así me gusta chica. Apoyo la moción!- Dijo eufórica- Ahora mismo vamos las dos a prepararlo todo.

- Vaya... Pero la facultad de geografía e historia no oferta Toulouse como destino en Francia. El único que ofertan de ese país es Lyon y solamente dos plazas- dije con una entonación que dejaba bien claro que ya comenzaba a flaquear mi gran decisión.

- ¡Eh, eh, eh!... No te permito que tus emociones empiecen a perder gas- dijo dando un golpe seco en la mesa, haciendo de tazas, platos y cubiertos vibrasen.

- ¿Cómo quieres que siga manteniendo la ilusión si entre los dos destinos hay alrededor de 600km?- aclaré con asombro- Eso son 5 horas en coche. Estás loca si piensas que me voy a pegar un viaje de 5 horas en coche cada cierto tiempo. Se maltratarían los vestidos que llevase a causa del cinturón de seguridad y mi pelo, ya que siempre los malditos conductores se dejan las ventanillas abiertas. Cuando llegase al destino parecería una pordiosera despeinada- concluí.


- Jajajaja- Por favor Heathy- dejó escapar con incredulidad "Odio que me llame así..."- ¿De verdad esperas que me crea que una señorita de tu nivel tiene la necesidad de utilizar un coche para salvar la distancia? Tienes dinero suficiente como para permitirte billetes de avión en primera clase siempre que lo desees.

Un silencio se apoderó por completo de la situación. "A veces me sorprende la agudeza mental de esta chica. Lo tenía todo planeado desde antes de que yo descubriese el papel en su bolso" Poco después sería roto por una expresión apurada de Esther:

- ¡Oh, mira la hora que es! El Sr. Báez me la armará gorda si oso llegar tarde de nuevo- Dijo agobiada, tomando el último sorbo de su taza y estrellándola contra el platillo debido a las prisas- Hablamos luego cari, pero este ya es un asunto zanjado. Tú y yo nos vamos juntas a Francia.

Y con eso, al mismo tiempo que se acomodaba el bolso en el hombro, dio por finalizada nuestra conversación, sin que me diese tiempo a rebatir la decisión. "No sé cómo lo hace, pero siempre ha de tener ella la última palabra...¡Agh, qué rabia!"- Ese último pensamiento simulaba un estado de furia falso, ya que en el fondo me gustó la idea de marcharme, por un tiempo, de aquel vertedero social que era mi país. Y, con una sonrisa radiante, me levante da la mesa y comencé a caminar hacia mi facultad. Aún tenía media hora antes del comienzo de mi primera clase.

Sorprendentemente esta chica mueve muy bien los hilos exactos para que la burocracia avance rapidísimo a través del tiempo: papeles, seguros, pruebas de idioma... Todo pasó como si se tratase del vuelo de un colibrí. Y cuando quise darme cuenta, allí estaba: en la residencia estudiantil de Lyon.

Pero antes de llegar, en el avión, hubo una situación un tanto incómoda: resulta que me encontraba sentada por el lado del pasillo y en el de la ventanilla había una señora algo mayor, pero no demasiado. El caso es que notaba que me miraba relativamente de forma seguida cuando llevábamos ya un tiempo de vuelo. Yo hice caso omiso y me dispuse a pedir algo de comer. Bajé la mesilla y pedí a la azafata una cocacola light (que me vino ya con el vaso), además de la lata, un bocadillo de jamón y queso, un mars y una bolsa mediana de frutos secos. Lo coloque todo de manera bien accesible en la mesilla y abrí la bolsa de frutos para esparcirlos en el plato junto al bocadillo. A todo esto la señora continuaba observándome. Os podéis creer que la jodida señora esperó a que lo tuviese todo colocado para decirme:

- Perdona... Pero, quiero ir al baño...

Vamos. Yo la miré de una forma... que reflejaba la muerte inminente que pretendía darle.

- ¡¿Pero usted es tonta?! ¡¡¡¿¿¿Ve que estoy colocando lo que pretendo comer y espera hasta el último momento para decirme que desea miccionar???!!!- Estaba totalmente fuera de mi. Yo creo que si el canibalismo no fuese delito penado la habría devorado cual bestia indomable allí mismo, bajo la sorprendida mirada del resto de pasajeros y azafatas, que quedaron de piedra oyéndome gritar como una posesa.

Naturalmente la dejé salir, pero no sin antes dedicarle un pensamiento: "Ojalá seas succionada por el vater del avión..."

Eso sí, durante el resto del viaje la señora no apartó, ni un solo instante, la mirada de la ventanilla. Eso estuvo más que bien. Disfruté de un vuelo sin más sobresaltos.

Llegué muy cansada, pero la habitación de lujo que apareció ante mí, una vez abrí la puerta, logró sacarme la sonrisa más brillante que había tenido en siglos. Dejé las maletas sobre la cama y me dirigí hacia la ventana de altura considerable, ya que llegaba desde el suelo hasta casi dos centímetros del techo, con doble hoja, y la abrí dejando entrar el dulce aire vespertino. Alucinando por el paisaje que se extendía desde el pequeño balconcito de hierro forjado en el que me encontraba hasta donde alcanzaba a vista. En ese instante supe que aquel iba a ser el perfecto inicio de un periodo inolvidable para mí.


El aire estaba siempre permanentemente impregnado de un aroma dulzón. Como una mezcla entre dulces, croissants y pan recién hecho. No sé por qué, pero la combinación de esos aromas, siendo percibidos, sin ser capaz de evitarlo, por mis delicadas fosas nasales conformaron en mi mente una imagen lésbica romántica... En la que me encontraba portando una boinita parisina, conduciendo una bicicleta por una calle adoquinada llevando a una chica con su melena al viento agarrada a mi cintura y riendo y un par de crujientes baguettes en la cesta de la bici. Creo que ese tipo de paisajes incitan a ese tipo de pensamientos, aunque yo no me considere lesbiana. Luego se lo conté a Esther y aún hoy día sigue riéndose del asunto.

A partir de ahí el tiempo voló sin remedio, llenísimo de experiencias: Las clases de medieval en francés con aquel vejestorio amargado que, según él, para facilitarme el estudio de la materia, me daría un libro de 700 páginas que tendría que leerme entero y que de ahí saldrían mis preguntas para el examen "Joder... Si tengo que estudiar más que un alumno de la universidad; y además en una lengua que no es la mía. Facilitarme el estudio dice... ¿Dónde está el arsénico? Quiero morir" Las interminables borracheras en las discos con mis compañeros de residencia y facultad, los múltiples tíos buenorros que pasaron por mi cama, ya que esa la convertí en mi etapa putiférica, las quedadas con Esther en París... En fin que fue una gran experiencia. Y realmente necesitaba evadirme durante un tiempo. Gracias a todo eso he logrado convertirme en la chica que os dije que ahora soy y que, por supuesto, estoy orgullosísima de ser.

De hecho, recuerdo una experiencia muy vergonzosa, pero a la par muy graciosa, que sucedió una de las muchas veces que Esther vino a verme a Lyon. Y es que fuimos a una disco llamada "l'abeille sexy", que en francés quiere decir "la abeja sexy" y siempre lo recordare porque ahí fue donde, por vez  primera, descubrí la absenta. Me dirigí a la barra y vi los ciento dieciséis tipos de absenta existentes. Me aventuré a hablar con el barman para informarme (toda la conversación fue en francés, pero os la traduciré):

- Hola- grité en medio del gentío.

El chico se acercó a mi e hizo alguna señal para que me percatase de que me había escuchado. así que proseguí:

- Verás... Estoy interesada en probar la absenta desde hace mucho. Lo he visto en pelis y me da mucha curiosidad ver su efecto en mí misma.

- ¿Cual deseas?- me preguntó.

- No sé... Estoy de Erasmus. ¡Qué demonios!, déjame la más fuerte que tengas- sonreí altivamente.
No tardó ni un minuto en enseñarme una botella.

- Esta es la absenta negra. Es la más fuerte de todas. Contiene un 98% de alcohol ¿Estás segura que quieres tomarte esto?- me miró como si no creyese que podría.

- Claro que sí- le desafié.

Agarré con fuerza el vaso de absenta, ya flambeada (para que se redujesen los grados), y, para presumir, me lo bebí de un trago. De pronto un ardor insoportable me bajó por la garganta. Tenía la sensación de que me había tomado una copa de la colonia nenuco con colorante. Un ataque de tos agresiva me sorprendió.

- ¿E...Estás... bien?- preguntó el barman con preocupación.

- Que sí- dije entrecortadamente, depositando el vaso nuevamente sobre la barra con un golpe seco- Ponme otra, porque esto no sube en absoluto.

- ¿Qué dices? Estás loca. Eso es una bomba de relojería para alguien como tú- dijo retirando la botella.
Antes de que se diese la vuelta agarré la botella con fuerza y dije:

- He dicho que me pongas otra- Mi tono era extremadamente desafiante. Creo que ya me empezaba a hacer algo de efecto.

El chico se resignó y me la sirvió. Pretendió quemarla como la anterior pero le arrebaté el vaso antes de que le diese tiempo a realizar la acción.

Dejé nuevamente el vaso en la barra. Y esta vez me di la vuelta como buenamente pude y me encamine, tambaleándome, al barullo, hasta que me perdí entre la multitud.

Esther estaba intentando ligar con un alemán que chapurreaba francés, hasta que me agarre del hombro de ella y descargue todo mi peso.

- Hola, guapa... Te quiero... jajaja- Dije ebria total.

- ¡Uy! Nuestra señorita creo que tiene problemas- rió- A ver... Siéntate- decidió Esther, realizando inhumanos esfuerzos para llevarme hasta un butacón cercano- ¿Qué tal estás, cariño?- quiso cerciorarse de mi estado.

- No...me encuentro muy bien- Las luces y el sonido de la discoteca se mezclaban para formar una vorágine extrañísima que se movía por sí sola- Estoy muy mareada... Tengo ganas de hacer pisssss- reí como si la vida me fuese en ello.

Y de ahí ya no me acuerdo del trayecto entre el butacón y el baño. Solo sé que mi mente conserva un recuerdo muy patético en el que yo me encontraba en uno de los cubículos del baño de chicas de ese antro, sentada en el vater, con la tapa bajada y sin bajarme las bragas. Intentaba orinar tal cual. Hasta que Esther se dio cuenta y entró para subir la tapa y bajarme a mí las bragas mientras yo trataba de abrazarla riéndome y medio muerta, esparramada, con las piernas abiertas en aquel hueco sin apenas ventilación, mientras otras chicas miraban al interior del cubículo a ver qué sucedía.

- ¡Vamos Heathy, colabora un poco!- decía intentando mantenerme el cuerpo derecho, una vez logró bajarme las bragas, para que pudiese orinar.

Después de eso, recuerdo que estábamos subiendo las escaleras que llevaban a la calle, ya que se trataba de un subterráneo, mientras dos chicos me sostenían de los brazos para asegurarse de que daba los pasos rectos, pero con aquellos taconazos era imposible... así que la imagen era como si estuviese pisando huevos. Y Esther se mantenía mi espalda, por si me daba por tirarme hacia atrás.

Cuando llegamos arriba y note la fresca brisa nocturna, perdí el conocimiento. Esther dice que su rollo alemán me llevó en brazos. Y así debió ser, porque a la mañana siguiente me desperté en mi cama con un dolor de cabeza y estomago... de mil pares de narices.

Y ese ha sido un resumen de cómo es que no he escrito en tanto tiempo ¿Entendéis ahora?. La Erasmus ha sido una de las experiencias más gratificantes de toda mi vida. Quitando, claro está, algunas cosas como lo de la borrachera a base de absenta que no le deseo a nadie.

Y aquí me tenéis de vuelta, para seguir compartiendo vivencias con vosotros. Os recomiendo, chicos, que, si tenéis oportunidad os vayáis de Erasmus. Es algo increíble.

La moraleja de hoy es "Una Erasmus siempre será un paréntesis en tu vida para hacer lo que te salga de los ovarios o huevos, dependiendo del sexo que seas. Porque nunca se volverá a repetir"

sábado, 9 de marzo de 2013

¡Comienzo de la 2ª temporada!

Hola de nuevo, mis queridos plebeyos:

Por fin estoy de vuelta en este tortuoso mundo cibernético, repleto de redes sociales, compras frenéticas y frivolidades necesariamente frías y calculadoras.

Os habréis preguntado en más de una ocasión donde estaría la princesita que da luz a vuestra existencia con sus experiencias dramáticamente cómicas... Pues bien, para averiguar donde he estado metida este año y cuatro meses deberéis reengancharos al blog; ya que hoy, 9 de marzo del 2013, me complace informaros de que he vuelto al mercado. Y no precisamente al cutre mercado de comida provinciana al que estáis acostumbrados. Sí, Heather ha vuelto con nuevas experiencias que contar y pretende comerse el mundo y encandilar nuevamente a sus súbditos. Y, a quien no le guste, ya se puede ir en busca de joyas falsas al chino de la esquina, que a mi eso no me va a quitar el sueño, ya que gracias a la magia del valium... ni una bomba atómica como despertador lograía despertarme.

Pues eso, todo está casi listo para reabrir las puertas de mi habitación para vosotros. Próximamente más puntos de vista sobre el mundo a través de estos ojos tan preciosos que tuve la suerte de tener.

Un beso desde lejos a mi pueblo, que me adora.

jueves, 20 de octubre de 2011

Capítulo 12: Una temporada en estado salvaje

Hola de nuevo, queridos. Como ya sabéis he pasado por una temporada bastante complicada, y por eso me encuentro asistiendo a sesiones psiquiátricas que, según el que lleva un control de mi problemilla, dice que me hacen muy bien para madurar como persona “Sinceramente lo que yo pienso es que es toda una elaborada pantomima para sacarme los cuartos. Ya sé que me sobra el dinero… pero, ¿quién desea perderlo, independientemente de la cantidad que posea? Soy multimillonaria, no tonta”

Esther no me ha dejado ni un segundo durante estos duros días. Viene regularmente a casa con la intención de distraerme, aunque a veces logra todo lo contrario. Durante una de nuestras profundas charlas sobre nuestro modo de ver el mundo, encerradas en mi habitación, me dijo:

- Ay Heather, la verdad es que necesitas hacer algo para despejarte de todo esto.

- Y que tengas que decírmelo tú…- Me llevé una mano a la cabeza para recolocar el flequillo rebelde que osaba destruir la perfección de mi peinado, mientras ponía mala cara al pensar por lo que estaba atravesando.

- ¿Y si…- vaciló durante un corto periodo de tiempo; como si estuviese insegura de la idea que pretendía exponerme- nos vamos unos días a mi casa del campo? Creo que te hará bien el aire de las montañas. Te será más sencillo olvidar el mal trago que has vivido en Grecia.

- Jajajaja- Una carcajada mía, proveniente de lo más profundo de mi ser, invadió toda la habitación- ¿Yo? ¿En un medio ruralizado? Que va… Yo no estoy hecha para desenvolverme en un medio tan incivilizado. A parte, no tenía ni la menor idea de que tuvieras una casa en las montañas.

- Bueno… sí. No es una casa, casa.

- ¿Eh?- La miré con una cara que reflejó perfectamente mi desconcierto, debido a la manera que tenía esta chica de explicarse.

- Es… una granja- Sonrió tenuemente con más vergüenza en su rostro del que la mayoría de personas pueden albergar, pues sabía lo que yo opinaba de esos lugares alejados de la mano de cualquier diseñador o fabricante de cosméticos.

- ¡Ah, no! Por ahí sí que no paso- Dije levantándome bruscamente de la suave y mullida colcha de mi cama apartándome de Esther que seguía recostada en ella- ¿Encima de que estoy pasando por todo esto me quieres llevar unos días a convivir con animalejos malolientes?- pregunté con la vista enfocada hacia la ventana, de espaldas a Esther.

- Pensé que el estar en contacto directo con la madre naturaleza te vendría de fábula.

- ¡Que le den a la madre naturaleza! Yo no puedo ir a un lugar en el que la palabra wi-fi sea confundida con ese perro disminuido psíquico de la compañía Disney. O peor aún, me juzgan directamente de borracha al sonarles a la palabra WISKY dicha por alguien que lleva encima unas cuantas copas de más.

Esther no pudo contenerse y estalló en estridentes carcajadas.

- Por favor, chica… Nunca cambiarás esa forma tan extremista de ver el mundo ¿eh?- Se levantó de la cama y, situándose a mi lado, me dio un par de palmaditas en el hombro.

Giré la cabeza muy lentamente hacia la derecha, lado en el que se encontraba tan obstinada muchacha.

- ¡Pues no!- dije bruscamente.

Quería poner el tono de bordería más extremo, pero al ver la cara de Esther aguantándose la risa no pude evitar contagiarme y al final acabamos las dos riéndonos, aún no se de qué; pero acabamos dejándonos caer nuevamente sobre el colchón.

Finalmente acabó por convencerme sin que yo me diera cuenta, para ir directa hacia el infierno animalístico que era para mí su estúpida granja. “Eta chica tiene una habilidad especial para manipular que es pasmosa. Yo creo que sería capaz de crear la situación perfecta para que se produzca una guerra mundial o, por el contrario, conseguir la paz y el buen reparto de las riquezas. Pero… conociéndola como la conozco, pues me conozco perfectamente a mí misma y es igualita a mí, creo que de paz nada, estallaría una guerra con tanta fuerza que reventaría el planeta, cual globo”

Sobre las nueve de la mañana la niña esta ya estaba abajo tocándome el timbre como si la vida le fuera en ello “¿Es que la gente no duerme?”

- Ya estoy lista- Dije con mala gana, mientras trataba de mantener el equilibrio que perdía a causa de tantas maletas.

- Anda, alegra esa cara… Ni que fueras al matadero- Bromeó Esther. Y, ¿para qué quieres tanto equipaje? Solo son dos días- rió

- Casi… Yo me siento arrastrada hacia un universo humillante, que me hace pensar que el infierno al lado de esto es una barbacoa con los amigos. ¿Por qué no nos quedamos en casa? Hay tantas comodidades…

- No. Te hace falta airearte; no seas exagerada y no dramatices.

- Sí, lo que voy a conseguir, precisamente, en ese lugar será airearme. Airearme con ráfagas hediondas- Bufé.

Tras esta última queja, cerré la puerta escandalosamente para demostrar mi disconformidad con respecto a la maravillosa idea que el cerebrito de Esther había fabricado.

Dos horas de incansable viaje en coche “con Esther al volante. Que si no supiera que aprobó el examen a ciencia cierta limpiamente, pensaría que le hizo un par de favorcillos a su profesor. Ya me entendéis” y un CD con un surtido de las torturadoras canciones de ídolos adolescentes (entre los que recuerdo: RBD, Spice Girls, Backstreet Boys y Fran Perea “pobres desgraciados… fueron famosos un tiempo y ahora no se acuerda de ellos ni la negra más solitaria de la selva más profunda”) llegamos a un desvío sin asfaltar.

- ¿De verdad que sabes por dónde estamos yendo? Porque… esto no parece llevar a ningún sitio medianamente habitable- Dije dudosa de sus facultades orientativas.

- ¡¿Te quieres callar?, que me estas poniendo nerviosa!

Al fin llegamos, tras quince minutos adentrándonos en aquel sendero extraño, pues yo no lo llamaría carretera. No podía dar crédito a lo que estaba viendo; era una caserucha destartalada. Parecía que aquello no había sido usado desde la I Gerra Mundial. Era grande, eso sí, pero… demasiado deteriorada para lo que yo consideraba una buena casa. “Menos mal que me traje todo mi maquillaje y demás… sobrevivir aquí será toda una odisea. Es estar al lado del mar y envejezco cuarenta años de golpe, por el salitre; me imagino lo que será estar dos días aquí metida. Tendrán que sacarme en ataúd directamente. porque todo el botox del mundo no daría para hacer que mi rostro tuviera la apariencia y el tacto sedoso de siempre; por lo que acabaría suicidándome, metiéndome dos lápices delineadores por los agujeros de la nariz, hasta clavarlos en el cerebro”







Nos bajamos del coche. Y cargando las mil maletas que llevé comenzamos a avanzar por un caminito que llevaba hasta el porche que cobijaba a la puerta principal.

- Ains… Que recuerdos de mi niñez- dijo Esther tomando una fuerte bocanada de aire, y exhalándolo poco después. Vas a ver qué chula está la casa.

“Vamos… Una locura, como tenga la misma apariencia que en el exterior… Estos nuevos ricos…” (Su padre había hecho fortuna encontrando oro en algún lugar de Arabia; y ahora se creían los dueños del mundo. Pero… Su verdadero estatus siempre tiene que sobresalir. Aunque los bañes en oro, al rasparlos siempre saldrá el cobre. Yo que he nacido en alta cuna, sé de estas cosas. Ni siquiera soy de oro; soy de platino, queridos míos)

Cuando pude divisar mejor el porche vi tres figuras humanoides plantadas frente al portón principal. Figuras que, poco a poco, fueron haciéndose más y más nítidas a medida que avanzábamos.

- ¡No me lo puedo creer! ¿Vosotros aquí?

Resultaron ser ni más ni menos que Lázaro, Juanma y Dimas.

- Sí. Pensamos que te vendría bien pasar un finde con tus amigos- Dijo Lázaro- Y… novio- Me guiñó un ojo. Lo que me hizo ruborizar.

- Pero debiste darnos mejor las indicaciones, querida. Nos has tenido dando vueltas durante más de una hora. Ni que fuéramos un pollo asado. Además, ¿no podías tener la casa más cerca de la civilización? El bus nos ha dejado como a medio kilómetro del maldito camino de tierra. Que esa es otra; para encontrarlo… - Se quejaba Juanma.

- Eso es problema de vuestro. Menudo sentido de la orientación que teneis; como para soltaros en el Amazonas. No sobreviviríais ni cinco minutos.- Rebatió Esther.

- ¡Oh, sí! Estamos ante Esther, la mona salvaje.- Rió Juanma.

Esther trató de hacer oídos sordos a este último comentario de Juanma, pero la expresión de enfado en la cara delataba que lo había escuchado perfectamente “por favor, cualquiera que los oiga no se imagina que se conocen de tan solo poco menos de un año, sino de siempre; por la manera que tienen de molestarse el uno al otro”. Me miró y dijo:

- ¿Qué? ¿vamos dentro?- Sonrió rebuscando las llaves en el bolso.

- Sí, que remedio- contesté- ¿Y tú, Dimas, qué tal vas?- Pregunté, mirando hacia el introvertido muchacho. Que no había dicho nada desde que llegué.

- Bien, Memer. Mummle te saluda- Sonrió, haciendo uno de los ruiditos raros que siempre solía emitir en mi presencia. “Ains… que cosas más raras tiene este niño”

No me equivocaba; al entrar me impactó el papel pintado que cubría las paredes. Se hallaba ya parcialmente despegado y la humedad hacía extraños dibujos pared arriba, hasta llegar a las juntas, expandiéndose por todo el techo. Pero la cantidad de luz que entraba y el gran espacio compensaban esos grandes defectos.

En cuanto a la habitación, digamos que era medianamente habitable. Naturalmente dormí con Esther; “a los hombres hay que mantenerlos a raya, sobre todo a sus hormonas. Son una explosión absoluta de testosterona; a la que hay que encerrar en una habitación que haga las veces de jaula para así preservar el himen intacto”

Lo más productivo que hice durante el fin de semana fue engancharme a un juego que descubrí por internet (gracias a Armani llegaba la conexión de manera muy tenue, pero con la potencia necesaria como para forjar un lazo entre yo y el mundo urbano) llamado “habitación de Heather” (en la que una cría jode a su hermana mayor, mudándose a su habitación; y el jugador debe decorarla a su gusto) “Me estoy haciendo cada vez más y más famosa. Sí es que cuando una nace para algo, es inevitable. La habitación del juego me recordó a una caricatura de la mía cuando era pequeña.



Pero, aparte de eso, ha habido algunas cuantas cosillas más:

Al día siguiente de haber llegado, salimos a una especie de excursión por las afueras de la propiedad de Esther “He de reconocer que aquellos parajes tenían su punto bonito… Pero esta niña tenía tantos animales domestico-productivos dentro de los límites de su terreno, que el simple hecho de tener que atravesarlo hasta sobrepasar la frontera, hacía que la visión resultase toscamente destrozada por el insoportable hedor de esas criaturas inmundas… Menos mal que ella no vive ahí y el que se encarga de esas bestias es un viejo granjero al que se le paga por el mantenimiento de esa propiedad; porque si no, ya me la imagino apestando a heces vacunas y demás. No podría estar al lado de alguien practicante de algo tan primitivo como lo es la ganadería”



Cuando llegamos a una pequeña colina, me quedé completamente boquiabierta al ver un árbol que se hallaba prácticamente en la cima. Mirad que yo no me dejo hipnotizar por los pobladores verduscos y multicoloridos de las zonas campestres; pero lo que me llamó la atención de este árbol no fue él en sí, sino la enorme rama que adquiría, de manera natural, la forma de un monstruoso falo. “Me he sacado una foto que adjunto aquí, un tanto obscena, pues sé que es algo muy difícil de creer. Además yo tenía que tener un recuerdo de mi disfrute con la naturaleza. Jajaja, que juego de palabras más pícaro, ¿no lo creeis así? Lo único que no me gusta es que en la foto sale la mochila rañosa que me prestó Esther para ese momento; porque yo ni borracha llevaría uno de mis bolsos de firma a un lugar como ese. Pero, quería aclarar que no es mía, sino que es un hecho muy pero que muy puntual”



“Ojala una tuviera un palote así al que echarle mano siempre que desee…ains… ni el más potentorro de los negros tiene un pene tan inmenso. Como no me tire a un elefante creo que no conseguiré satisfacer esta fantasía. Aunque, eso sí, por un momento me sentí violada por la naturaleza, jajaja. No hay más que mirar la foto. Yo con esa posturita.”

Al llegar a la granja, nuevamente, me di una ducha, ya que no podía soprtar oler como cualquier mamífero granjeril. “Nos ha tocado el papel de ser animales superiores en la representación de la obra teatral titulada: La evolución del mundo. Aunque dentro de esta obra también hay gentuza y personas; la gentuza es aquella cuyo sueldo es o está próximo al mínimo y la persona es aquella que pertenece a a rama en la que estoy situada yo. Hay que aprovechar al máximo esta doble ventaja.” Y, al salir del baño, me dirigí hacia la cocina piltracosa que tenía esa casona. Resultó que me habían tendido un una encerrona, pues estaban todos con instrumentos culinarios y diferentes ingredientes sobre la encimera mirándome con una cara que daba pie a averiguar sin ninguna dificultad lo que pretendían.

- Vamos wee-wee (wi-wi); hagamos juntos un pastel de arándanos. Será divertido.- Sugirió Lázaro.

- ¡NI HABLAR!- Dije inquieta. De ningún modo me iba a rebajar a cocinar con mis propias manos. “Que de proletario resulta eso, por favor”

Intenté escapar, pero Juanma, que era el que más cerca se hallaba de la puerta, se puso violentamente delante, provocando que la hoja de esta se cerrase con el peso ejercido por su cuerpo.

- Ah, ah, ah…- Canturreó moviendo de lado a lado la cabeza y el dedo índice de la mano derecha, mientras la izquierda se ocupaba de asegurar que yo no tocara el pomo.- ¿A dónde va usted señorita? Le recuerdo que está aquí para relajarse y pasarlo bien, Así que de media vuelta porque va a empezar mezclando los ingredientes en un bol. No se admiten quejas.- espetó de manera extremadamente autoritaria.

- … Que sepáis que esta me la cobraré; sois todos un atajo de prostitutas de un dólar- Sonreí.

Me puse el delantal que Esther me alargó y me encaminé hacia la encimera. Una vez ahí, miré atentamente las extrañas herramientas que llevaba viendo a Estela usar desde que yo era pequeña, pero que nunca había utilizado yo “¿Para qué? Si Estela, es decir, el servicio lo hace por mí. No hay nada mejor que tener ayuda de pago en casa. Bueno, sí. Gratis; pero nadie trabaja por nada, desgraciadamente. Ains… lo que daría por que fuera legal nuevamente el sistema esclavista. Qué tiempos debieron ser aquellos. Aunque… siempre he soñado con ser una dominatrix. Es lo más cercano al esclavismo que tenemos en la sociedad de hoy en día: Te desahogas tratando como basura a alguien que hace todo lo que le pides, a pesar de maltratarlo, y encima te paga una fortuna. Debe ser la gloria.”

Encima he de añadir que no teníamos ni leche, ni huevos y tuvimos que ir a recoger los huevos al gallinero y la leche al establo, directamente ordeñada de las ubres de una vaca. ·”Mmm… las ubres tenían un tacto tan agradablemente globoso que de los nervios, torcí una y me salpicó leche en toda la cara. Lo cual fomentó todo tipo de chistes fáciles sobre sexo, lefa y lo, supuestamente, acostumbrada que estaba yo a que me pasaran estas cosas, pero cambiando a las vacas por los hombres. Sí, me han llamado meretriz indirectamente jajaja”



Al instante me imaginé un spot publicitario de leche, en el que aparecía yo con un bañador monísimo de estampado vacuno holandés, promocionando su sabroso producto lácteo de una manera un tanto pornográfica. Después de todo, el sexo es una de las cosas que mas vende; pues el ser humano está permanentemente cachondo perdido; sobre todo los hombres.



Tal fue la gracia, que ya Esther se atrevió a coger una ubre ella también y, aunque salta a la vista que ella tiene mucha más experiencia con estas tareas pertenecientes al campesinado, apretó conscientemente apuntando a su cara; comenzando así un fuego cruzado de leche entre risas, gemidos, orgasmos fingidos y chorradas. Todo cubierto por las carcajadas y los escandalosos ánimos que nos transmitían Dimas, Lázaro y Juanma. “¿Qué pasa? Cleopatra se bañaba en leche de burra. Es buenísimo para el cutis. Y para hacer el gilipollas un rato, también. Jajaja”

La verdad es que no fue tan desagradable como pensé; yo diría que hasta incluso fue divertido. Eso sí, el horno de leña, ahora que Esther tiene pasta suficiente como para poder permitirse defecar y limpiarse el trasero con los billetes…, debería sustituirlo por uno de bandeja extraíble, temporizador, ventilador integrado y gril. Porque poniendo el pastelito de los cojones dentro de la cavidad del horno me he llevado una quemadura en ambas manos que no veais.

- ¡MIERDA DE HORNO!- grité- Como esto me deje cicatriz y arruine mi hermoso cuerpo de diosa te vas a enterar- Le espeté a Esther.

Pero en lugar de ayudarme todos se empezaron a reír descontroladamente. Me sentí una atracción de un circo cutre y gratuito.

- Eso te pasa por la inexperiencia con respecto a los quehaceres de la casa- pudo, al fin, articular Esther.

- Mira, cállate. Que tu también tienes servicio que te atiende- le aclaré, mientras los demás no cesaban las risitas sin perder detalle de la conversación “La verdad es que eso es un hecho muy desgradable. Es muy divertido cuando tú estas riéndote con los demás, pero siendo tu la atracción principal…”

- Ya- afirmó la chica- Pero, ¿Quieres saber la diferencia entre nosotras? Que yo estoy acostumbrada desde niña a manejarme en la casa y tú no.

- Ja, ja, ja- Reí sarcástica- ¿Quieres saber la diferencia entre nosotras?-Repetí con tono burlesco- Que yo tengo clase y tú no- concluí tajante.

Ciertamente he de admitir que tenía razón. Yo, desde siempre he estado entre algodones y jamás he tenido que hacer nada por mí misma. Eso le da algo de ventaja a Esther, al saber defenderse mejor en ciertos aspectos. Pero claro, no podía hacer notar que alguien me superaba en algo. Después de todo, tengo una reputación que mantener.

Manejar los instrumentos culinarios ha sido toda una experiencia. A parte el tacto de la harina es súper suave y agradable; y el romper un huevo debidamente me a proporcionado una euforia tremenda que no había sentido antes.

Esperamos unos minutos, expectantes ante la ventanilla del horno, viendo como la masa crecía y crecía “me atrevería a decir que esa es mi parte favorita de todo el proceso” Al final quedó en su punto, y tras un momento de locura, llevando el pastel en mis manos gritando que lo había hecho yo misma, lo deposite en la encimera para que todos pudiesen admirarlo. “La gracia habría sido que se me hubiese caído después de todo el rollo que montamos con el pastelito de las narices. Pero es que… no entendía eso de que no hay nada mejor que algo hecho por ti misma, hasta que hicimos esto. Hasta sabía mejor y todo jajaja” Le pusimos una capita de azúcar glas por encima y pasé el dedo por una gota del agua de arándanos que sudó “tsss, es un secreto.” Con una buena taza de té inglés de fresa y nata, con un chorrito de leche y dos terrones de azúcar, me supo a gloria; incluso estando en semejante chabola rural.

Al día siguiente, me entró la vena exploradora y comencé a examinar la casa. Hasta que llegué a un punto del pasillo de la segunda planta en el que, del techo, se dejaba caer un cordoncito con una luna cristalina azulada, que dejaba pasar la luz a través de sí, pendiendo del extremo. Tiré de esta hacia abajo; el techo se abrió y se desplegó una escalerilla. Era la entrada a un desván; en un principio dudé si entrar, pues si la casa estaba inutilizada desde hacía años, ¿quién me aseguraba a mí que no habría ratas, cucarachas y demás animalejos repugnantes campando a sus anchas por ahí? Pero finalmente recordé que la familia pagaba a un empleado para que cuidase la higiene del lugar y la curiosidad que me impulsaba a ascender por los peldaños de las escalerillas volvió a acrecentarse.

Una vez arriba, como era de esperar, había cajas y cajas viejas amontonadas y muebles cubiertos con sabanas blancas. Pero nada de polvo. “Ese hombre es muy eficaz, no sé si ofrecerle un sueldo más alto del que le ofrece la familia de Esther y quedármelo yo”

Me aproximé hacia un armario de doble hoja, realizado en madera cuyo barniz y color habían sido comidos por el paso del tiempo. Fue todo un hallazgo lo que encontré en su interior. Rápidamente me apoderé de él y bajé veloz nuevamente por donde había venido.

Al rato, salí al exterior, donde los demás estaban observando los diferentes animales: Dimas intentaba tocar los patos que estaban en un pequeño estanque de la propiedad, sentado en un embarcadero; Juanma había sacado un caballo de la cuadra y estaba montado gracias a que Esther le proporcionó el equipamiento de equitación necesario para ello; y Lázaro y Esther viendo cómo el señor que cuidaba de la propiedad esquilaba a las ovejas.

Seguí un poco más adelante, hasta encontrarme a la vista de todos y grité:

- ¡HOLA CHICOOOS!

Instantáneamente todos dejaron de hacer lo que hacían y clavaron asombrados sus pares de ojos en mi resplandeciente persona; no pudiendo evitar fijarse en el vestido de cowgirl que llevaba, con las botas de cuero marrón, trajecito ceñido rosáceo y un gran sombrero típicamente vaquero, también rosa.



- ¿De dónde has sacado eso?- Decía Esther entre risas- Era de mi madre. Cuando yo era pequeña nos gustaba a mis padres y a mi hacer recreaciones del viejo oeste americano en casa. Jajajaja- Aclaró.

- Ah, ¿sí? Pues me va como anillo al dedo. Debemos de tener una talla parecida; si no la misma. Hasta deberían sacar merchandising solo mío-Reí altivamente.

- Bueno, ahora ya no. Ha engordado bastante- Siguió riendo. Risa a la que, inconscientemente, acabe uniéndome yo también.

Era tipo minifalda con vuelitos… pero en mi opinión podría haberse arreglado para darle un aspecto algo más provocativo. Algo que hiciera entrar, de forma instantánea, en época de celo a mi Monito (Lázaro) Algo tal que así:



Después de haberme lucido como si el suelo terroso hiciese las veces de la alfombra roja de Hollywood me desprendí de esas vestiduras y me puse algo más cómodo. Pues el conjunto oeste clásico no es lo que mejor me sienta, precisamente. Así que pedí a Esther alguna ropa desgastada y pasada de moda. Y efectivamente; me dio unos vaqueros y un top que parecían haber sido sacados de las profundidades de una cajoneta de la planta de oportunidades de una boutique conocida solo por la jefa, que a su vez es la dependienta del , no se si se le puede llamar negocio. Pero, en fin, estaba más cómoda. Después de todo, era lo que buscaba.

Los demás, por su parte, siguieron haciendo lo que antes. Por lo que me dediqué a internarme entre las bestias domestico-productivas que allí estaban. No sé si fue el olor a animal o qué; pero me dio un cruce de cables y, al ver a una piara de cerdos bien grandes, limpios y fuera de la pocilga, me pregunté cómo se sentiría una cabalgándolos. Sé que es una estupidez, y todavía no alcanzo a comprender el porqué de mi acción; pero el caso es que lo hice: me dirigí dispuesta a montarlo, sin más. Quería aprovechar, antes de que se revolcase en el fango. Porque si así lo hacía, ya, ni loca, me subiría encima, aún llevando una ropa tan démodé.

Como era algo muy tipo Dimas, este no tardó en darse cuenta de mis intenciones, me gritó para que esperase antes de subirme, lo cual alerto a los otros tres, que no quisieron perderse ni un detalle de la situación. Lo que quería Dimas era sencillo: Grabar semejante hazaña con el móvil, para así inmortalizar tan raro momento de mi vida. Yo me negué, pero él lo grabó de todos modos y lo montó. ¿Qué mejor cosa puedo hacer que colgar mi ridícula locura, para deleite de mis queridos vasallos. Una ocasión perfecta para reíros de vuestra aclamada princesa.



“si es que hasta hubo un momento en el que casi me pego un castañazo. ¿No visteis un momento en el video en el que me agarro al palo de una valla? Me sentía escurrir, y para evitar males mayores que el que dicho video volase por internet, me agarré. No quiero ni pensar que hubiera pasado si me llego a caer. Con lo famosilla que soy en mis círculos sociales, la prensa rosa no habría tardado nada en hacer eco de todo esto. Y acabaría apareciendo en las portadas de las revistas más importantes, programas cutres de cadenas basura y en los típicos basados en zapings. Sí, sé que pensáis que ha sido una lastima que no me cayese. Sois todos unas culebras”

Al final sí que tenían razón y he logrado despejarme y divertirme… Tener amigos en ocasiones jode, pero en otras es todo un alivio. Y es que aún no me puedo quitar de la cabeza la imagen de mí misma encarnando a una amazona porcina en toda regla. Además, si os fijais, esa imagen, es muy digna de aparecer en un cuadro de Andy Warhol; para iniciar una recuperación del tan atractivo e instructivo pop art.



De vuelta a casa me sentí liberada. Ocasión que no desperdiciaron estos tres para atravesarme violentamente con la frase que más odio en este mundo: TE LO DIJIMOS. Pero bueno, creo que eso es un indicio de que voy superando el mal momento griego que viví. Además mañana cumplo veintitrés años y pienso desmelenarme aún más. Es mi día y pienso exprimirlo al máximo, a pesar de saber que estoy más cerca de morir. Ains… la vejez es la tortura continua de las chicas espléndidas como yo. Pero en fin, Novio, amigos y fiesta..., ¡allá vamos!

Como moraleja de la experiencia he extraído: “Las chicas de ciudad no somos más que chicas de campo con abrigos de piel.”